CONDICIONAMIENTO
Estaba él muy
interesado en ayudar a la humanidad, en hacer buenas obras, y actuaba en varias
organizaciones de beneficencia social. Decía que literalmente nunca se había
tomado unas largas vacaciones y que desde su graduación del colegio había
trabajado constantemente para el mejoramiento del hombre. Claro que no recibía
dinero alguno por el trabajo que estaba haciendo. Su labor siempre había sido
muy importante para él y estaba muy apegado a lo que hacía. Había llegado a ser
un trabajador social de primera clase y esto le gustaba mucho. Pero había oído
en una de las conferencias algo sobre las diversas clases de evasión que
condicionan la mente, y quería hablar sobre ello.
“¿Cree Ud. que sea condicionamiento el ser un trabajador social?
¿No sirve ello más que para provocar mayor conflicto?”
Averigüemos qué es lo que queremos decir con la palabra
condicionamiento. ¿Cuándo somos conscientes de ser o estar condicionados? ¿Nos
damos cuenta alguna vez de ello? ¿Sois consciente de estar condicionado o sólo
lo sois del conflicto, de la lucha, en diversos niveles de vuestro ser?
Seguramente que nos damos cuenta, no de nuestro condicionamiento, sino sólo del
conflicto, del dolor y del placer.
“¿Qué quiere Ud. decir con la palabra conflicto?”
Todas las clases de conflicto: el conflicto entre naciones, entre diversos
grupos sociales, entre individuos, y el conflicto dentro de uno mismo. ¿No es
inevitable el conflicto en tanto no haya integración entre el actor y su
acción, entre el reto y la respuesta? El conflicto es nuestro problema, ¿no es
verdad? No algún conflicto determinado, sino todo conflicto: la pugna entre
ideas, creencias ideologías, entre los opuestos. Si no hubiera conflicto, no
habría problemas.
“¿Es que sugiere Ud. que todos debamos buscar una vida de
aislamiento, de contemplación?”
La contemplación es ardua, es una de las cosas más difíciles de
comprender. El aislamiento, aunque cada uno lo esté buscando a su manera,
consciente o inconscientemente, no resuelve nuestros problemas; por el
contrario, los aumenta. Estamos tratando de comprender cuáles son los factores
del condicionamiento, que traen nuevo conflicto. Sólo nos damos cuenta del
conflicto, del dolor y del placer, y no percibimos nuestro condicionamiento.
¿Qué es lo que favorece el condicionamiento?
“Las influencias sociales o del medio ambiente; la sociedad en que
hemos nacido, la cultura en que nos hemos criado, las presiones económicas y
políticas, y así sucesivamente”.
Así es; pero ¿es eso todo? Esas influencias son nuestro propio
producto, ¿no es cierto? La sociedad es el resultado de la relación del hombre
con el hombre, lo cual es bastante evidente. Esta relación es de uso, de
necesidad, de consuelo, de satisfacción, y crea influencias, valores, que nos
atan. Esta atadura es nuestro condicionamiento. Por nuestros propios pensamientos
y acciones estamos atados; pero no sabemos que estamos atados, sólo nos damos
cuenta del conflicto de placer y dolor. Parece que nunca pasamos más allá de
esto; y si lo hacemos, es sólo para entrar en nuevo conflicto. No nos damos
cuenta de nuestro condicionamiento, y mientras no nos demos cuenta, no podremos
producir más que nuevo conflicto y confusión.
“¿Cómo va uno a darse cuenta de su propio condicionamiento?”
Solamente es posible comprendiendo otro proceso, el del apego. Si
podemos comprender por qué estamos apegados, entonces acaso podamos darnos
cuenta de nuestro condicionamiento.
“¿No es ese un rodeo bastante grande para llegar a una cuestión
directa?”
