jueves, 29 de mayo de 2014

VER LO FALSO COMO FALSO



VER LO FALSO COMO FALSO

Era un hermoso atardecer. El cielo estaba inflamado de rojo detrás de los arrozales, y las altas y esbeltas palmeras se balanceaban con la brisa. El ómnibus, colmado de pasajeros, subía ruidosamente la pequeña colina, cortada en redondo por el río en su camino hacia el mar. El ganado estaba gordo y había una densa vegetación con abundancia de flores. Robustos muchachitos jugaban en una cancha, y las chicas los observaban con admiración. Había un pequeño santuario próximo, en el que alguien encendía una luz frente a la imagen. En una solitaria casa se rezaban las oraciones vespertinas; la habitación estaba débilmente iluminada por una lámpara. Toda la familia se encontraba reunida allí, y todos parecían gozar de sus oraciones. Un perro se había quedado profundamente dormido en medio del camino, y un ciclista tuvo que esquivarlo. Empezaba a oscurecer, y las luciérnagas alumbraban las caras de la gente que pasaba silenciosamente. Una se enredó en el cabello de una mujer, dando un leve resplandor a su cabeza.
¡Cuán bondadosos somos cuando nos expresamos con naturalidad, especialmente lejos de las ciudades, en el campo y en las pequeñas aldeas! La vida es más íntima entre la gente menos educada, donde aún no se ha extendido la fiebre de la ambición. El muchacho os sonríe, la anciana se prodiga, el hombre vacila y se excusa al pasar. Un grupo detiene su charla clamorosa y se pone a observar con repentinos interés, y una mujer espera para dejaros pasar. Sabemos muy poco de nosotros mismos; sabemos, pero no comprendemos; sabemos, pero no tenemos comunión con otros. No nos conocemos a nosotros mismos ¿cómo podemos conocer a los demás? Jamás podemos conocer a los otros, sólo podemos comunicarnos con otros. Podemos conocer lo muerto, pero jamás lo viviente; lo que conocemos es el muerto pasado, no lo viviente. Para darnos cuenta de lo viviente, nos es preciso sepultar lo muerto en nosotros mismos. Conocemos los nombres de los árboles, de los pájaros, de las tiendas, pero ¿qué sabemos de nosotros mismos fuera de algunas palabras y apetitos? Tenemos información, conclusiones sobre tantas cosas; pero no hay felicidad, no hay paz que no sea estancamiento. Nuestras vidas son tristes y vacías, o están llenas de palabras y actividades que nos ciegan. El conocimiento no es sabiduría, y sin sabiduría no hay paz, no hay felicidad.
El era un joven profesor, descontento, impaciente y cargado de responsabilidades. Empezó refiriendo sus inquietudes, el fatigoso destino del hombre. Había recibido una buena instrucción, dijo, —lo que ordinariamente consiste en saber leer y reunir información de los libros. Expresó que había asistido a tantas conferencias como pudo, y siguió diciendo que durante años había procurado dejar el cigarrillo, pero que nunca fue capaz de lograrlo completamente. Quería dejarlo porque era costoso a la vez que estúpido. Había hecho todo lo que pudo para dejar de fumar, pero siempre había vuelto al vicio. Este era uno de sus problemas, entre otros. Era fuerte, nervioso y delgado.
¿Comprendemos algo si lo condenamos? Rechazarlo o aceptarlo, es fácil; pero la misma condenación o aceptación es una evasión del problema. Condenar a un niño es apartarlo para que no os moleste; pero el niño sigue estando allí. Condenar es menospreciar, no prestar atención; en la condenación no puede haber comprensión.
“Me he culpado a mí mismo por mi vicio de fumar, una y otra vez. Es difícil no condenar”.
Sí, es difícil no condenar, porque nuestro condicionamiento está basado en la negación, en la justificación, en la comparación y la resignación. Este es nuestro trasfondo, el condicionamiento con que abordamos cada problema. Este mismo condicionamiento crea el problema, el conflicto. Usted ha tratado de alejar su vicio razonando, ¿no es cierto? Al decir que es estúpido, quiere decir que lo ha pensado completamente y ha llegado a la conclusión de que es estúpido. Y sin embargo el raciocinio no ha logrado hacerle dejar el vicio. Pensamos que podemos estar libres de un problema conociendo su causa pero el conocer es mera información, una conclusión verbal. Este conocimiento impide la comprensión del problema. Conocer la causa de un problema y comprender el problema son dos cosas enteramente diferentes.
“¿Pero de qué otro modo se puede abordar un problema?”
Eso es lo que vamos a averiguar. Cuando descubramos cuál es el enfoque falso, nos daremos cuenta de cuál es el único enfoque. La comprensión de lo falso es el descubrimiento de lo verdadero. Ver lo falso como falso es arduo. Consideramos lo falso a través de la comparación, con la medida del pensamiento; y ¿pueda verse lo falso como falso a través de cualquier proceso de pensamiento? ¿No es el pensamiento mismo condicionado y por consiguiente falso?
“Pero ¿cómo podemos conocer lo falso como falso sin el proceso del pensamiento?”
Esta es toda nuestra dificultad, ¿no es así? Cuando usamos el pensamiento para resolver un problema, por cierto estamos empleando un instrumento que es completamente inadecuado; porque el pensamiento mismo es un producto del pasado, de la experiencia. La experiencia está siempre en el pasado. Para ver lo falso como falso, el pensamiento tiene que darse cuenta de sí mismo como un proceso muerto. El pensamiento nunca puede estar libre, y debe haber liberación para descubrir, liberación del pensamiento.
“No entiendo bien lo que Ud. quiere decir”.
Uno de sus problemas es el fumar. Usted lo ha abordado condenándolo, o ha tratado racionalmente de dejarlo. Este enfoque es falso. ¿Cómo descubre Ud. que es falso? Por cierto, no mediante el pensamiento, sino poniendo pasiva atención al modo cómo aborda el problema. La pasiva atención no requiere pensamiento; por el contrario, si el pensamiento funciona no puede haber pasividad. El pensamiento funciona sólo para condenar o justificar, para comparar o aceptar; si hay una pasiva vigilancia de este proceso, él es entonces percibido como lo que es.
“Sí en efecto; pero ¿qué tiene que ver esto con mi vicio de fumar?
Experimentemos juntos para averiguar si podemos abordar el problema del fumar sin condenación, sin comparación, etc. ¿Podemos considerar el problema con una nueva forma, sin que el pasado arroje su sombra sobre él? Es extremadamente difícil mirarlo sin ninguna reacción, ¿verdad? Parece que fuésemos incapaces de estar pasivamente atentos, siempre hay alguna clase de respuesta del pasado. Es importante ver cuán incapaces somos de observar el problema como si fuera nuevo. Arrastramos con nosotros todos nuestros pasados esfuerzos, conclusiones, intenciones; no podemos mirar el problema sino a través de estas cortinas.
Ningún problema es jamás viejo, pero lo abordamos con las viejas formulaciones, que nos impiden comprenderlo. Esté pasivamente atento a esas respuestas. Solamente dése cuenta de ellas en forma pasiva, perciba cómo ellas no pueden resolver el problema. El problema es real, es efectivo, pero el enfoque es completamente inadecuado. La inadecuada respuesta a lo que es crea el conflicto; y el conflicto es el problema. Si hay una comprensión de todo este proceso, entonces Ud. verá que actúa adecuadamente con respecto al vicio de fumar.