sábado, 31 de mayo de 2014

PENSAMIENTO Y CONCIENCIA



PENSAMIENTO Y CONCIENCIA

Todas las cosas estaban retraídas en sí mismas. Los árboles se hallaban sumidos en su propia existencia; las aves plegaban sus alas para reposar de sus diarias andanzas; el río había perdido su brillo, y las aguas ya no danzaban, sino que estaban quietas y densas. Las montañas aparecían distantes e inaccesibles, y la gente se había retirado a sus casas. Había llegado la noche, y existía la quietud del aislamiento. No había comunión; cada cosa estaba encerrada en sí misma, apartada. La flor, el sonido, la conversación —todo era oculto, invulnerable. Se oían risas, pero eran aisladas y lejanas; la conversación era embozada y provenía del interior. Sólo las estrellas estaban invitadoras, abiertas y comunicativas; pero también ellas se hallaban muy lejanas.
El pensamiento es siempre una respuesta externa, nunca puede responder profundamente. El pensamiento es siempre lo exterior; siempre es un efecto, y el pensar es la reconciliación de los efectos. El pensamiento es siempre superficial, aunque pueda establecerse en diferentes planos. El pensamiento jamás puede penetrar en lo profundo, en lo implícito. No puede trascenderse a sí mismo, y todo intento de hacerlo es su propia frustración.
“¿Qué entiende Ud. por pensamiento?”
El pensamiento es la respuesta a cualquier desafío; no es acción, no es hacer. El pensamiento es una consecuencia, el resultado de un resultado; es el resultado de la memoria. La memoria es pensamiento, y el pensamiento es la verbalización de la memoria. La memoria es experiencia. El proceso de pensar es el proceso consciente, tanto el oculto como el manifiesto. Este total proceso de pensar es la conciencia; los niveles de la vigilia y del sueño, los superficiales y los profundos, son todos parte de la memoria, de la experiencia. El pensamiento no es independiente. No hay pensar independiente; “pensamiento independiente” es una contradicción de términos. El pensamiento, siendo un resultado, se opone o concuerda, compara o ajusta, condena o justifica, y por eso jamás puede ser libre. Un resultado nunca puede ser libre; puede torcerse, manipularse, ir a la deriva, ir a una cierta distancia, pero no puede estar libre de su propio amarre. El pensamiento está anclado a la memoria, y nunca puede estar libre para descubrir la verdad de ningún problema.
“¿Quiere Ud. decir que el pensamiento carece de todo valor?”
Tiene valor en la reconciliación de los efectos, pero no tiene valor en sí mismo como medio de acción. La acción es revolución, no reconciliación de efectos. La acción libre del pensamiento, de la idea, de la creencia, no cabe dentro de una norma. Puede haber actividad dentro de la norma, y esa actividad es ya violenta, sangrienta, o lo opuesto, pero no es acción. Lo opuesto no es acción, es una continuación modificada de la actividad. Lo opuesto está todavía en el campo del resultado, y al perseguir el opuesto, el pensamiento está atrapado en la red de sus propias respuestas. La acción no es el resultado del pensamiento; la acción no tiene ninguna relación con el pensamiento. El pensamiento, el resultado, jamás puede crear lo nuevo; lo nuevo es de instante en instante, y el pensamiento es siempre lo viejo, el pasado, lo condicionado. Tiene valor, pero no tiene libertad. Todo valor es limitación, ata. El pensamiento ata, porque es protector.
“¿Qué relación hay entre conciencia y pensamiento?”
¿No son lo mismo? ¿Hay alguna diferencia entre pensar y ser consciente? Pensar es una respuesta; y ¿no es también una respuesta el ser consciente? Cuando uno es consciente de esa silla eso es una respuesta a un estímulo; y ¿no es el pensamiento la respuesta de la memoria a un desafío? A esta respuesta la llamamos experiencia. Experimentar es desafío y respuesta; y este experimentar, juntamente con el nombrar o registrar, este proceso total, en diferentes niveles, es la conciencia, ¿no es cierto? Nuestra experiencia es el resultado, la consecuencia de esta experimentación. Al resultado se le da un nombre; el nombre mismo es una conclusión, una de las muchas conclusiones que constituyen la memoria. Esta sucesión de conclusiones es la conciencia. La conclusión, el resultado, es autoconciencia. El “yo” es memoria, el conjunto de conclusiones; y el pensamiento es la respuesta de la memoria. El pensamiento es siempre una conclusión; el pensar es concluir, y por eso jamás puede ser libre.
El pensamiento es siempre lo superficial, la conclusión. La conciencia es el registro de lo superficial. Lo superficial se divide a sí mismo en lo externa y lo interno, pero esta separación no hace que el pensamiento sea menos superficial.
“¿Pero no hay algo que trascienda el pensamiento, que trascienda el tiempo, algo que no sea creado por la mente?”
Puede ser que a Ud. le hayan hablado acerca de ese estado, o que Ud. haya leído algo sobre él, o bien puede haberlo vivenciado. La vivencia de ese estado jamás puede ser una experiencia, un resultado; él no puede ser pensado —y si lo es, es un recuerdo y no una vivencia. Podéis repetir o que habéis leído u oído, pero la palabra no es la cosa; y la palabra, la misma repetición, impide el estado de vivencia. Ese estado de vivencia no puede existir mientras haya pensar; el pensamiento, el resultado, el efecto, jamás podrá conocer el estado de vivencia.
“Entonces, ¿cómo puede terminar el pensamiento?”
Viendo la verdad de que el pensamiento, el resultado de lo conocido, no puede jamás hallarse en estado de vivencia. El vivenciar es siempre lo nuevo; el pensar es siempre lo viejo. Ved la verdad de esto, y la verdad traerá la liberación —liberación del pensamiento, del resultado. Entonces estará ahí aquello que trasciende la conciencia, aquello que no es ni el sueño ni la vigilia, aquello que es innombrable: ello es.