viernes, 30 de mayo de 2014

DESEO Y CONFLICTO



DESEO Y CONFLICTO

Formaban un grupo agradable; la mayoría de ellos estaban ansiosos, y unos pocos escuchaban para refutar. Escuchar no es un arte fácil de alcanzar, pero hay en él belleza y gran comprensión. Escuchamos desde las distintas profundidades de nuestro ser, pero en nuestro escuchar siempre hay un preconcepto o un punto de vista particular. No escuchamos simplemente; interviene siempre la pantalla de nuestros propios pensamientos, conclusiones y prejuicios. Escuchamos con placer o resistencia, con aceptación o repulsión, pero eso no es escuchar. Para escuchar es necesario que haya quietud interior, liberación del afán de adquirir, una atención sin resistencia. Este estado alerta y sin embargo pasivo es capaz de oír lo que está más allá de la conclusión verbal. Las palabras confunden, son sólo medios exteriores de comunicación; pero para entrar en comunicación más allá del ruido de las palabras, debe haber en el escuchar una alerta pasividad. Quienes aman saben escuchar; pero es muy raro encontrar quien sepa escuchar. Casi todos perseguimos resultados, la realización de metas, estamos continuamente superando y conquistando, y así no hay escuchar. Es sólo escuchando que podemos oír la canción de las palabras.
“¿Es posible estar libre de todo deseo? Sin deseo, ¿hay vida? ¿No es deseo la vida misma? Tratar de estar libre del deseo es invitar la muerte, ¿no es así?”
¿Qué es el deseo? ¿Cuándo nos damos cuenta de él? ¿Cuándo decimos que deseamos? El deseo no es una abstracción, existe únicamente en relación a algo. El deseo surge en el contacto, en la relación. Sin contacto no hay deseo. El contacto puede ser en cualquier nivel, pero sin él no hay sensación, respuesta, deseo. Conocemos el proceso del deseo, la forma en que nace: percepción, contacto, sensación, deseo. Pero ¿cuándo nos damos cuenta del deseo? ¿Cuándo digo que tengo un deseo? Sólo cuando existe la perturbación del placer o del dolor. Es cuando nos damos cuenta del conflicto, de la perturbación, que hay conocimiento del deseo. El deseo es la inadecuada respuesta al desafío. La percepción de un hermoso automóvil da nacimiento a la perturbación del placer. Esta perturbación es la conciencia del deseo; el enfoque de la perturbación, originado por el dolor o por el placer, es autoconciencia. La autoconciencia es deseo. Somos conscientes cuando existe la perturbación de la inadecuada respuesta al desafío El conflicto es autoconciencia. ¿Puede haber liberación de esta perturbación, del conflicto del deseo?
“¿Quiere Ud. decir liberación del conflicto del deseo, o del deseo mismo?”
¿Son el conflicto y el deseo dos estados diferentes? Si lo son nuestro interrogante debe llevar a la ilusión. Si no existiera la perturbación del placer o del dolor, del necesitar, del buscar, del realizar, ya sea negativa o positivamente, ¿habría deseo? ¿Y queremos nosotros desembarazarnos de la perturbación? Si podemos comprender esto, entonces estaremos en condiciones de captar el significado del deseo. El conflicto es autoconciencia, el enfoque de la atención en la perturbación es el deseo. ¿Es que Ud., quiere librarse del elemento que causa conflicto en el deseo, y retener el elemento placentero? Tanto el placer como el conflicto son perturbadores, ¿no es cierto? ¿O cree Ud. que el placer no perturba?
“El placer no perturba”.
¿Es cierto eso? ¿Nunca ha notado el dolor del placer? El ansia de placer ¿no está siempre en aumento, siempre pidiendo más y más? ¿No es el ansia de conseguir más tan perturbadora como la impulsión de evitar? Ambas engendran conflicto. Queremos mantener el deseo placentero, y evitar el penoso; pero si lo miramos más de cerca, ambos son perturbadores. Pero, ¿quiere Ud. estar libre de perturbación?
“Si no tuviéramos deseos, moriríamos, si no tuviésemos conflictos, nos dormiríamos”.
¿Está Ud. hablando por experiencia, o simplemente tiene una idea acerca de esto? Nos imaginamos lo que sería el no tener conflictos y así impedimos la vivencia de cualquier estado en que todo conflicto haya cesado. Nuestro problema es ¿qué es lo que causa conflicto? ¿No podemos ver una cosa fea o linda sin que surja el conflicto? ¿No podemos observar, escuchar, sin autoconciencia? ¿No podemos vivir sin perturbación? ¿No podemos estar sin deseos? Por cierto, nos es necesario comprender la perturbación, y no buscar un modo de superar o exaltar el deseo. El conflicto debe ser comprendido, no ennoblecido o suprimido.
¿Qué es lo que causa conflicto? El conflicto aparece cuando la respuesta no es adecuada al desafío; y este conflicto es el enfoque de la conciencia como “yo”. El “yo”, la conciencia enfocada en el conflicto, es experiencia. La experiencia es la respuesta a un estímulo o desafío; sin designar o nombrar, no hay experiencia. El nombrar proviene de la acumulación, de la memoria; y este nombrar es el proceso que verbaliza, que hace los símbolos, las imágenes, las palabras, que fortalece la memoria. La conciencia, el enfoque del “yo” en el conflicto, es este total proceso de la experiencia, del nombrar, del registrar.
“En este proceso, ¿qué es lo que da nacimiento al conflicto? ¿Podemos estar libres de conflicto? ¿Y qué hay más allá del conflicto?”
Es el nombrar que da nacimiento al conflicto, ¿no es así? Usted enfrenta el desafío, en cualquier nivel, con un recuerdo, con una idea, con una conclusión, con un prejuicio; es decir, da un nombre a la experiencia. Este nombrar da calidad a la experiencia, la calidad que surge del nombrar. El nombrar es el registro de la memoria. El pasado se enfrenta con lo nuevo; el desafío se enfrenta con la memoria, con el pasado. Las respuestas del pasado no pueden comprender lo viviente, lo nuevo, el desafío; las respuestas del pasado son inadecuadas, y de esto nace el conflicto, que es autoconciencia. El conflicto cesa cuando no hay proceso de nombrar. Usted puede observar en sí mismo cómo el nombrar es casi simultáneo con la respuesta. El intervalo entre la respuesta y el nombrar es vivencia. La vivencia, en la que no existe ni el experimentador ni lo experimentado, está más allá del conflicto. El conflicto es el enfoque del “yo”, y con la cesación del conflicto se da la terminación de todo pensamiento y el principio de lo inagotable.