jueves, 29 de mayo de 2014

FASTIDIO



FASTIDIO

Había dejado de llover; los caminos estaban limpios y los árboles se había lavado el polvo. La tierra se había refrescado y las ranas hacían ruido en el estanque; eran grandes e inflaban sus gargantas con placer. La hierba brillaba con diminutas gotas de agua y había paz en la comarca después del fuerte aguacero. El ganado vacuno estaba empapado, pero durante la lluvia no buscó refugio y ahora pacía contento. Unos muchachos jugaban en el arroyito que había formado la lluvia al lado del camino; estaban desnudos y gustaba ver sus cuerpos brillantes y sus vivos ojos. Lo estaban pasando mejor que nunca y ¡qué felices eran! Ninguna otra cosa importaba y sonreían de alegría cuando uno les decía algo, aunque no comprendían una palabra. El sol estaba apareciendo y las sombras se intensificaban.
¡Cuán necesario es que la mente se purifique de todo pensamiento, que esté constantemente vacía, no que se vacíe, sino que esté simplemente vacía; morir para todo pensamiento, para todos los recuerdos del ayer y para la hora que viene! Es sencillo morir y es difícil continuar; pues la continuidad es el esfuerzo para ser o para no ser. El esfuerzo es deseo y el deseo sólo puede morir cuando la mente deja de adquirir. ¡Qué sencillo es limitarse a vivir! Pero ello no es estancamiento. Hay una gran felicidad en no desear, en no ser algo, en no ir a alguna parte. Cuando la mente se purifica de todo pensamiento, sólo entonces existe el silencio de la creación. La mente no está tranquila mientras está viajando para llegar. Para la mente, llegar es triunfar, y el éxito es siempre el mismo, tanto al principio como al fin. No hay purificación de la mente si está tejiendo el modelo de su propio devenir.
Dijo ella que siempre había sido activa, en una u otra forma, con sus hijos o en asuntos sociales, o en deportes; pero tras esta actividad siempre había aburrimiento, apremiante y constante. Estaba aburrida de la rutina de la vida, del placer, del dolor, de la adulación y de todo lo demás. El hastío era como una nube que se había cernido sobre su vida todo el tiempo que ella podía recordar. Había tratado de huir de él, pero cada nuevo interés pronto se convertía en nuevo fastidio, un cansancio mortal. Había leído mucho y había tenido los trastornos corrientes de la vida familiar, pero a través de todo ello estaba este cansador fastidio. No tenía nada que ver con su salud, porque se sentía muy bien.
¿Por qué creéis que os fastidiáis? ¿Es el resultado de alguna frustración, de algún deseo fundamental que ha sido contrariado?
“No, precisamente. Ha habido algunas obstrucciones superficiales, pero nunca me han molestado, o cuando tal ha ocurrido, me he enfrentado con ellas bastante inteligentemente y nunca me han desconcertado. No creo que lo que me pasa sea frustración, porque siempre he podido conseguir lo que quería. No he llorado para que me dieran la luna, y he sido sensata en mis demandas; pero sin embargo he tenido esta sensación de fastidio con todo, con mi familia y con mi trabajo”.
¿Qué queréis expresar al decir fastidio? ¿Os referís a la falta de satisfacción? ¿Es que nada os ha dado satisfacción completa?
“No es eso exactamente. Estoy tan insatisfecha como cualquier persona normal, pero he podido resignarme a las insatisfacciones inevitables”.
¿En qué estáis interesada? ¿Hay algún profundo interés en vuestra vida?
“No especialmente. Si yo tuviera un profundo interés, nunca me sentiría aburrida. Soy naturalmente una persona entusiasta, os lo aseguro, y si tuviera un interés no lo dejaría marcharse fácilmente. He tenido muchos intereses intermitentes, pero al fin todos ellos han conducido a esta nube de hastío”.
¿Qué queréis decir con la palabra interés? ¿Por qué hay este cambio del interés en hastío? ¿Qué significa el interés? Estáis interesada en lo que os agrada, en lo que os satisface, ¿no es así? ¿No es el interés un proceso adquisitivo? No os interesaríais en nada si no sacaseis algo de ello, ¿verdad? Hay interés sostenido mientras estáis adquiriendo; la adquisición es el interés, ¿no? Habéis tratado de sacar satisfacción de todo aquello con la que os habéis puesto en contacto; y cuando lo habéis utilizado por completo, naturalmente os cansáis de ello. Toda adquisición es una forma de fastidio, de cansancio. Queremos cambiar de juguetes; tan pronto como perdemos interés en uno, recurrimos a otro, y siempre hay un nuevo juguete al que acudir. Acudimos a algo para adquirir; hay adquisición en el placer, en el conocimiento, en la fama, en el poder, en la eficiencia, en tener una familia, etc. Cuando ya no hay nada que adquirir en una religión, en un salvador, perdemos interés y acudimos a otro. Algunos se echan a dormir en una organización y nunca despiertan, y los que efectivamente despiertan vuelven a dormirse al incorporarse a otra. Este movimiento adquisitivo es llamado expansión de pensamiento, progreso.
