jueves, 29 de mayo de 2014

EL TIEMPO



EL TIEMPO

Era él un hombre de edad, pero bien conservado, con una larga cabellera gris y barba blanca. Había sido profesor universitario de filosofía en varias partes del mundo. Era muy instruido y tranquilo. Dijo que no meditaba; tampoco era religioso en el sentido corriente del término. Sólo le interesaba el conocimiento; y si bien daba cursos sobre filosofía y religión, no tenía experiencia propia, ni la buscaba. Había venido para discutir la cuestión del tiempo.
¡Qué difícil es ser libre para el hombre de posesiones! Es una dura empresa para al hambre rico dejar de lado sus riquezas. Sólo cuando tiene otros y mayores incentivos olvida la confortante certeza de que es un hambre rico; necesita hallar la realización de su ambición en otro nivel antes de abandonar algo que posee actualmente. Para el hombre rico, el dinero es poder, y él es el que lo maneja; puede ceder grandes sumas, pero él es quien da.
El conocimiento es otra forma de posesión, y el hombre que posee conocimientos se satisface con ellos; para él constituyen un fin en sí. Tiene la impresión —al menos así es en el presente caso— de que el conocimiento resolvería hasta cierto punto nuestros problemas si nos fuera posible difundirlo, poco o mucho, por todo el mundo. Es mucho más difícil para el hombre de conocimientos estar libre de sus posesiones, que para el hombre de riquezas. Es extraordinaria la facilidad con que el conocimiento reemplaza la comprensión y la sabiduría. Cuando tenemos información sobre las cosas, pensamos que comprendemos creemos que el hecho de saber o tener información sobre la causa de un problema hará que éste deje de existir. Investigamos la causa de nuestros problemas, y esta misma investigación es la postergación de la comprensión. La mayoría de nosotros conoce la causa; la causa del odio no está oculta muy profundamente, pero buscando la causa podemos todavía experimentar sus efectos. Estamos preocupados con la reconciliación de los efectos, y no con la comprensión del proceso total. La mayoría de nosotros estamos apegados a nuestros problemas; sin ellos estaríamos perdidos; los problemas nos proporcionan algo que hacer, y las actividades derivadas de los problemas llenan nuestras vidas. Nosotros somos los problemas y sus actividades.
El tiempo es un fenómeno muy extraño. Espacio y tiempo son uno; el uno no existe sin el otro. Para nosotros el tiempo es extraordinariamente importante, y cada uno le da su propia y particular significación. Para el salvaje el tiempo casi no tiene sentido, pero para el hombre civilizado es de inmensa significación. El salvaje olvida de día en día; pero si el hombre civilizado hiciera lo mismo, se le pondría en un manicomio o perdería su empleo. Para un cientista, el tiempo es una cosa, para un abogado, es otra. Para un historiador, el tiempo es el estudio del pasado; para un hombre de bolsa, son los bonos; para una madre, es el recuerdo de su hijo; para un hombre exhausto, es el descanso a la sombra. Cada cual lo traduce de acuerdo con sus particulares necesidades y satisfacciones, conformándolo para adaptarlo a su propia mente artificiosa. Sin embargo no podemos prescindir del tiempo. Si hemos de vivir, el tiempo cronológico es tan esencial como las estaciones. Pero ¿existe el tiempo psicológico, o él es meramente una engañosa conveniencia de la mente? Por cierto, sólo hay tiempo cronológico, y cualquier otro es engaño. Hay tiempo para crecer y tiempo para morir, tiempo para sembrar y tiempo para cosechar; pero ¿no es el tiempo psicológico, el proceso de devenir, completamente falso?
“¿Qué es el tiempo para Ud.? ¿Piensa Ud. en términos de tiempo? ¿Es Ud. consciente del tiempo?”
¿Acaso podemos pensar en términos de tiempo salvo en el sentido cronológico? Podemos utilizar el tiempo como un medio, pero en sí mismo tiene poco significado, ¿no es así? El tiempo como abstracción es una mera especulación, y toda especulación es vana. Empleamos el tiempo como medio de realización, tangible o psicológica. Se requiere tiempo para ir a la estación, pero la mayoría de nosotros utiliza el tiempo como medio para un fin psicológico, y los fines son muchos. Nos damos cuenta del tiempo cuando algo obstaculiza nuestra realización, o cuando hay una interrupción en la carrera de la prosperidad. El tiempo es el espacio entre lo que es y lo que puede, podría o podrá ser. El principio marchando hacia el fin es tiempo.
