jueves, 29 de mayo de 2014

LA DISTRACCIÓN



LA DISTRACCIÓN

Es un ancho y largo canal, que se extendía desde el río hasta las tierras que no tenían agua. El canal estaba a mayor altura que el río, y el agua que entraba en él se controlaba con un sistema de esclusas. Reinaba apacible calma a lo largo de ese canal; barcazas pesadamente cargadas se movían hacia arriba y hacia abajo, y sus triangulares velas blancas se perfilaban contra el azul del cielo y las oscuras palmeras. Era un agradable atardecer, sereno y libre, y el agua estaba muy quieta. Las palmeras y los mangos se reflejaban en ellas con tanta nitidez que era difícil distinguir lo real de su reflejo. El sol poniente hacía diáfana el agua, y el resplandor del atardecer brillaba en su superficie. La estrella del atardecer comenzaba también a reflejarse. El agua se hallaba inmóvil y los pocos lugareños que pasaban, por lo general conversando ruidosa y largamente, estaban silenciosos. Hasta el susurro de las hojas había casado. Desde la pradera llegaban algunos animales; bebían y desaparecían tan silenciosamente como habían venido. El silencio poseía la tierra, parecía contener todas las cosas.
El ruido termina, pero el silencio es penetrante y sin fin. Podemos aislarnos del ruido, pero no hay encierro contra el silencio; ningún muro puede ocultarlo, no hay resistencia posible contra él. El ruido intercepta todas las cosas, es excluyente y aislador; el silencio lo incluye todo. El silencio, como el amor, es indivisible; no admite división en ruido y silencio. La mente no puede seguirlo ni ser aquietada para recibirlo. La mente que es aquietada sólo puede reflejar sus propias imágenes, y éstas son vivas y claras, ruidosas en su exclusión. Una mente que es aquietada sólo puede resistir, y toda resistencia es agitación. La mente que es quieta, y no hecha quieta, está vivenciando el silencio; el pensamiento, la palabra, están entonces dentro del silencio, y no fuera de él. Es extraordinario cómo, en este silencio, la mente es tranquila, con una tranquilidad que no es formada. Como la tranquilidad no se puede adquirir, no tiene ningún valor y no es utilizable, tiene la calidad de lo puro, de lo único. Lo que puede ser utilizado pronto se agota. La tranquilidad no empieza ni termina, y una mente de tal manera tranquila conoce una bienaventuranza que no es el reflejo de su propio deseo.
Ella dijo que siempre había estado agitada por una cosa u otra si no era la familia, era el vecino o alguna actividad social. La agitación había llenado su vida, y nunca pudo hallar la razón de estas constantes excitaciones. No era muy feliz; ¿cómo podemos serlo con el mundo tal como es? Tuvo su parte de pasajera felicidad, pero todo eso pertenecía al pasado y ahora buscaba algo que diera sentido a su vida. Había pasado por muchas cosas que a su tiempo parecían de valor, pero que después se reducían a la nada. Se había empeñado en muchas actividades sociales de carácter serio, ardientemente había creído en las cosas de la religión, había sufrido por la muerte de algún familiar, y tuvo que someterse a una intervención quirúrgica de gravedad. La vida no había sido complaciente con ella, agregó, y existían millones como ella en el mundo. Quería ir más allá de todas estas cosas, ya fuesen superfluas o necesarias, y encontrar algo que realmente valiese la pena.
Las cosas que valen la pena no pueden ser buscadas. No se pueden adquirir deben acaecer, y el acaecer no puede ser artificiosamente planeado. ¿No es verdad que todo lo que tiene hondo significado siempre acaece, jamás es producido? El acaecer es importante, no el hallar. El hallar es comparativamente fácil, pero el acaecer es asunto muy diferente. No es que sea difícil; pero el ansia de buscar, de hallar, debe terminar completamente para que tenga lugar el acaecer. Hallar implica perder; para perder es necesario tener. Poseer o ser poseído es no estar jamás libre para comprender.
¿Pero por qué ha existido siempre esta agitación, este desasosiego; ¿Se lo ha preguntado Ud. seriamente antes?
“Lo he intentado a medias, nunca objetivamente. Siempre he sido distraída”.
No distraída, si me permite indicarlo; es que simplemente esto nunca fue para Ud. un problema vital. Cuando hay un problema vital, entonces no hay distracción. La distracción no existe; la distracción implica un interés central del cual la mente se aparta pero si hay un interés central, no hay distracción, es una evasión de lo que es. Nos gusta deambular muy lejos porque el problema está muy cerca. El deambular da algo que hacer, como la agitación y la murmuración; y aunque el deambular es a menudo penoso, lo preferimos a lo que es.