“¿Es siempre adquisición el interés?”
¿Os interesáis realmente por nada que no os dé algo, ya sea una obra teatral, un juego, una conversación, un libro o una persona? Si un cuadro no os da algo, lo dejáis de lado; si una persona no os estimula o perturba de alguna manera, si no hay placer ni dolor en una relación particular, perdéis interés, os aburrís. ¿No habéis observado esto?
“Sí, pero nunca lo he considerado hasta ahora de esta manera”.
No habríais venido aquí si no quisierais algo. Queréis libraros del fastidio. Como yo no puedo daros tal libertad, os fastidiaréis otra vez; pero si podemos comprender juntos el proceso de la adquisición, del interés, del hastío, entonces acaso haya libertad. La libertad, no puede adquirirse; si la adquirís, pronto os hastiaréis de ella. ¿No embota la adquisición a la mente? La adquisición, positiva o negativa, es una caiga. Tan pronto como adquirís, perdéis interés. Al tratar de poseer, estáis alerta, interesada; pero la posesión es aburrimiento. Podéis querer poseer más, pero la búsqueda de lo más es sólo un movimiento hacia el hastío. Probáis varias formas de adquisición y, en tanto haya el esfuerzo de adquirir, habrá interés; pero siempre hay un término para la adquisición, y por ello siempre hay tedio. ¿No es esto lo que ha estado sucediendo?
“Supongo que sí, pero no he podido comprender el pleno significado de ello”.
Esto vendrá ahora.
Las posesiones dejan cansada la mente. La adquisición, sea de conocimiento, de propiedades o de virtud, contribuye a la insensibilidad. La naturaleza de la mente es adquirir, absorber, ¿no es así? O más bien la norma que se ha creado para sí es la de acopiar; y en esa actividad misma la mente está preparando su propio hastío, cansancio. El interés, la curiosidad, es el origen de la adquisición, que pronto se convierte en tedio; y el impulso a librarse del tedio es otra forma de posesión. La mente va, pues, del fastidio al interés, y de nuevo al fastidio, hasta que queda completamente cansada; y estas sucesivas oleadas de interés y hastío son consideradas como existencia.
“Pero ¿cómo va uno a librarse del adquirir sin nueva adquisición?”
Solamente dejando que sea percibida la verdad de todo el proceso de la adquisición y no tratando de ser no adquisitivo, desapegado. Ser no adquisitivo es otra forma de adquisición, que pronto se vuelve fatigante. La dificultad, si se puede usar esta palabra, está, no en la comprensión verbal de lo que se ha dicho, sino en vivenciar lo falso como falso. Ver la verdad en lo falso es el principio de la sabiduría. Lo difícil es que la mente esté en calma; porque la mente siempre está preocupada o inquieta, siempre va en busca de algo, adquiriendo o desechando, buscando y encontrando. La mente nunca está en calma, está en continuo movimiento. El pasado, ensombreciendo el presente, hace su propio futuro. Es un movimiento en el tiempo, y difícilmente hay nunca un intervalo entre pensamientos. Un pensamiento sigue a otro sin pausa; la mente siempre, se está aguzando, y así, desgastándose. Si se afila un lápiz todo el tiempo, pronto no quedará nada de él; de análogo modo, la mente se usa constantemente y se agota. La mente siempre teme llegar a su fin. Pero vivir es terminar de día a día; es morir para toda adquisición, para los recuerdos, para las experiencias, para el pasado. ¿Cómo puede existir el vivir si hay experiencia? La experiencia, es conocimiento, recuerdo; y ¿es el recuerdo el estado de vivencia? En el estado de vivencia, ¿existe el recuerdo en forma de experimentador? La depuración de la mente es vivir, es creación. La belleza está en vivencias, no en la experiencia; porque la experiencia es siempre del pasado, y el pasado no es la vivencia, no es el vivir. La purificación de la mente es la tranquilidad del corazón.