ACCIÓN SIN PROPÓSITO
Pertenecía a varias y
muy diferentes organizaciones, y era activo en todas ellas. Escribía y daba
conferencias, reunía fondos, organizaba. Era agresivo, persistente y efectivo.
Era una persona muy útil, muy solicitada, y continuamente viajaba por todo el
país. Había estado mezclado en las agitaciones políticas, había probado la
cárcel, había seguido a los líderes, y ahora se estaba convirtiendo en un
importante personaje por derecho propio. Era ferviente partidario de la
inmediata realización de grandes planes; y como toda persona culta, era versado
en filosofía. Dijo que era un hombre de acción, y no un soñador; usó una frase
sánscrita que contenía toda una filosofía de la acción. La misma afirmación de
que era un hombre de acción, implicaba que él se consideraba uno de esos
elementos esenciales para la vida —o si no él personalmente, al menos su tipo.
Se había clasificado a sí mismo y de ese modo se había cerrado a la comprensión
de sí mismo.
Los rótulos parecen dar satisfacción. Aceptamos la categoría a la
que se supone que pertenecemos, como una explicación satisfactoria de la vida.
Rendimos culto a las palabras y a los rótulos; parece que jamás vamos más allá
del símbolo, para comprender el valor del símbolo. Llamándonos a nosotros
mismos esto o aquello nos aseguramos contra futuras perturbaciones, y quedamos
tranquilos. Una de las maldiciones de las ideologías y de las creencias
organizadas es el consuelo, la mortal satisfacción que ofrecen. Nos adormecen,
y durmiendo soñamos, y el sueño se convierte en acción. ¡Con qué facilidad nos
distraemos! Y lo que la mayoría de los incesantes conflictos, y las
distracciones se tornan una necesidad, se vuelven más importantes que lo que es. Con las distracciones podemos
jugar, pero no con lo que es; las
distracciones son ilusiones, y en ellas hay un pernicioso deleite
¿Qué es la acción? ¿Qué es el proceso de la acción? ¿Por qué
actuamos? La mera actividad no es acción, por cierto; mantenerse ocupados no es
acción, ¿verdad? El ama de casa está ocupada, y ¿llamaría Ud. acción a eso?
“No, seguro que no. Ella sólo está ocupada con sus pequeños
quehaceres cotidianos. Un hombre de acción está ocupado con mayores poblemos y
responsabilidades. El estar ocupado con los asuntos más amplios y más profundos
puede llamarse acción, no sólo política, sino también espiritual. Esta acción
requiere capacidad, eficiencia, esfuerzo organizado, un sostenido esfuerzo para
alcanzar un fin. Un hombre así no es un contemplativo, un místico, un ermitaño,
es un hombre de acción”.
Usted, pues, llamaría acción al hecho de estar ocupado con los
asuntos más amplios. ¿Qué son los asuntos más amplios? ¿Están separados de los
asuntos de la existencia cotidiana? ¿Es la acción algo aparte del proceso total
de la vida? ¿Hay acción cuando no hay integración de todas las muchas capas de
la existencia? Sin comprensión y por lo tanto sin la integración del proceso
total de la vida, ¿no es la acción mera actividad destructiva? El hombre es un
proceso total, y la acción es necesariamente la resultante de esta totalidad.
“Pero eso implicaría no sólo inacción, sino también indefinida postergación.
Hay necesidad de acción, y no es bueno filosofar sobre ello”.
No estamos filosofando, sino sólo investigando si lo que Ud. llama
acción no es causa de infinito daño. Toda reforma requiere ulterior reforma. La
ación parcial no es absolutamente acción; ella trae la desintegración. Si Ud.
tuviera paciencia, podríamos encontrar ahora, no en el futuro, esa acción que
es total, integral.
¿Puede la acción que persigue un fin llamarse acción? Tener un
propósito, un ideal, y trabajar por ellos —¿es eso acción? Cuando la acción
busca un resultado, ¿es acción?
“¿De qué otra manera puede Ud. actuar?”
Usted llama acción a lo que tiene un resultado, un fin en vista,
¿no es cierto? Usted planea el fin, o tiene una idea, una creencia, y trabaja
para ellos. Trabajar para un objetivo, un fin, un motivo, material o
psicológico, es lo que generalmente se llama acción. Se puede comprender este
proceso en relación con algún hecho físico, tal como construir un puente; pero
¿es tan fácil comprenderlo con respecto a propósitos psicológicos? Por
supuesto, estamos hablando del propósito psicológico, del trabajo que se
realiza por una ideología, por un ideal o una creencia. ¿Llamaría Ud. acción a
este trabajo que persigue un fin psicológico?
“La acción sin un propósito no es acción, es muerte. La inacción es
la muerte”.
La inacción no es lo contrario de la acción, es un estado
completamente diferente, pero por el momento eso no viene al caso; podemos
discutirlo más tarde, pero ahora volvamos a nuestro asunto. Trabajar para un
fin, para un ideal, es lo que generalmente se llama acción, ¿no es así? Pero
¿cómo surge el ideal? ¿Es él enteramente diferente de lo que es? ¿Es la antítesis diferente y está
separada de la tesis? ¿Es el ideal de la no—violencia totalmente distinto de la
violencia? ¿No es el ideal una autoproyección? ¿No es de fabricación propia? Al
actuar para un propósito, para un ideal, Ud. persigue una autoproyección, ¿no
es cierto?
“¿El ideal es una autoproyección?”
Usted es esto, y quiere llegar a ser aquello. Por cierto, aquello
es la consecuencia de su pensamiento. Podrá no ser la consecuencia de su propio
pensamiento, pero ha nacido del pensamiento, ¿verdad? El pensamiento proyecta
el ideal; el ideal es parte del pensamiento. El ideal no es algo que está más
allá del pensamiento; es el pensamiento mismo.
“¿Qué hay de falso en el pensamiento? ¿Por qué el pensamiento no ha
de crear el ideal?”
Usted es esto, que no le satisface, por lo tanto quiere ser
aquello. Si hubiese una comprensión de esto, ¿surgiría aquello? Debido a que no
comprende esto, Ud. crea aquello, esperando por medio de aquello comprender o
rehuir esto. El pensamiento crea tanto el ideal como el problema; el ideal es
una autoproyección, y el hecho de trabajar para esa autoproyección es lo que
Ud. llama acción, acción con un propósito. Por consiguiente su acción está
dentro de los límites de su propia proyección, sea que se trate de Dios o del
Estado. Este movimiento dentro de sus propios ámbitos es la actividad del perro
que persigue su propia cola; ¿y es eso acción?
“Pero ¿es posible actuar sin un propósito?”
Por supuesto que sí. Si Ud. ve la verdad de la acción que persigue
un propósito, entonces hay verdadera acción. Una acción así es la única acción
efectiva, es la única revolución radical.
“Usted quiere decir acción sin el ‘yo’, ¿no es cierto?”
Sí, acción sin idea. La idea es el “yo” identificado con Dios o con
el Estado. Esta acción identificada sólo causa más conflicto, más confusión y
sufrimiento. Pero resulta difícil para el llamado hombre de acción abandonar la
idea. Sin ideología él se siente perdido, y lo está; por lo tanto no es un
hombre de acción, sino un hombre enredado en sus propias autoproyecciones y
cuyas actividades constituyen la glorificación de sí mismo. Sus actividades
contribuyen a la separación, a la desintegración.
“¿Entonces qué es lo que debo hacer?”

