EL TIEMPO
Era él un hombre de
edad, pero bien conservado, con una larga cabellera gris y barba blanca. Había
sido profesor universitario de filosofía en varias partes del mundo. Era muy
instruido y tranquilo. Dijo que no meditaba; tampoco era religioso en el
sentido corriente del término. Sólo le interesaba el conocimiento; y si bien
daba cursos sobre filosofía y religión, no tenía experiencia propia, ni la
buscaba. Había venido para discutir la cuestión del tiempo.
¡Qué difícil es ser libre para el hombre de posesiones! Es una dura
empresa para al hambre rico dejar de lado sus riquezas. Sólo cuando tiene otros
y mayores incentivos olvida la confortante certeza de que es un hambre rico;
necesita hallar la realización de su ambición en otro nivel antes de abandonar
algo que posee actualmente. Para el hombre rico, el dinero es poder, y él es el
que lo maneja; puede ceder grandes sumas, pero él es quien da.
El conocimiento es otra forma de posesión, y el hombre que posee
conocimientos se satisface con ellos; para él constituyen un fin en sí. Tiene
la impresión —al menos así es en el presente caso— de que el conocimiento
resolvería hasta cierto punto nuestros problemas si nos fuera posible
difundirlo, poco o mucho, por todo el mundo. Es mucho más difícil para el
hombre de conocimientos estar libre de sus posesiones, que para el hombre de
riquezas. Es extraordinaria la facilidad con que el conocimiento reemplaza la
comprensión y la sabiduría. Cuando tenemos información sobre las cosas,
pensamos que comprendemos creemos que el hecho de saber o tener información
sobre la causa de un problema hará que éste deje de existir. Investigamos la
causa de nuestros problemas, y esta misma investigación es la postergación de
la comprensión. La mayoría de nosotros conoce la causa; la causa del odio no
está oculta muy profundamente, pero buscando la causa podemos todavía experimentar
sus efectos. Estamos preocupados con la reconciliación de los efectos, y no con
la comprensión del proceso total. La mayoría de nosotros estamos apegados a
nuestros problemas; sin ellos estaríamos perdidos; los problemas nos
proporcionan algo que hacer, y las actividades derivadas de los problemas
llenan nuestras vidas. Nosotros somos los problemas y sus actividades.
El tiempo es un fenómeno muy extraño. Espacio y tiempo son uno; el
uno no existe sin el otro. Para nosotros el tiempo es extraordinariamente
importante, y cada uno le da su propia y particular significación. Para el
salvaje el tiempo casi no tiene sentido, pero para el hombre civilizado es de
inmensa significación. El salvaje olvida de día en día; pero si el hombre
civilizado hiciera lo mismo, se le pondría en un manicomio o perdería su
empleo. Para un cientista, el tiempo es una cosa, para un abogado, es otra.
Para un historiador, el tiempo es el estudio del pasado; para un hombre de
bolsa, son los bonos; para una madre, es el recuerdo de su hijo; para un hombre
exhausto, es el descanso a la sombra. Cada cual lo traduce de acuerdo con sus
particulares necesidades y satisfacciones, conformándolo para adaptarlo a su
propia mente artificiosa. Sin embargo no podemos prescindir del tiempo. Si hemos
de vivir, el tiempo cronológico es tan esencial como las estaciones. Pero
¿existe el tiempo psicológico, o él es meramente una engañosa conveniencia de
la mente? Por cierto, sólo hay tiempo cronológico, y cualquier otro es engaño.
Hay tiempo para crecer y tiempo para morir, tiempo para sembrar y tiempo para
cosechar; pero ¿no es el tiempo psicológico, el proceso de devenir,
completamente falso?
“¿Qué es el tiempo para Ud.? ¿Piensa Ud. en términos de tiempo? ¿Es
Ud. consciente del tiempo?”
¿Acaso podemos pensar en términos de tiempo salvo en el sentido
cronológico? Podemos utilizar el tiempo como un medio, pero en sí mismo tiene
poco significado, ¿no es así? El tiempo como abstracción es una mera
especulación, y toda especulación es vana. Empleamos el tiempo como medio de
realización, tangible o psicológica. Se requiere tiempo para ir a la estación,
pero la mayoría de nosotros utiliza el tiempo como medio para un fin
psicológico, y los fines son muchos. Nos damos cuenta del tiempo cuando algo
obstaculiza nuestra realización, o cuando hay una interrupción en la carrera de
la prosperidad. El tiempo es el espacio entre lo que es y lo que puede, podría o podrá ser. El principio marchando hacia
el fin es tiempo.
