LO CONSCIENTE Y LO INCONSCIENTE
Era un tanto
hombre de negocios como un político, y tenía mucho éxito en ambas actividades.
Alegremente dijo que los negocios y la política realizaban una buena
combinación; no obstante era un hombre singularmente serio y supersticioso. En
cuánto tenía tiempo leía libros sagrados y repetía una y otra vez ciertas
palabras que consideraba benéficas. Ellas traen paz al alma, decía. Era de edad
avanzada y muy rico, pero no poseía ni la generosidad de la mano ni la del
corazón. Fácilmente se notaba que era astuto y calculador, y sin embargo tenía
ansia de algo más que el éxito material. La vida no lo había golpeado, porque
se había protegido muy cuidadosamente contra todo riesgo; se había hecho
invulnerable, tanto física como psicológicamente. Psicológicamente había
rehusado verse tal como era, y en verdad que tenía habilidad para hacerlo; pero
ya empezaba a reconocerlo. Cuando no se vigilaba, aparecía en él una profunda y
escrutadora mirada. Materialmente estaba seguro, al menos mientras durase el
presente gobierno y no se produjese una revolución. También aspiraba a una
segura inversión en el mundo llamado espiritual, y por eso se entretenía con
las ideas, confundiendo las ideas con algo espiritual, real. No sentía amor,
salvo para sus muchas posesiones: se había apegado a ellas como se apega un
niño a su madre, pues no tenía nada más. Lentamente comenzaba a darse cuenta
que era un pobre hombre. Aun esta comprobación trató de evitarla mientras pudo;
pero la vida lo estaba presionando.
Cuando un problema no es solucionado conscientemente ¿interviene lo
inconsciente para ayudar a resolverlo? ¿Qué es lo consciente y qué lo
inconsciente? ¿Hay una línea definida donde termina el uno y comienza el otro?
¿Tiene lo consciente un límite, más allá del cual no puede ir? ¿Puede limitarse
a sí mismo en sus propios confines? ¿Es lo inconsciente algo separado de lo
consciente? ¿Son ellos disímiles? Cuando uno falta, ¿empieza a funcionar el
otro?
¿Qué es eso que llamamos lo consciente? Para comprender de qué está
formado, debemos observar cómo abordamos conscientemente un problema. La
mayoría de nosotros tratamos de resolver el problema; nos preocupa la solución,
y no el problema mismo. Queremos una conclusión, buscamos un camino que nos aleje
del problema; queremos evitar el problema mediante una respuesta, una solución.
No observamos el problema mismo, sino que tentamos una respuesta satisfactoria.
Nuestra total preocupación consciente es la búsqueda de una solución, una
conclusión satisfactoria. A menudo damos con una respuesta que nos satisface, y
entonces creemos haber resuelto el problema. Pero lo que realmente hemos hecho
es encubrir el problema con una conclusión, con una respuesta, satisfactoria;
mas, no obstante el peso de la conclusión, que lo ha sofocado temporariamente,
el problema sigue estando allí. La búsqueda de una respuesta es una evasión del
problema. Cuando no hay ninguna respuesta satisfactoria, lo consciente o sea la
mente superficial deja de buscar; y entonces lo que llamamos inconsciente, vale
decir la mente más profunda, entra en acción y halla una respuesta.
Lo que la mente consciente busca es obviamente un camino para
eludir el problema, y el camino es la conclusión satisfactoria. ¿No está la
mente consciente hecha de conclusiones, ya sean positivas o negativas, y es
acaso capaz de buscar algo diferente? ¿No es la mente superficial un depósito
de conclusiones que son el residuo de las experiencias, las huellas del pasado?
Por cierto, la mente consciente está constituida por el pasado, se funda en el
pasado, pues la memoria es una fábrica de conclusiones; y con estas
conclusiones la mente aborda cada problema. Es incapaz de mirar el problema sin
la pantalla de sus conclusiones: no puede estudiar, permanecer silenciosamente
atenta ante el problema mismo. Sólo conoce conclusiones, agradables o
desagradables, y sólo puede agregar a sí misma nuevas conclusiones, nuevas
ideas, nuevas afirmaciones. Toda conclusión es una afirmación, y la mente
consciente inevitablemente busca una conclusión.
Cuando no puede encontrar una conclusión satisfactoria, la mente
consciente abandona la búsqueda, y así se tranquiliza; y estando tranquila la
mente superficial, asoma la respuesta de lo inconsciente. Ahora bien; ¿lo
inconsciente, la mente más profunda, es diferente en su estructura de la mente
consciente? ¿No está hecho también lo inconsciente de conclusiones raciales, de
conclusiones de grupo y sociales, de recuerdos? Por cierto, también lo
inconsciente es el resultado del pasado, del tiempo, sólo que está sumergido y
a la espera; y cuando se le da oportunidad lanza sus propias conclusiones
ocultas. Si son satisfactorias, la mente superficial las acepta; y si no lo
son, se resuelve, esperando encontrar una respuesta milagrosa. Si no encuentra
una respuesta, con fastidio abandona el problema, el cual gradualmente corroe
la mente. La enfermedad y la locura son la consecuencia.
La mente superficial y la mente más profunda no son diferentes;
ambas están hechas de conclusiones, de recuerdos, ambas son el resultado del
pasado. Pueden suministrar una respuesta, una conclusión, pero son incapaces de
disolver el problema. El problema se disuelve sólo cuando la mente superficial
y la mente profunda están silenciosas, cuando no están proyectando conclusiones
positivas o negativas. Solamente hay liberación del problema cuando la mente
entera está por completo silenciosa, en alerta percepción del problema sin
opción alguna; sólo entonces está ausente el creador del problema.