LA SEGURIDAD
El arroyo corría muy
suavemente al costado de la senda que rodeaba los arrozales, y estaba cubierto
de lotos; éstos eran de color violeta oscuro con los corazones dorados, y
estaban netamente sobre el agua. Su perfume permanecía junto a ellos, y eran
muy hermosos. El cielo se hallaba cubierto; empezaba a lloviznar, y se oían
truenos entre las nubes. Los relámpagos todavía eran lejanos, pero se aproximaban
al árbol bajo el cual nos habíamos refugiado. Comenzó a llover copiosamente, y
las hojas de los lotos recogían las gotas de agua; cuando las gotas se hacían
demasiado grandes, se escurrían de las hojas, sólo para formarse de nuevo. El
relampagueo estaba ahora sobre el árbol, y el ganado asustado tironeaba de sus
cuerdas. Un ternero negro, mojado y tiritando, mugió lastimosamente; rompió su
cuerda y corrió hacia una choza cercana. Los lotos se estaban juntando
apretadamente, cerrando sus corazones ante la creciente oscuridad; para
alcanzar los corazones dorados habría sido necesario arrancar los pétalos
violetas. Permanecerían firmemente cerrados hasta el retorno del sol. Aun en su
sueño eran hermosos. El relampagueo se movía hacia la ciudad; reinaba ahora
completa oscuridad, y se oía netamente el murmullo del arroyo.
Pasando la aldea el sendero conducía hasta el camino por el que
volvimos a la ruidosa ciudad.
El joven tendría unos veinte años; era robusto, había viajado un
poco y cursado estudios en un colegio. Estaba nervioso y había ansiedad en sus
ojos. Era tarde, pero deseaba conversar; deseaba que alguien explorase su mente
por él. Se explicó con sencillez, sin ninguna vacilación ni pretensión. Su
problema era claro, pero no para él; procedía a tientas.
No escuchamos ni descubrimos lo que es; tratamos de introducir nuestras ideas y opiniones en los demás,
procurando forzarlos dentro del marco de nuestro pensamiento. Nuestros propios
pensamientos y juicios son así mucho más importantes para nosotros que
descubrir lo que es. Lo que es siempre es sencillo: pero nosotros
somos en cambio complejos. A lo que es,
a lo sencillo, lo hacemos complejo y quedamos perdidos en ello. Sólo escuchamos
al creciente ruido de nuestra propia confusión. Para escuchar, debemos estar
libres. No es que no deba haber distracciones, pues el pensar mismo es una
forma de distracción. Debemos estar libres para estar silenciosos, y sólo así
es posible oír.
Continuó diciendo que cuando estaba por dormirse tenía a veces que
sentarse con un estremecimiento de puro miedo. Entonces la habitación perdía
sus proporciones; las paredes se achataban, no había cielo raso y el piso
desaparecía. Quedaba espantado y sudoroso. Esto le venía ocurriendo desde hacia
varios años.
¿De qué se asusta Ud.?
“No lo sé; pero cuando despierto con miedo, voy á conversar un rato
con mi hermana, o con mis padres para calmarme, y luego vuelvo a acostarme.
Ellos comprenden, pero estoy ya en los veinte años y esto parece bastante
tonto”.
¿Siente Ud. ansiedad por el futuro?
“Si, un poco. Aunque tenemos dinero, estoy sin embargo inquieto”.
¿Por qué?
“Deseo casarme y
proporcionar comodidades a mi futura esposa”.
¿Por qué le inquieta el futuro? Usted es muy joven, puede trabajar
y darle a ella todo lo necesario. ¿Por qué se preocupa tanto por eso? ¿Teme
perder su posición social?
“En parte sí. Tenemos un coche, algunas propiedades y reputación.
Naturalmente no quiero perder todo esto, y esa puede ser la causa de mi temor.
Pero no es sólo esto. Es el temor de no ser. Cuando despierto con miedo, me
parece que estoy perdido que no soy nada, que me deshago en pedazos”.
Después de todo, puede haber un cambio de gobierno y Ud. puede
perder sus propiedades, su bienestar; pero Ud. es completamente joven, y
siempre puede trabajar. Millones pierden sus bienes mundanos, y Ud. también
podría tener que hacer frente a eso. Además, las cosas del mundo deben ser
compartidas y no poseídas exclusivamente. A su edad, ¿por qué ser tan
conservador, tan temeroso de perder?
“Como he dicho, deseo unirme con mi novia y me preocupo al pensar
que algo puede malograrlo. No es verosímil que eso ocurra, pero yo tengo
necesidad de ella, y ella me necesita a mí y esto puede ser otro motivo de mi
temor”.
¿Es esa la causa de su temor? Usted dice que nada extraordinario
existe que le impida casarse con ella; entonces ¿a qué viene este temor?
“Si, es verdad que podemos casarnos cuando lo decidamos, de modo
que esa no puede ser la causa de mi miedo, al menos por ahora. Pienso más bien
que tengo miedo de no ser, de perder mi identidad, mi nombre”.
Aun cuando Ud. no se preocupara por su nombre, pero tuviera sus
propiedades y lo demás, ¿no seguiría teniendo miedo? ¿Qué queremos significar
con identidad? Es estar identificado con un nombre, con la propiedad, con una
persona, con ideas; es estar asociado con algo, ser reconocido como esto o
aquello, estar rotulado como perteneciente a un determinado grupo o país, etc.
Usted teme perder su rótulo, ¿verdad?
“Sí, de otro modo, ¿qué soy yo? Sí, eso es”.
