DESEO Y CONFLICTO
Formaban un grupo
agradable; la mayoría de ellos estaban ansiosos, y unos pocos escuchaban para
refutar. Escuchar no es un arte fácil de alcanzar, pero hay en él belleza y
gran comprensión. Escuchamos desde las distintas profundidades de nuestro ser,
pero en nuestro escuchar siempre hay un preconcepto o un punto de vista
particular. No escuchamos simplemente; interviene siempre la pantalla de
nuestros propios pensamientos, conclusiones y prejuicios. Escuchamos con placer
o resistencia, con aceptación o repulsión, pero eso no es escuchar. Para
escuchar es necesario que haya quietud interior, liberación del afán de
adquirir, una atención sin resistencia. Este estado alerta y sin embargo pasivo
es capaz de oír lo que está más allá de la conclusión verbal. Las palabras
confunden, son sólo medios exteriores de comunicación; pero para entrar en
comunicación más allá del ruido de las palabras, debe haber en el escuchar una alerta
pasividad. Quienes aman saben escuchar; pero es muy raro encontrar quien sepa
escuchar. Casi todos perseguimos resultados, la realización de metas, estamos
continuamente superando y conquistando, y así no hay escuchar. Es sólo
escuchando que podemos oír la canción de las palabras.
“¿Es posible estar libre de todo deseo? Sin deseo, ¿hay vida? ¿No
es deseo la vida misma? Tratar de estar libre del deseo es invitar la muerte,
¿no es así?”
¿Qué es el deseo? ¿Cuándo nos damos cuenta de él? ¿Cuándo decimos que
deseamos? El deseo no es una abstracción, existe únicamente en relación a algo.
El deseo surge en el contacto, en la relación. Sin contacto no hay deseo. El
contacto puede ser en cualquier nivel, pero sin él no hay sensación, respuesta,
deseo. Conocemos el proceso del deseo, la forma en que nace: percepción,
contacto, sensación, deseo. Pero ¿cuándo nos damos cuenta del deseo? ¿Cuándo
digo que tengo un deseo? Sólo cuando existe la perturbación del placer o del
dolor. Es cuando nos damos cuenta del conflicto, de la perturbación, que hay
conocimiento del deseo. El deseo es la inadecuada respuesta al desafío. La
percepción de un hermoso automóvil da nacimiento a la perturbación del placer.
Esta perturbación es la conciencia del deseo; el enfoque de la perturbación,
originado por el dolor o por el placer, es autoconciencia. La autoconciencia es
deseo. Somos conscientes cuando existe la perturbación de la inadecuada
respuesta al desafío El conflicto es autoconciencia. ¿Puede haber liberación de
esta perturbación, del conflicto del deseo?
“¿Quiere Ud. decir liberación del conflicto del deseo, o del deseo
mismo?”
¿Son el conflicto y el deseo dos estados diferentes? Si lo son
nuestro interrogante debe llevar a la ilusión. Si no existiera la perturbación
del placer o del dolor, del necesitar, del buscar, del realizar, ya sea
negativa o positivamente, ¿habría deseo? ¿Y queremos nosotros desembarazarnos
de la perturbación? Si podemos comprender esto, entonces estaremos en
condiciones de captar el significado del deseo. El conflicto es autoconciencia,
el enfoque de la atención en la perturbación es el deseo. ¿Es que Ud., quiere
librarse del elemento que causa conflicto en el deseo, y retener el elemento
placentero? Tanto el placer como el conflicto son perturbadores, ¿no es cierto?
¿O cree Ud. que el placer no perturba?
“El placer no perturba”.
¿Es cierto eso? ¿Nunca ha notado el dolor del placer? El ansia de
placer ¿no está siempre en aumento, siempre pidiendo más y más? ¿No es el ansia
de conseguir más tan perturbadora como la impulsión de evitar? Ambas engendran
conflicto. Queremos mantener el deseo placentero, y evitar el penoso; pero si
lo miramos más de cerca, ambos son perturbadores. Pero, ¿quiere Ud. estar libre
de perturbación?
“Si no tuviéramos deseos, moriríamos, si no tuviésemos conflictos,
nos dormiríamos”.
¿Está Ud. hablando por experiencia, o simplemente tiene una idea
acerca de esto? Nos imaginamos lo que sería el no tener conflictos y así
impedimos la vivencia de cualquier estado en que todo conflicto haya cesado.
Nuestro problema es ¿qué es lo que causa conflicto? ¿No podemos ver una cosa
fea o linda sin que surja el conflicto? ¿No podemos observar, escuchar, sin
autoconciencia? ¿No podemos vivir sin perturbación? ¿No podemos estar sin
deseos? Por cierto, nos es necesario comprender la perturbación, y no buscar un
modo de superar o exaltar el deseo. El conflicto debe ser comprendido, no
ennoblecido o suprimido.
¿Qué es lo que causa conflicto? El conflicto aparece cuando la
respuesta no es adecuada al desafío; y este conflicto es el enfoque de la
conciencia como “yo”. El “yo”, la conciencia enfocada en el conflicto, es
experiencia. La experiencia es la respuesta a un estímulo o desafío; sin
designar o nombrar, no hay experiencia. El nombrar proviene de la acumulación,
de la memoria; y este nombrar es el proceso que verbaliza, que hace los
símbolos, las imágenes, las palabras, que fortalece la memoria. La conciencia,
el enfoque del “yo” en el conflicto, es este total proceso de la experiencia,
del nombrar, del registrar.
“En este proceso, ¿qué es lo que da nacimiento al conflicto?
¿Podemos estar libres de conflicto? ¿Y qué hay más allá del conflicto?”
Es el nombrar que da nacimiento al conflicto, ¿no es así? Usted
enfrenta el desafío, en cualquier nivel, con un recuerdo, con una idea, con una
conclusión, con un prejuicio; es decir, da un nombre a la experiencia. Este
nombrar da calidad a la experiencia, la calidad que surge del nombrar. El
nombrar es el registro de la memoria. El pasado se enfrenta con lo nuevo; el
desafío se enfrenta con la memoria, con el pasado. Las respuestas del pasado no
pueden comprender lo viviente, lo nuevo, el desafío; las respuestas del pasado
son inadecuadas, y de esto nace el conflicto, que es autoconciencia. El
conflicto cesa cuando no hay proceso de nombrar. Usted puede observar en sí
mismo cómo el nombrar es casi simultáneo con la respuesta. El intervalo entre
la respuesta y el nombrar es vivencia. La vivencia, en la que no existe ni el
experimentador ni lo experimentado, está más allá del conflicto. El conflicto
es el enfoque del “yo”, y con la cesación del conflicto se da la terminación de
todo pensamiento y el principio de lo inagotable.



