EL TRABAJO
Altivo e inclinado al
cinismo, él era uno de los ministros en el Gobierno. Había sido traído, o más
probablemente arrastrado, por un amigo, y parecía más bien sorprendido de
encontrarse allí. El amigo deseaba charlar sobre algo y evidentemente pensó que
el otro podía también acompañarlo y conocer su problema. El ministro era
curioso y tenía un aire de superioridad. Era un hombre corpulento, de mirada
aguda y de palabra fácil. Había llegado a la meta en la vida, y estaba
acomodarlo. Caminar es una cosa, y llegar es otra. El avanzar es un constante
llegar, y el arribo que no tiene un nuevo avance es la muerte. ¡Cuán fácilmente
nos satisfacemos, y qué pronto el descontento halla el contento! Todos deseamos
alguna clase de refugio, un abrigo contra todo conflicto, y generalmente lo
encontramos. El listo, tanto como el lerdo, encuentran su refugio y se
mantienen alertas dentro de él.
“He procurado comprender mi problema durante muchos años, pero no
he podido llegar al fondo del mismo. En mi trabajo siempre he creado
antagonismo; de alguna manera se ha introducido la enemistad entre todas las
personas que he tratado de ayudar. Ayudando a unos, siembro oposición entre
otros. Con una mano doy, y pareciera que con la otra ofendo. Esto ha estado
ocurriendo durante más tiempo de lo que puedo recordar, y ahora ha surgido una
situación en la cual tengo que actuar más bien decididamente. En realidad no
quiero lastimar a nadie, y no sé que hacer.
¿Qué es más importante: no lastimar, no crear enemistad, o hacer
algún trabajo?
“En el curso de mi trabajo ofendo a otros. Soy una de esas personas
que se sumergen por completo en su trabajo; si emprendo algo, necesito ver cómo
se realiza. Siempre fui así. Creo que soy muy eficiente, y odio la
ineficiencia. Después de todo, si emprendemos alguna clase de trabajo social,
debemos realizarlo acabadamente, y aquellos que son ineficientes o descuidados
se sienten naturalmente heridos y se vuelven antagónicos. El trabajo de llevar
ayuda a otros es importante, y ayudando al necesitado yo choco con los que se
ponen en el camino. Pero en realidad no deseo herir a nadie, y he empezado a
comprender que debo hacer algo al respecto”.
¿Qué es lo importante para Ud.: trabajar, o no herir a la gente?
“Cuando uno ve tanta miseria y se sumerge en la obra de la reforma,
en el curso de ese trabajo uno hiere a cierta gente, aunque sin la mínima intención”.
Al salvar un grupo de personas, otras son destruidas. Un país
sobrevive a expensas de otro. Las personas llamadas espirituales en su ardor
por reformar, salvan a unos y destruyen a otros; traen bendiciones y también
maldiciones. Parece que somos siempre bondadosos con unos y brutales con otros.
¿Por qué?
¿Qué es lo importante para Ud.: trabajar o no herir a la gente?
“Después de todo, tenemos que herir a cierta gente, al descuidado,
al ineficiente, al egoísta; parece inevitable. ¿Acaso no hiere Ud. a la gente
en sus charlas? Conozco a un hombre rico que se ha sentido muy ofendido por lo
que Ud. dice sobre la riqueza”.
No deseo herir a nadie. Si hay que herir a la gente en el proceso
de cierto trabajo, entonces para mí ese trabajo debe ser abandonado. Yo no
tengo ningún trabajo, ningún plan para cualquier clase de reforma o revolución.
Para mí lo primero no es el trabajo, sino el no herir a los demás. Si el hombre
rico se siente herido por lo que se ha dicho, él no ha sido herido por mí, sino
por la verdad de lo que es, que le disgusta; él no quiere ser descubierto. No
es mi intención descubrir a otros. Si una persona queda momentáneamente al
descubierto por la verdad de lo que es
y se irrita por lo que ve, hace recaer la culpa en otros; pero eso sólo es
escapar del hecho. Es una locura irritarse por un hecho. Escapar de un hecho
mediante la ira es una de las reacciones más comunes y más irreflexivas.
Pero Ud. no ha contestado a mi pregunta. ¿Qué es lo importante para
Ud.: trabajar, o no herir a la gente?
“El trabajo debe cumplirse, ¿no lo cree Ud.?” observó el ministro.
¿Por qué debe cumplirse? Si para beneficiar a unos Ud. hiere o
destruye a otros, ¿qué valor tiene eso? Usted puede salvar a su particular
país, pero explota o daña a otro. ¿Por qué le interesa tanto su país, su
partido, su ideología? ¿Por qué está Ud. tan identificado con su obra? ¿Por qué
le preocupa tanto el trabajo?
“Tenemos que trabajar, ser activos, de lo contrario lo mismo daría
que estuviésemos muertos. Cuando se incendia la casa, no podemos por el momento
preocuparnos con cuestiones fundamentales”.
Para las personas meramente activas, no existen las cuestiones
fundamentales; les interesa únicamente la actividad, que trae superficiales
beneficios y profundos daños. Pero si me permite preguntar a nuestro amigo:
¿por qué cierta clase de trabajo es tan importante para Ud.? ¿Por qué está tan
apegado a él?