“¿No hay otro tiempo? ¿Qué puede decir acerca de las complicaciones
científicas del tiempo—espacio?”
Hay tiempo cronológico y hay tiempo psicológico. El cronológico es
necesario, y está ahí; pero el otro es un asunto enteramente diferente. Se dice
que la causa—efecto es un proceso de tiempo, no sólo física sino también
psicológicamente. Se considera que el intervalo entre la causa y el efecto es
tiempo: pero ¿hay un intervalo? La causa y el efecto de una enfermedad podrán
estar separados por el tiempo, el cual, repito, es cronológico: pero ¿hay un
intervalo entre la causa y el efecto psicológico? ¿No es la causa—efecto un
proceso único? No hay intervalo entre la causa y el efecto. El hoy es el efecto
del ayer y la causa del mañana; es un solo movimiento, un continuo fluir. No
hay ninguna separación, ninguna línea distintiva entre causa y efecto; pero
interiormente los separamos a fin de devenir, de realizar. Soy esto, y debo
llegar a ser aquello. Para llegar a ser aquello, necesito tiempo—tiempo
cronológico empleado con fines psicológicos. Soy ignorante, pero llegaré a ser
sabio. La ignorancia que trata de llegar a ser, sabia sólo es progresiva
ignorancia; pues la ignorancia jamás puede llegar a ser sabia, de igual manera
que la codicia nunca puede convertirse en no—codicia. El proceso mismo de
devenir es ignorancia.
¿No es el pensamiento producto del tiempo? El conocimiento es la
continuación del tiempo. Tiempo es continuación.. La experiencia es
conocimiento, y el tiempo es la continuación de la experiencia como memoria. El
tiempo como continuación es una abstracción, y la especulación es ignorancia.
La experiencia es memoria, la mente. La mente es la máquina del tiempo. La
mente es el pasado. El pensamiento es siempre el pasado; el pasado es la
continuación del conocimiento. El conocimiento es siempre del pasado; el
conocimiento jamás está fuera del tiempo, sino que siempre está en el tiempo y
es del tiempo. Esta continuación de la memoria, del conocimiento, es la
conciencia. La experiencia está siempre en el pasado; es el pasado. Este pasado
en conjunción con el presente se mueve hacia el futuro; el futuro es el pasado,
tal vez modificado, pero siempre el pasado. Todo este proceso es el
pensamiento, la mente. El pensamiento no puede funcionar en ningún otro terreno
que no sea el tiempo. El pensamiento puede especular acerca de lo atemporal,
pero eso sólo será su propia proyección. Toda especulación es ignorancia.
“Entonces ¿por qué menciona Ud. lo atemporal? ¿Puede llegarse a
conocer lo atemporal? ¿Podrá ser reconocido como atemporal?”
El reconocimiento implica al experimentador, y el experimentador es
siempre del tiempo. Para reconocer algo, el pensamiento debe haberlo
experimentado; y si lo ha experimentado, entonces es lo conocido. Lo conocido
no es lo atemporal, por cierto. Lo conocido está siempre dentro de la red del
tiempo. El pensamiento no puede conocer lo atemporal; no es una futura
adquisición, una futura realización; no se puede marchar hacia lo atemporal. Es
un estado de ser en que el pensamiento, el tiempo, no existe.
“¿Qué valor tiene entonces?”
Ninguno absolutamente. No es negociable. No se puede sopesar con un
fin. Su valor es desconocido.
“¿Pero qué papel juega en la vida?”
Si la vida es pensamiento, entonces ninguno es absoluto. Deseamos
obtenerlo como fuente de paz y felicidad, como una defensa contra toda
perturbación, o como un medio para unir a la gente. No puede ser utilizado para
ningún propósito. El propósito implica los medios para un fin, y así volvemos
de nuevo al proceso del pensamiento. La mente no puede formular lo atemporal,
no puede adaptarlo para su propio fin; no puede ser utilizado. La vida sólo
tiene significado cuando existe lo atemporal; de lo contrario la vida es pesar,
conflicto y dolor. El pensamiento no puede resolver ningún problema humano,
pues el mismo pensamiento es el problema. La terminación del conocimiento es el
comienzo de la sabiduría. La sabiduría no es del tiempo, no es la continuación
de la experiencia, del conocimiento. La vida en el tiempo es confusión y
miseria; pero cuando aquello que es,
es lo atemporal, hay bienaventuranza.



