viernes, 30 de mayo de 2014

ACCIÓN SIN PROPÓSITO



ACCIÓN SIN PROPÓSITO

Pertenecía a varias y muy diferentes organizaciones, y era activo en todas ellas. Escribía y daba conferencias, reunía fondos, organizaba. Era agresivo, persistente y efectivo. Era una persona muy útil, muy solicitada, y continuamente viajaba por todo el país. Había estado mezclado en las agitaciones políticas, había probado la cárcel, había seguido a los líderes, y ahora se estaba convirtiendo en un importante personaje por derecho propio. Era ferviente partidario de la inmediata realización de grandes planes; y como toda persona culta, era versado en filosofía. Dijo que era un hombre de acción, y no un soñador; usó una frase sánscrita que contenía toda una filosofía de la acción. La misma afirmación de que era un hombre de acción, implicaba que él se consideraba uno de esos elementos esenciales para la vida —o si no él personalmente, al menos su tipo. Se había clasificado a sí mismo y de ese modo se había cerrado a la comprensión de sí mismo.
Los rótulos parecen dar satisfacción. Aceptamos la categoría a la que se supone que pertenecemos, como una explicación satisfactoria de la vida. Rendimos culto a las palabras y a los rótulos; parece que jamás vamos más allá del símbolo, para comprender el valor del símbolo. Llamándonos a nosotros mismos esto o aquello nos aseguramos contra futuras perturbaciones, y quedamos tranquilos. Una de las maldiciones de las ideologías y de las creencias organizadas es el consuelo, la mortal satisfacción que ofrecen. Nos adormecen, y durmiendo soñamos, y el sueño se convierte en acción. ¡Con qué facilidad nos distraemos! Y lo que la mayoría de los incesantes conflictos, y las distracciones se tornan una necesidad, se vuelven más importantes que lo que es. Con las distracciones podemos jugar, pero no con lo que es; las distracciones son ilusiones, y en ellas hay un pernicioso deleite
¿Qué es la acción? ¿Qué es el proceso de la acción? ¿Por qué actuamos? La mera actividad no es acción, por cierto; mantenerse ocupados no es acción, ¿verdad? El ama de casa está ocupada, y ¿llamaría Ud. acción a eso?
“No, seguro que no. Ella sólo está ocupada con sus pequeños quehaceres cotidianos. Un hombre de acción está ocupado con mayores poblemos y responsabilidades. El estar ocupado con los asuntos más amplios y más profundos puede llamarse acción, no sólo política, sino también espiritual. Esta acción requiere capacidad, eficiencia, esfuerzo organizado, un sostenido esfuerzo para alcanzar un fin. Un hombre así no es un contemplativo, un místico, un ermitaño, es un hombre de acción”.
Usted, pues, llamaría acción al hecho de estar ocupado con los asuntos más amplios. ¿Qué son los asuntos más amplios? ¿Están separados de los asuntos de la existencia cotidiana? ¿Es la acción algo aparte del proceso total de la vida? ¿Hay acción cuando no hay integración de todas las muchas capas de la existencia? Sin comprensión y por lo tanto sin la integración del proceso total de la vida, ¿no es la acción mera actividad destructiva? El hombre es un proceso total, y la acción es necesariamente la resultante de esta totalidad.
“Pero eso implicaría no sólo inacción, sino también indefinida postergación. Hay necesidad de acción, y no es bueno filosofar sobre ello”.
No estamos filosofando, sino sólo investigando si lo que Ud. llama acción no es causa de infinito daño. Toda reforma requiere ulterior reforma. La ación parcial no es absolutamente acción; ella trae la desintegración. Si Ud. tuviera paciencia, podríamos encontrar ahora, no en el futuro, esa acción que es total, integral.
¿Puede la acción que persigue un fin llamarse acción? Tener un propósito, un ideal, y trabajar por ellos —¿es eso acción? Cuando la acción busca un resultado, ¿es acción?
“¿De qué otra manera puede Ud. actuar?”
Usted llama acción a lo que tiene un resultado, un fin en vista, ¿no es cierto? Usted planea el fin, o tiene una idea, una creencia, y trabaja para ellos. Trabajar para un objetivo, un fin, un motivo, material o psicológico, es lo que generalmente se llama acción. Se puede comprender este proceso en relación con algún hecho físico, tal como construir un puente; pero ¿es tan fácil comprenderlo con respecto a propósitos psicológicos? Por supuesto, estamos hablando del propósito psicológico, del trabajo que se realiza por una ideología, por un ideal o una creencia. ¿Llamaría Ud. acción a este trabajo que persigue un fin psicológico?
“La acción sin un propósito no es acción, es muerte. La inacción es la muerte”.
La inacción no es lo contrario de la acción, es un estado completamente diferente, pero por el momento eso no viene al caso; podemos discutirlo más tarde, pero ahora volvamos a nuestro asunto. Trabajar para un fin, para un ideal, es lo que generalmente se llama acción, ¿no es así? Pero ¿cómo surge el ideal? ¿Es él enteramente diferente de lo que es? ¿Es la antítesis diferente y está separada de la tesis? ¿Es el ideal de la no—violencia totalmente distinto de la violencia? ¿No es el ideal una autoproyección? ¿No es de fabricación propia? Al actuar para un propósito, para un ideal, Ud. persigue una autoproyección, ¿no es cierto?
“¿El ideal es una autoproyección?”
Usted es esto, y quiere llegar a ser aquello. Por cierto, aquello es la consecuencia de su pensamiento. Podrá no ser la consecuencia de su propio pensamiento, pero ha nacido del pensamiento, ¿verdad? El pensamiento proyecta el ideal; el ideal es parte del pensamiento. El ideal no es algo que está más allá del pensamiento; es el pensamiento mismo.
“¿Qué hay de falso en el pensamiento? ¿Por qué el pensamiento no ha de crear el ideal?”
Usted es esto, que no le satisface, por lo tanto quiere ser aquello. Si hubiese una comprensión de esto, ¿surgiría aquello? Debido a que no comprende esto, Ud. crea aquello, esperando por medio de aquello comprender o rehuir esto. El pensamiento crea tanto el ideal como el problema; el ideal es una autoproyección, y el hecho de trabajar para esa autoproyección es lo que Ud. llama acción, acción con un propósito. Por consiguiente su acción está dentro de los límites de su propia proyección, sea que se trate de Dios o del Estado. Este movimiento dentro de sus propios ámbitos es la actividad del perro que persigue su propia cola; ¿y es eso acción?
“Pero ¿es posible actuar sin un propósito?”
Por supuesto que sí. Si Ud. ve la verdad de la acción que persigue un propósito, entonces hay verdadera acción. Una acción así es la única acción efectiva, es la única revolución radical.
“Usted quiere decir acción sin el ‘yo’, ¿no es cierto?”
Sí, acción sin idea. La idea es el “yo” identificado con Dios o con el Estado. Esta acción identificada sólo causa más conflicto, más confusión y sufrimiento. Pero resulta difícil para el llamado hombre de acción abandonar la idea. Sin ideología él se siente perdido, y lo está; por lo tanto no es un hombre de acción, sino un hombre enredado en sus propias autoproyecciones y cuyas actividades constituyen la glorificación de sí mismo. Sus actividades contribuyen a la separación, a la desintegración.
“¿Entonces qué es lo que debo hacer?”
Comprender lo que su actividad es, y solamente entonces habrá acción.