“Oh, no lo sé, pero me proporciona mucha felicidad”.
Por lo tanto Ud. no está realmente interesado en el trabajo mismo,
sino en lo que obtiene de él. Quizá no le produzca dinero, pero deriva
felicidad de él. Así como otro gana poder, posición y prestigio salvando a su
partido o a su país, así Ud. obtiene placer de su trabajo; del mismo modo que
otro halla gran satisfacción, que él llama bendición, sirviendo a su salvador,
a su gurú, a su Maestro, así Ud. se
siente satisfecho por lo que llama obra altruista. De hecho no es el país, el
trabajo o cl salvador lo que es importante para Ud., sino lo que obtiene de
ello. Su propia felicidad es todo lo que le importa, y su particular trabajo le
proporciona lo que desea. Usted no se interesa realmente por la gente que cree
estar ayudando, ellos sólo son un instrumento para su felicidad. Y obviamente
los ineficientes, los que se interponen en su camino, resultan heridos, pues lo
importante es la obra, siendo la obra su felicidad. Este es el hecho brutal,
pero astutamente lo encubrimos con palabras altisonantes como servicio, patria,
paz. Dios, etc.
Así pues, si me permite señalarlo, Ud. realmente no se cuida de
herir a la gente que obstaculiza la eficiencia del trabajo que le da felicidad.
Encuentra felicidad en cierto trabajo, y ese trabajo, sea el que fuere, es
usted. Le interesa obtener felicidad, y el trabajo le ofrece los medios; por
consiguiente el trabajo se torna sumamente importante, y entonces por supuesto
Ud. es muy eficiente, cruel, dominante a causa de lo que le da felicidad. Por
eso Ud. no repara en herir a la gente, engendrando enemistad.
“Nunca lo he visto antes bajo esta faz, y es perfectamente cierto.
Pero ¿qué tengo que hacer entonces?”
¿No es importante descubrir también por qué ha necesitado tantos
años para ver un hecho tan simple como éste?
“Supongo, como Ud. dice, que realmente no me cuido de herir o no a
la gente con tal de hacer mi camino. Generalmente consigo mi propósito, porque
siempre he sido muy eficiente y directo —cosa que Ud. llamaría crueldad, con
perfecta razón. Pero ¿qué es lo que debo hacer ahora?”
Usted ha necesitado todos estos años para ver este simple hecho porque
hasta ahora no ha querido verlo; pues al verlo Ud. ataca el fundamento mismo de
su ser. Usted ha buscado y encontrado felicidad, pero ello siempre le ha traído
conflicto y antagonismo; y ahora, quizá por primera vez, Ud. está frente a
hechos relativos a Ud. mismo. ¿Qué tendrá que hacer? ¿No hay una diferente
manera de encarar el trabajo? ¿No es posible ser feliz y trabajar, más bien que
buscar la felicidad en el trabajo? Cuando utilizamos el trabajo o la gente como
instrumentos para el logro de un objetivo, entonces obviamente no existe la
convivencia, no tenemos comunión con el trabajo ni con la gente; y entonces
somos incapaces de amar. El amor no es un medio para un fin; es su propia
eternidad. Cuando yo lo utilizo a Ud. y Ud. me utiliza a mi, cosa que
generalmente se llama convivencia, somos recíprocamente importantes sólo como
medio para el logro de alguna otra cosa; por lo tanto no somos importantes en
absoluto los unos para los otros. De esta mutua utilización, deben surgir
inevitablemente el conflicto y el antagonismo. Así pues ¿qué va Ud. a hacer?
Procuremos ambos descubrirlo más bien que buscar una respuesta de algún otro.
Si Ud. puede indagarlo, lo que encuentre será su vivencia; eso será entonces
real y no una mera confirmación o conclusión, una simple respuesta verbal
“¿Cuál es entonces mi problema?”
¿No podríamos plantearlo de este modo? Espontáneamente ¿cuál es su
primera reacción ante la pregunta: Es el trabajo lo primero? Si no lo es,
entonces ¿qué es lo primero?
“Comienzo a ver lo que está tratando de mostrar. Mi primera
respuesta es un choque; realmente me aterra ver lo que he estado haciendo en mi
trabajo durante tantos años. Es ésta la primera vez que enfrento el hecho de lo
que es, como Ud. lo dice, y le
aseguro que no es muy agradable. Si puedo trascenderlo, quizá vea qué es lo
importante, y entonces el trabajo naturalmente seguirá. Pero si es el trabajo u
otra cosa lo que está primero, no es claro todavía para mi”.
¿Por qué no es claro? ¿Es la claridad cuestión de tiempo, o de
buena voluntad para ver? ¿Desaparecerá por sí mismo en el curso del tiempo cl
deseo de no ver? ¿No se debe su falta de claridad al simple hecho de que Ud. no
quiere ser claro porque ello trastornaría todas las normas de su vida diaria?
Si Ud. se da cuenta de que deliberadamente está posponiendo, ¿no habría
inmediata claridad? Es esta fuga lo que trae confusión.