¿Desea seriamente ahondar todo esto, o sólo juega con ello?
“Quisiera realmente ahondarlo hasta agotarlo. Por eso he venido”.
Usted se siente desdichada porque falta el manantial que mantenga la fuente llena, ¿no es así? Quizá haya oído alguna vez el susurro del agua entre los guijarros, pero ahora el cauce está seco. Ha conocido la felicidad, pero ella siempre ha quedado atrás, como una cosa del pasado. ¿Es ese manantial que Ud. busca a tientas? ¿Y puede buscarlo, o tiene que llegar a él inesperadamente? Si supiese dónde está, encontraría el medio para alcanzarlo; pero ignorándolo, no hay sendero que la conduzca a él. Saber es impedir que ello ocurra. ¿Es ese uno de sus problemas?
“Es eso exactamente. La vida es tan pesada y estéril, y si eso pudiera suceder no habría nada más que pedir”.
¿Es la soledad un problema para Ud.?
“No me preocupa la soledad, sé cómo tratarla. O bien salgo a dar un paseo, o me quedo tranquilamente con ella hasta que se va. Además, me gusta estar sola”.
Todos sabemos lo que es estar solo; un doloroso y temible vacío que no se puede calmar. También sabemos cómo huir de él. Algunos están atrapados en una avenida particular, y otros siguen porque todos hemos explorado las muchas avenidas de la evasión, explorando; pero ni los unos ni los otros están en directa relación con lo que es. Dice Ud. que sabe cómo arreglarse con la soledad. Si puedo indicarlo, esta misma acción con respecto a la soledad es su modo de evitarla. Usted sale a dar un paseo, o permanece en compañía de la soledad hasta que se va. Siempre está actuando sobre ella, no deja que ella le cuente su historia. Quiere dominarla, superarla, huir de ella; por lo tanto en su relación con ella hay temor.
¿Es también la realización uno de sus problemas? Realizarse en algo implica eludir lo que uno es, ¿no es cierto? Soy insignificante; pero si me identifico con el país, con la familia o con alguna creencia, me siento realizado, completo. Esta búsqueda para completarse es la fuga de lo que es.
“Sí, así es; también eso es mi problema”.
Si podemos comprender lo que es, tal vez cesen entonces todos estos problemas. Afrontamos cada problema con el propósito de evitarlo; queremos hacer algo a su respecto. Este hacer impide que estemos en directa relación con él, y tal enfoque obstaculiza la comprensión del problema. La mente está ocupada buscando una manera de arreglar el problema, lo cual es en realidad rehuirlo; y así el problema nunca es comprendido, siempre está allí. Para que el problema, lo que es, se descubra y cuente toda su historia, la mente debe ser sensible, ágil para seguir. Si anestesiamos la mente mediante evasiones, mediante el saber cómo arreglarnos con el problema, o buscamos una explicación o una causa, lo que sólo es una conclusión verbal, entonces la mente se embota y no puede seguir rápidamente la historia, que el problema, lo que es, está revelando. Vea la verdad de esto, y la mente será sensible; y sólo entonces podrá recibir. Cualquier actividad de la mente con respecto al problema únicamente la hace más pesada y por lo tanto incapaz de seguir, de poner atención al problema. Cuando la mente es sensible —no hecha sensible, lo que sólo es un diferente modo de embotarla —entonces lo que es, la vacuidad, tiene un significado completamente diferente.
Por favor trate de vivenciar a medida que proseguirnos, no se quede en el nivel verbal.
¿Cuál es la relación de la mente con respecto a lo que es? Por lo pronto, a lo que es se le ha dado un nombre, una definición, un símbolo de asociación, y este nombrar impide la relación directa, lo que hace a la mente pesada, insensible. La mente y lo que es no son dos procesos separados, pero el nombrar los separa. Cuando este nombrar cesa, hay una relación directa: la mente y lo que es son uno. Lo que es, es ahora el observador mismo sin un nombre, y sólo entonces lo que es se transforma; no es más lo que llamamos vacuidad con sus asociaciones de temores, etc. Entonces la mente sólo es el estado de vivencia, en el cual no existe el experimentador ni lo experimentado. Entonces hay una inmensurable profundidad, porque el que mide se ha ido. Lo que es profundo es silencioso, tranquilo, y en esta tranquilidad está el manantial de lo inagotable. La agitación de la mente proviene del empleo de la palabra. Cuando la palabra no es, lo inconmensurable es.