LOS CELOS
El sol resplandecía
sobre la blanca pared opuesta, y en su deslumbrante reflejo las caras parecían
oscuras. Una niñita, sin que se lo sugiriese la madre, vino a sentarse junto a
mí, con ojos asombrados, y curiosa por saber lo que iba a pasar. Estaba recién
lavada y vestida, y llevaba unas flores en el cabello. Todo lo observaba
atentamente, como lo hacen los niños, sin considerarlo mucho. Sus ojos centelleaban,
y no sabía bien qué hacer, si llorar, reír o brincar; en lugar de eso, me tomó
la mano y la miró con absorbente interés. Entonces olvidó toda la gente que
estaba en el lugar, se relajo y se quedó dormida con la cabeza apoyada en mis
rodillas. Su cabeza era bien conformada y proporcionada; ella era
inmaculadamente inocente. Su futuro no obstante sería tan confuso y tan
desgraciado como el de todos los demás. Su conflicto y sufrimiento eran tan
inevitables como ese sol que se reflejaba en la pared; porque para estar libre
de pena y dolor, se requiere suprema inteligencia, y su educación y las
influencias que la rodeaban permitían ver que esa inteligencia le sería negada.
Es muy raro en este mundo el amor, esa llama sin humo; el humo es
preponderante, sofocante causa de angustias y lágrimas. A través del humo,
difícilmente puede ser vista la llama; y cuando el humo adquiere una
importancia total, la llama muere. Sin esa llama del amor, la vida no tiene
significado, se torna estúpida y fastidiosa; pero la llama no puede estar en el
humo oscurecedor. Los dos no pueden existir juntos; el humo debe cesar para que
la diáfana llama sea. La llama no es rival del humo; ella no tiene rival. El
humo no es la llama no puede contener la llama; ni tampoco indica el humo la
presencia de la llama, pues la llama está libre de humo.
“¿No pueden coexistir el amor y el odio? ¿No son los celos un
indicio de amor? Nos estrechamos las manos, y un minuto después reñimos; nos
hablarnos con dureza, pero pronto nos abrazamos. Disputamos, luego nos besamos
y estamos reconciliados. ¿No es todo esto amor? La misma expresión de los celos
es una prueba de amor; parecen ir juntos, como la luz y la oscuridad. El rápido
enojo y la caricia —¿no son la totalidad del amor?—. El río es a la vez turbulento
y tranquilo; corre a través de la sombra y de la luz solar, y en eso estriba su
belleza”.
¿Qué es lo que llamamos amor? Es todo este campo de los celos, de
la lujuria, de las palabras ásperas, de las caricias, de los apretones de
manos, de las disputas y los arreglos. Estos son los hechos en este campo de lo
que llamamos amor. El enojo y las caricias son hechos cotidianos en este
terreno, ¿no es así? Y tratamos de establecer una relación entre los diferentes
hechos, o bien comparamos un hecho con otro. Usamos un hecho para condenar o
justificar otro dentro de este mismo campo, o tratamos de establecer una
relación entre un hecho que pertenece a ese campo y algo que está fuera de él.
No consideramos cada hecho separadamente, sino que tratamos de encontrar una
relación entre ellos. ¿Por qué hacemos esto? Podemos comprender un hecho sólo
cuando no utilizamos otro hecho en el mismo terreno como medio de comprensión,
lo que simplemente crea conflicto y confusión. Pero ¿por qué comparamos los
diferentes hechos del mismo campo? ¿Por qué tomamos en cuenta el significado de
un hecho para extraer o explicar otro?
“Empiezo a captar lo que Ud. quiere decir. Pero, ¿por qué hacemos
esto?”
¿Comprendemos un hecho a través de la pantalla de la idea, de la
memoria? ¿Comprendo yo los celos porque he estrechado su mano? Estrecharse las
manos es un hecho, como son un hecho los celos; pero ¿comprendo yo el proceso
de los celos porque recuerdo haberle apretado la mano? ¿Es la memoria una ayuda
para la comprensión? La memoria compara, modifica, condena, justifica o
identifica; pero no puede aportar comprensión. Abordamos los hechos en el
terreno de lo que llamamos amor, con la idea, con la conclusión. No
consideramos el hecho de los celos como él es ni lo observamos silenciosamente,
sino que queremos torcer el hecho de acuerdo con la norma, con la conclusión; y
lo hacemos así porque en realidad no deseamos comprender el hecho de los celos.
Las emociones de los celos son tan estimulantes como las caricias pero queremos
estímulos sin el dolor y la molestia que invariablemente los acompaña. Por lo
tanto hay conflicto, confusión y antagonismo dentro de este terreno de lo que
llamamos amor. ¿Pero es amor? ¿Es amor una idea, una sensación, un estimulo?
¿Son los celos amor?
“¿La realidad no está contenida en la ilusión? ¿La oscuridad no
circunda o no esconde la luz? ¿No está Dios implícito en la esclavitud?”
Estas son meras ideas, opiniones, y por eso no tienen valor. Tales
ideas únicamente engendran enemistad, no encubren o encierran la realidad.
Donde hay luz, no hay oscuridad. La oscuridad no puede esconder la luz; si la
contuviera, la luz no existiría. Donde hay celos, no existe el amor. La idea no
puede contener el amor. Para que haya comunión, debe haber interpelación. El
amor no se relaciona con la idea, y así la idea no puede comulgar con el amor.
El amor es una llama sin humo.