sábado, 31 de mayo de 2014

LO CONSCIENTE Y LO INCONSCIENTE



LO CONSCIENTE Y LO INCONSCIENTE

Era un tanto hombre de negocios como un político, y tenía mucho éxito en ambas actividades. Alegremente dijo que los negocios y la política realizaban una buena combinación; no obstante era un hombre singularmente serio y supersticioso. En cuánto tenía tiempo leía libros sagrados y repetía una y otra vez ciertas palabras que consideraba benéficas. Ellas traen paz al alma, decía. Era de edad avanzada y muy rico, pero no poseía ni la generosidad de la mano ni la del corazón. Fácilmente se notaba que era astuto y calculador, y sin embargo tenía ansia de algo más que el éxito material. La vida no lo había golpeado, porque se había protegido muy cuidadosamente contra todo riesgo; se había hecho invulnerable, tanto física como psicológicamente. Psicológicamente había rehusado verse tal como era, y en verdad que tenía habilidad para hacerlo; pero ya empezaba a reconocerlo. Cuando no se vigilaba, aparecía en él una profunda y escrutadora mirada. Materialmente estaba seguro, al menos mientras durase el presente gobierno y no se produjese una revolución. También aspiraba a una segura inversión en el mundo llamado espiritual, y por eso se entretenía con las ideas, confundiendo las ideas con algo espiritual, real. No sentía amor, salvo para sus muchas posesiones: se había apegado a ellas como se apega un niño a su madre, pues no tenía nada más. Lentamente comenzaba a darse cuenta que era un pobre hombre. Aun esta comprobación trató de evitarla mientras pudo; pero la vida lo estaba presionando.
Cuando un problema no es solucionado conscientemente ¿interviene lo inconsciente para ayudar a resolverlo? ¿Qué es lo consciente y qué lo inconsciente? ¿Hay una línea definida donde termina el uno y comienza el otro? ¿Tiene lo consciente un límite, más allá del cual no puede ir? ¿Puede limitarse a sí mismo en sus propios confines? ¿Es lo inconsciente algo separado de lo consciente? ¿Son ellos disímiles? Cuando uno falta, ¿empieza a funcionar el otro?
¿Qué es eso que llamamos lo consciente? Para comprender de qué está formado, debemos observar cómo abordamos conscientemente un problema. La mayoría de nosotros tratamos de resolver el problema; nos preocupa la solución, y no el problema mismo. Queremos una conclusión, buscamos un camino que nos aleje del problema; queremos evitar el problema mediante una respuesta, una solución. No observamos el problema mismo, sino que tentamos una respuesta satisfactoria. Nuestra total preocupación consciente es la búsqueda de una solución, una conclusión satisfactoria. A menudo damos con una respuesta que nos satisface, y entonces creemos haber resuelto el problema. Pero lo que realmente hemos hecho es encubrir el problema con una conclusión, con una respuesta, satisfactoria; mas, no obstante el peso de la conclusión, que lo ha sofocado temporariamente, el problema sigue estando allí. La búsqueda de una respuesta es una evasión del problema. Cuando no hay ninguna respuesta satisfactoria, lo consciente o sea la mente superficial deja de buscar; y entonces lo que llamamos inconsciente, vale decir la mente más profunda, entra en acción y halla una respuesta.
Lo que la mente consciente busca es obviamente un camino para eludir el problema, y el camino es la conclusión satisfactoria. ¿No está la mente consciente hecha de conclusiones, ya sean positivas o negativas, y es acaso capaz de buscar algo diferente? ¿No es la mente superficial un depósito de conclusiones que son el residuo de las experiencias, las huellas del pasado? Por cierto, la mente consciente está constituida por el pasado, se funda en el pasado, pues la memoria es una fábrica de conclusiones; y con estas conclusiones la mente aborda cada problema. Es incapaz de mirar el problema sin la pantalla de sus conclusiones: no puede estudiar, permanecer silenciosamente atenta ante el problema mismo. Sólo conoce conclusiones, agradables o desagradables, y sólo puede agregar a sí misma nuevas conclusiones, nuevas ideas, nuevas afirmaciones. Toda conclusión es una afirmación, y la mente consciente inevitablemente busca una conclusión.
Cuando no puede encontrar una conclusión satisfactoria, la mente consciente abandona la búsqueda, y así se tranquiliza; y estando tranquila la mente superficial, asoma la respuesta de lo inconsciente. Ahora bien; ¿lo inconsciente, la mente más profunda, es diferente en su estructura de la mente consciente? ¿No está hecho también lo inconsciente de conclusiones raciales, de conclusiones de grupo y sociales, de recuerdos? Por cierto, también lo inconsciente es el resultado del pasado, del tiempo, sólo que está sumergido y a la espera; y cuando se le da oportunidad lanza sus propias conclusiones ocultas. Si son satisfactorias, la mente superficial las acepta; y si no lo son, se resuelve, esperando encontrar una respuesta milagrosa. Si no encuentra una respuesta, con fastidio abandona el problema, el cual gradualmente corroe la mente. La enfermedad y la locura son la consecuencia.
La mente superficial y la mente más profunda no son diferentes; ambas están hechas de conclusiones, de recuerdos, ambas son el resultado del pasado. Pueden suministrar una respuesta, una conclusión, pero son incapaces de disolver el problema. El problema se disuelve sólo cuando la mente superficial y la mente profunda están silenciosas, cuando no están proyectando conclusiones positivas o negativas. Solamente hay liberación del problema cuando la mente entera está por completo silenciosa, en alerta percepción del problema sin opción alguna; sólo entonces está ausente el creador del problema.