¿Lo es? Tratad simplemente de daros cuenta de vuestro
condicionamiento. Sólo lo podréis conocer indirectamente, en relación con
alguna otra cosa. No podéis percibir vuestro condicionamiento como una
abstracción, porque entonces será meramente verbal, sin mucho sentirlo. Sólo
percibimos el conflicto. El conflicto existe cuando no hay integración entre el
reto y la respuesta. Este conflicto es resultado de nuestro condicionamiento:
El condicionamiento es apego: apego al trabajo, a la tradición, a la propiedad,
a las personas, a las ideas, y así sucesivamente. Si no hubiera apego, ¿habría
condicionamiento? Desde luego que no. Así pues, ¿por qué estáis apegados? Yo
estoy apegado a mi país, porque mediante la identificación con él llego a ser
alguien. Me identifico con mi trabajo y el trabajo se vuelve importante. Yo soy
mi familia, mi propiedad; estoy apegado a ellas. El objeto a que me apego me
ofrece el medio de escape de mi propia vacuidad. El apego es evasión, y es la
evasión lo que fortalece el condicionamiento. Si estoy apegado a vos, es porque
vos os habéis convertido en el medio de escape de mí mismo; por eso sois muy
importante para mí y yo tengo que poseeros, adherirme a vos. Llegáis a ser el
factor que condiciona, y el escape es el condicionamiento. Si podemos darnos
cuenta de nuestras evasiones, entonces podremos percibir los factores, las
influencias que contribuyen al condicionamiento.
“¿Es que estoy yo escapando de mí mismo por medio de la labor
social?”
¿Estáis atado, ligado a ella? ¿Os sentiríais perdido, vacío,
fastidiado, si no realizaseis esta labor social?
“Estoy seguro de ello”.
El apego a vuestro trabajo es vuestra evasión. Hay evasiones en
todos los niveles de nuestro ser. Vos huís por medio del trabajo; otro, por la
bebida; otro, por las ceremonias religiosas; otro, por el conocimiento; uno
más, por medio de Dios; y otro se entrega a las diversiones. Todas las huidas
son lo mismo. No hay escapes superiores o inferiores. Dios y la bebida están al
mismo nivel mientras sean evasiones de lo que nosotros somos. Cuando seamos
conocedores de nuestros escapes, solamente entonces es cuando podremos conocer
nuestro condicionamiento.
“¿Qué debo hacer si dejo de escapar por medio de la labor social?
¿Hay algo que yo pueda hacer sin huir? ¿No es toda mi acción una forma de
escapar de lo que yo soy?”
¿Es esta pregunta meramente verbal o refleja una cosa efectiva, un
hecho que estáis experimentando? Si no escapaseis, ¿qué ocurriría? ¿Lo habéis
intentado alguna vez?
“¡Lo que está Ud. diciendo es tan negativo, si se me permite
decirlo! Usted no ofrece nada que sustituya al trabajo”.
¿No es toda sustitución otra forma de escapar? Cuando una forma
determinada de actividad no es satisfactoria o trae conflicto de nuevo, nos
volvemos hacia otra. Sustituir una actividad por otra sin comprender la evasión
es bien fútil, ¿no? Son estos escapes y nuestro apego a ellos lo que contribuye
al condicionamiento.
Este trae problemas, conflicto. El condicionamiento es lo que
impide nuestra comprensión del reto; estando condicionados, nuestra respuesta
tiene que crear conflicto inevitablemente.
“¿Cómo puede uno estar libre de condicionamiento?”
Sólo comprendiendo, dándonos cuenta de nuestros escapes. Nuestro
apego a una persona, al trabajo, a una ideología, es el factor que condiciona;
esto es lo que tenemos que comprender, y no buscar una huida mejor o más
inteligente. Todas las evasiones son carentes de inteligencia, pues
inevitablemente producen conflicto. Cultivar el desapego es otra forma de
escape, de aislamiento; es apegarse a una abstracción, a un ideal llamado
desapego. El ideal es ficticio, fabricado por el ego, y convertirse en el ideal
es una evasión de lo que es. Sólo
habrá comprensión de lo que es, una
acción adecuada con respecto a lo que es,
cuando la mente ya no esté buscando ninguna evasión. El pensar mismo en lo que es, es un escape de lo que es. Pensar sobre el problema es eludir
el problema; porque pensar es el problema, y el único problema. La mente, no
queriendo ser lo que ella es, temerosa de lo que es, busca estas diversas
huidas; y el medio de escapar es el pensamiento. Mientras exista un pensar,
habrá evasiones, apegos, que no hacen más que reforzar el condicionamiento.

