sábado, 31 de mayo de 2014

LA OBSESIÓN



LA OBSESIÓN

Dijo que estaba obsesionado por estúpidas y pequeñas cosas, y que estas obsesiones cambiaban constantemente. Se atormentaba por algún defecto físico imaginario, y a las pocas horas su preocupación recaía sobre otro incidente o pensamiento. Parecía vivir sólo para pasar de una obsesión a otra. Para superar estas obsesiones continuó diciendo, había consultado libros, o bien discutía su problema con un amigo, e incluso había ido a ver a un psicólogo; pero de ningún modo había encontrado alivio. Aun después de alguna conferencia seria y absorbente, esas obsesiones volvían inmediatamente. Si encontrara la causa, ¿podría eso suprimirlas?
¿El descubrimiento de una causa puede liberarnos del efecto? ¿El conocimiento de la causa destruirá el resultado? Conocemos las causas, tanto económicas como psicológicas, de la guerra, y sin embargo, seguimos fomentando la barbarie y la autodestrucción. Después de todo, el motivo de nuestra búsqueda de la causa es el deseo de liberarnos del efecto. Este deseo es otra forma de resistencia o condenación; y cuando hay condenación, no hay comprensión.
“¿Entonces qué es lo que uno tiene que hacer?” preguntó.
¿Por qué la mente es dominada por estas obsesiones triviales y estúpidas? Averiguar el “por qué” es buscar la causa como algo separado de vosotros mismos, y que debéis encontrar; es simplemente descubrir las modalidades de vuestro propio pensar. Por lo tanto, ¿por qué la mente está ocupada de este modo? ¿No es acaso porque es superficial, trivial, insignificante, y está por consiguiente interesada en sus propias atracciones?
“Sí”, contestó, “eso me parece cierto; pero no del todo, porque soy una persona seria”.
Aparte de estas obsesiones, ¿con qué ocupa su pensamiento?
“Con mi profesión”, contestó. “Tengo una posición de responsabilidad. Todo el día y a veces bien entrada la noche, mi pensamiento está vuelto hacia mis negocios. Ocasionalmente leo, pero dedico la mayor parte del tiempo a mi profesión”.
¿Le gusta lo que está haciendo?
“Sí, pero no lo encuentro completamente satisfactorio. Siempre me sentí insatisfecho con lo que estoy haciendo, pero no puedo desechar mi posición actual, porque tengo ciertas obligaciones —y además, estoy entrando en años. Lo que me atormenta son estas obsesiones, y el creciente resentimiento que siento hacia mi trabajo tanto como hacia la gente. Yo no he sido amable; siento una angustia creciente respecto al futuro, y parece que nunca puedo conseguir alguna paz. En mi trabajo me desenvuelvo bien, pero…”
¿Por qué lucha Ud. contra lo que es? La casa en que vivo puede ser ruidosa, sucia, los muebles pueden ser horribles, y quizá haya una falta absoluta de belleza en todo el conjunto; pero por varias razones pueden ser que tenga que vivir allí, que no pueda mudarme a otra casa. No es cuestión de aceptación, sino de ver el hecho obvio. Si no veo lo que es, me atormentaré hasta enfermarme con ese jarro, con esa silla o ese cuadro; se convertirán en mis obsesiones, y habrá resentimiento hacia la gente, hacia mi trabajo, etc. Si pudiera abandonarlo todo y empezar de nuevo, sería un asunto diferente; pero no puedo. No es saludable mi rebeldía contra lo que es, lo actual. El reconocimiento de lo que es no conduce a un altivo conformismo y a la inercia. Cuando cedo ante lo que es, no sólo hay comprensión, sino que también entra la mente superficial en cierta quietud. Si la mente superficial no está quieta, admite las obsesiones, reales o imaginarias; se ve atrapada en alguna reforma social o finalidad religiosa: el Maestro, el salvador, el rito, etc. Únicamente cuando la mente superficial está quieta es que lo oculto puede revelarse. Lo oculto debe ser expuesto; pero esto no es posible si la mente superficial está recargada con obsesiones, con preocupaciones. Desde que la mente superficial tiene constantemente alguna clase de agitación, el conflicto es inevitable entre las capas superficiales y las más profundas de la mente; y en tanto este conflicto no se resuelva, las obsesiones aumentan. Después de todo, las obsesiones constituyen un medio de evasión de vuestro conflicto. Todas las evasiones, son semejantes, aunque es obvio que algunas son socialmente más dañinas.
Cuando uno percibe el proceso total de la obsesión o de cualquier otro problema, recién entonces hay liberación del problema. Para que haya una amplia y alerta percepción, no debe haber condenación o justificación del problema; la alerta percepción debe ser sin opción. Estar de este modo alerta requiere inmensa paciencia y sensibilidad; requiere vehemente y sostenida atención a fin de que el proceso total del pensar pueda ser observado y comprendido.