LA OBSESIÓN
Dijo que estaba
obsesionado por estúpidas y pequeñas cosas, y que estas obsesiones cambiaban
constantemente. Se atormentaba por algún defecto físico imaginario, y a las
pocas horas su preocupación recaía sobre otro incidente o pensamiento. Parecía
vivir sólo para pasar de una obsesión a otra. Para superar estas obsesiones
continuó diciendo, había consultado libros, o bien discutía su problema con un
amigo, e incluso había ido a ver a un psicólogo; pero de ningún modo había
encontrado alivio. Aun después de alguna conferencia seria y absorbente, esas
obsesiones volvían inmediatamente. Si encontrara la causa, ¿podría eso
suprimirlas?
¿El descubrimiento de una causa puede liberarnos del efecto? ¿El
conocimiento de la causa destruirá el resultado? Conocemos las causas, tanto
económicas como psicológicas, de la guerra, y sin embargo, seguimos fomentando
la barbarie y la autodestrucción. Después de todo, el motivo de nuestra
búsqueda de la causa es el deseo de liberarnos del efecto. Este deseo es otra
forma de resistencia o condenación; y cuando hay condenación, no hay
comprensión.
“¿Entonces qué es lo que uno tiene que hacer?” preguntó.
¿Por qué la mente es dominada por estas obsesiones triviales y
estúpidas? Averiguar el “por qué” es buscar la causa como algo separado de
vosotros mismos, y que debéis encontrar; es simplemente descubrir las
modalidades de vuestro propio pensar. Por lo tanto, ¿por qué la mente está
ocupada de este modo? ¿No es acaso porque es superficial, trivial,
insignificante, y está por consiguiente interesada en sus propias atracciones?
“Sí”, contestó, “eso me parece cierto; pero no del todo, porque soy
una persona seria”.
Aparte de estas obsesiones, ¿con qué ocupa su pensamiento?
“Con mi profesión”, contestó. “Tengo una posición de
responsabilidad. Todo el día y a veces bien entrada la noche, mi pensamiento
está vuelto hacia mis negocios. Ocasionalmente leo, pero dedico la mayor parte
del tiempo a mi profesión”.
¿Le gusta lo que está haciendo?
“Sí, pero no lo encuentro completamente satisfactorio. Siempre me
sentí insatisfecho con lo que estoy haciendo, pero no puedo desechar mi
posición actual, porque tengo ciertas obligaciones —y además, estoy entrando en
años. Lo que me atormenta son estas obsesiones, y el creciente resentimiento
que siento hacia mi trabajo tanto como hacia la gente. Yo no he sido amable;
siento una angustia creciente respecto al futuro, y parece que nunca puedo
conseguir alguna paz. En mi trabajo me desenvuelvo bien, pero…”
¿Por qué lucha Ud. contra lo que es? La casa en que vivo puede ser
ruidosa, sucia, los muebles pueden ser horribles, y quizá haya una falta
absoluta de belleza en todo el conjunto; pero por varias razones pueden ser que
tenga que vivir allí, que no pueda mudarme a otra casa. No es cuestión de
aceptación, sino de ver el hecho obvio. Si no veo lo que es, me atormentaré hasta enfermarme con ese jarro, con esa silla o
ese cuadro; se convertirán en mis obsesiones, y habrá resentimiento hacia la
gente, hacia mi trabajo, etc. Si pudiera abandonarlo todo y empezar de nuevo,
sería un asunto diferente; pero no puedo. No es saludable mi rebeldía contra lo
que es, lo actual. El reconocimiento
de lo que es no conduce a un altivo
conformismo y a la inercia. Cuando cedo ante lo que es, no sólo hay comprensión, sino que también entra la mente
superficial en cierta quietud. Si la mente superficial no está quieta, admite
las obsesiones, reales o imaginarias; se ve atrapada en alguna reforma social o
finalidad religiosa: el Maestro, el salvador, el rito, etc. Únicamente cuando
la mente superficial está quieta es que lo oculto puede revelarse. Lo oculto
debe ser expuesto; pero esto no es posible si la mente superficial está
recargada con obsesiones, con preocupaciones. Desde que la mente superficial
tiene constantemente alguna clase de agitación, el conflicto es inevitable
entre las capas superficiales y las más profundas de la mente; y en tanto este
conflicto no se resuelva, las obsesiones aumentan. Después de todo, las
obsesiones constituyen un medio de evasión de vuestro conflicto. Todas las
evasiones, son semejantes, aunque es obvio que algunas son socialmente más
dañinas.
Cuando uno percibe el proceso total de la obsesión o de cualquier
otro problema, recién entonces hay liberación del problema. Para que haya una
amplia y alerta percepción, no debe haber condenación o justificación del
problema; la alerta percepción debe ser sin opción. Estar de este modo alerta
requiere inmensa paciencia y sensibilidad; requiere vehemente y sostenida
atención a fin de que el proceso total del pensar pueda ser observado y
comprendido.