Por lo tanto Ud. es su posesión. Su nombre y su reputación su
automóvil y sus otras propiedades, la muchacha con quien Ud. se está por casar,
las ambiciones que tiene —Ud. es esas cosas. Estas cosas, junto con ciertas
características y valores, constituyen lo que Ud. llama el “yo”; usted es la
suma de todo esto, y teme perderlo. Como le puede ocurrir a cualquiera, siempre
existe la posibilidad de perder; puede venir una guerra, puede haber una
revolución o un cambio de gobierno hacia la izquierda. Algo puede suceder que lo
prive de estas cosas, ahora o mañana. Pero, ¿por qué tener miedo de la
inseguridad? ¿No está la inseguridad en la naturaleza misma de todas las cosas?
Contra esta inseguridad Ud. levanta muros para protegerse; pero estos muros
pueden derrumbarse, y están siempre derrumbándose. Usted puede eludirla por un
tiempo, pero el peligro de la inseguridad está siempre allí. Lo que es, no
puede ser evitado; le guste o no le guste, la inseguridad está allí. Esto no
significa que deba resignarse a ello, o que deba aceptarlo o rechazarlo; pero
Ud. es joven, ¿por qué lo atemoriza la inseguridad?
“Ahora que lo presenta de este modo, creo que lo que me atemoriza
no es la inseguridad. En realidad no me preocupa tener que trabajar, trabajo
más de ocho horas por día en mi empleo, y aunque no me guste particularmente,
puedo sobrellevarlo. No, no tengo miedo de perder las propiedades, el coche,
etc., y mi novia y yo podemos casarnos cuando lo queramos. Veo ahora que no es
nada de esto lo que crea mis temores. ¿Qué es entonces?”
Indaguemos juntos. Podría decírselo, pero eso no sería su
descubrimiento lo sería sólo en el nivel verbal, y por lo tanto completamente
inútil. El hallarlo será su propia vivencia, y esto es lo realmente importante.
Descubrir es vivenciar; lo descubriremos pues juntos.
Si no es ninguna de estas cosas que tiene miedo de perder, si no
siente temor de estar exteriormente inseguro, entonces de qué está ansioso? No
conteste apresuradamente; escuche, esté atento para descubrir. ¿Está Ud.
enteramente seguro de que no es la inseguridad física lo que le asusta? En
cuanto es posible estar seguro de tales cosas, dice Ud. que no le asusta. Si
Ud. está seguro que eso no es una simple afirmación verbal, entonces ¿de qué se
asusta?
“Estoy completamente seguro de que no me asusta la inseguridad
física; podemos casarnos y tener lo que necesitamos. Es algo más que la mera
pérdida de cosas lo que me da miedo. ¿Pero, qué es?”
Lo descubriremos, pero considerémoslo tranquilamente. Usted desea
realmente descubrirlo, ¿no es así?
“Por supuesto, especialmente ahora que lo hemos ahondado tanto:
¿Qué puede ser lo que me asusta?”
Para averiguarlo debemos estar tranquilos, vigilantes, sin premura.
Si no le asusta la inseguridad física, ¿tiene acaso miedo de la inseguridad
interior, de no ser capaz de realizar el fin que se ha propuesto para Ud.
mismo? No conteste, escuche nada más. ¿Se siente incapaz de llegar a ser algo?
Probablemente Ud. tiene un ideal religioso; ¿siente acaso que no tiene la
capacidad de vivirlo o de realizarlo? ¿Tiene acaso una sensación de
desesperación, un sentimiento de culpa o de frustración?
“Es exactamente así. Desde que le oí hace algunos años siendo yo un
muchacho, ha sido mi ideal, si puedo decirlo, así, ser como Ud. Está en la
sangre de mi familia la predisposición a ser religioso, y me ha parecido que
podría ser como Ud., pero hubo un profundo temor de no llegar a alcanzarlo”.
Vayamos lentamente. Aunque a Ud. no le asusta la inseguridad
externa, tiene miedo en cambio de la inseguridad interior. Otros buscan su seguridad
exteriormente mediante una reputación, mediante la fama, el dinero, etc.,
mientras que Ud. quiere estar seguro interiormente mediante un ideal; y siente
que no tiene la capacidad de llegar a ser ese ideal. ¿Por qué requiere llegar a
ser o realizar un ideal? ¿No es sólo para estar seguro, para sentirse a salvo?
A este refugio Ud. lo llama un ideal; pero de hecho lo que desea es estar
seguro, protegido. ¿Es eso?
“Ahora que Ud. lo señala, eso es exactamente”.
Usted es quien ha descubierto esto ahora, ¿no es cierto? Pero
sigamos un poco más. Usted ve la obvia superficialidad de la seguridad
exterior; pero ¿ve también la falsedad de buscar seguridad interior mediante la
realización del ideal? Su refugio es el ideal, en lugar del dinero. ¿Ve
realmente esto?
“Sí, lo veo perfectamente”.
Entonces sea lo que Ud. es. Cuando Ud. ve la falsedad del ideal,
éste lo deja y se aleja de Ud. Usted es lo que es. Desde allí proceda a comprender lo que es —pero no con ningún fin determinado, pues el fin, la meta, está
siempre lejos de lo que es. Lo que es, es Ud. mismo, no en algún
particular período o en una dada modalidad, sino Ud. mismo tal como es de
instante en instante. No se condene a sí mismo ni se resigne con lo que ve,
pero esté atento sin interpretar el movimiento de lo que es. Esto será arduo, pero hay un deleite en ello. Sólo para el que
es libre hay felicidad, y la libertad viene con la verdad de lo que es.