“¿No hay otro tiempo? ¿Qué puede decir acerca de las complicaciones científicas del tiempo—espacio?”
Hay tiempo cronológico y hay tiempo psicológico. El cronológico es necesario, y está ahí; pero el otro es un asunto enteramente diferente. Se dice que la causa—efecto es un proceso de tiempo, no sólo física sino también psicológicamente. Se considera que el intervalo entre la causa y el efecto es tiempo: pero ¿hay un intervalo? La causa y el efecto de una enfermedad podrán estar separados por el tiempo, el cual, repito, es cronológico: pero ¿hay un intervalo entre la causa y el efecto psicológico? ¿No es la causa—efecto un proceso único? No hay intervalo entre la causa y el efecto. El hoy es el efecto del ayer y la causa del mañana; es un solo movimiento, un continuo fluir. No hay ninguna separación, ninguna línea distintiva entre causa y efecto; pero interiormente los separamos a fin de devenir, de realizar. Soy esto, y debo llegar a ser aquello. Para llegar a ser aquello, necesito tiempo—tiempo cronológico empleado con fines psicológicos. Soy ignorante, pero llegaré a ser sabio. La ignorancia que trata de llegar a ser, sabia sólo es progresiva ignorancia; pues la ignorancia jamás puede llegar a ser sabia, de igual manera que la codicia nunca puede convertirse en no—codicia. El proceso mismo de devenir es ignorancia.
¿No es el pensamiento producto del tiempo? El conocimiento es la continuación del tiempo. Tiempo es continuación.. La experiencia es conocimiento, y el tiempo es la continuación de la experiencia como memoria. El tiempo como continuación es una abstracción, y la especulación es ignorancia. La experiencia es memoria, la mente. La mente es la máquina del tiempo. La mente es el pasado. El pensamiento es siempre el pasado; el pasado es la continuación del conocimiento. El conocimiento es siempre del pasado; el conocimiento jamás está fuera del tiempo, sino que siempre está en el tiempo y es del tiempo. Esta continuación de la memoria, del conocimiento, es la conciencia. La experiencia está siempre en el pasado; es el pasado. Este pasado en conjunción con el presente se mueve hacia el futuro; el futuro es el pasado, tal vez modificado, pero siempre el pasado. Todo este proceso es el pensamiento, la mente. El pensamiento no puede funcionar en ningún otro terreno que no sea el tiempo. El pensamiento puede especular acerca de lo atemporal, pero eso sólo será su propia proyección. Toda especulación es ignorancia.
“Entonces ¿por qué menciona Ud. lo atemporal? ¿Puede llegarse a conocer lo atemporal? ¿Podrá ser reconocido como atemporal?”
El reconocimiento implica al experimentador, y el experimentador es siempre del tiempo. Para reconocer algo, el pensamiento debe haberlo experimentado; y si lo ha experimentado, entonces es lo conocido. Lo conocido no es lo atemporal, por cierto. Lo conocido está siempre dentro de la red del tiempo. El pensamiento no puede conocer lo atemporal; no es una futura adquisición, una futura realización; no se puede marchar hacia lo atemporal. Es un estado de ser en que el pensamiento, el tiempo, no existe.
“¿Qué valor tiene entonces?”
Ninguno absolutamente. No es negociable. No se puede sopesar con un fin. Su valor es desconocido.
“¿Pero qué papel juega en la vida?”
Si la vida es pensamiento, entonces ninguno es absoluto. Deseamos obtenerlo como fuente de paz y felicidad, como una defensa contra toda perturbación, o como un medio para unir a la gente. No puede ser utilizado para ningún propósito. El propósito implica los medios para un fin, y así volvemos de nuevo al proceso del pensamiento. La mente no puede formular lo atemporal, no puede adaptarlo para su propio fin; no puede ser utilizado. La vida sólo tiene significado cuando existe lo atemporal; de lo contrario la vida es pesar, conflicto y dolor. El pensamiento no puede resolver ningún problema humano, pues el mismo pensamiento es el problema. La terminación del conocimiento es el comienzo de la sabiduría. La sabiduría no es del tiempo, no es la continuación de la experiencia, del conocimiento. La vida en el tiempo es confusión y miseria; pero cuando aquello que es, es lo atemporal, hay bienaventuranza.