viernes, 30 de mayo de 2014

EL TEMOR Y LA EVASIÓN



EL TEMOR Y LA EVASIÓN

Subíamos constantemente, sin ningún movimiento perceptible. Debajo de nosotros había un vasto mar de nubes, blancas y deslumbrantes, ola tras ola hasta donde la vista podía alcanzar. Parecían así asombrosamente sólidas y atractivas. Ocasionalmente, al subir más alto en un amplio círculo, aparecieron hendiduras en esta brillante espuma, y muy abajo se divisaba la tierra verde. Por encima nuestro se extendía el claro cielo azul de invierno, suave e inmensurable. Una maciza cadena de montañas cubiertas de nieve corría de norte a sur, resplandeciente en el brillante sol. Estas montañas alcanzaban una elevación de casi cuatro mil quinientos metros, pero nos elevamos por encima de ellas y seguimos todavía subiendo. Constituían una solidaria fila de picos, y parecían muy cercanas y serenas. Los picos más altos estaban al norte, y nosotros nos desviamos hacia el sur, después de haber alcanzado la requerida altura de seis mil quinientos metros.
El pasajero sentado en el asiento próximo era muy conversador. No conocía esas montañas, y había dormitado mientras subíamos, pero ahora estaba despierto y deseoso de conversar. Se notaba que había salido en viaje de negocios por primera vez; parecía tener muchos intereses, y hablaba de ellos con gran información. Ahora teníamos debajo de nosotros el mar, oscuro y distante, y unas pocas naves se veían como puntos aquí y allá. No había ningún temblor de alas, y pasábamos a lo largo de la costa sobre sucesivas ciudades iluminadas. El estaba diciendo que era muy difícil no tener miedo, no particularmente de una caída, sino de todos los accidentes de la vida. Era casado y con hijos, y siempre tenía temor —no sólo del futuro, sino de todas las cosas en general. Era un temor no particularizado, y por más que el éxito le sonriera, este temor tornaba su vida fastidiosa y penosa. Había sido siempre más bien aprensivo, pero ahora el temor se había vuelto extremadamente persistente y sus sueños eran de naturaleza terrorífica. Su esposa conocía sus temores, pero no se daba cuenta de su gravedad.
El miedo sólo puede existir en relación con algo. Como abstracción, es simplemente una palabra, y la palabra no es temor efectivo. ¿Sabe Ud. específicamente de qué siente temor?
“Nunca he sido capaz de concretarlo, y mis sueños también son muy vagos, pero en la trama de todos ellos está el miedo. He hablado de eso a amigos y a médicos, pero o bien se rieron o no me han sido de mucho ayuda. Siempre se me ha escapado, y quisiera estar libre de esta cosa bestial”.
¿Quiere realmente estar libre, o es eso sólo una frase?
“Puedo parecer raro, pero yo daría cualquier cosa por deshacerme de este miedo. No soy una persona particularmente religiosa, pero cosa extraña, he rezado para verme libre de él. Cuando estoy absorto en mi trabajo, o en un juego, se halla a menudo ausente; pero como un monstruo está siempre en acecho, y pronto somos compañeros otra vez”.
¿Siente ese temor ahora? ¿Se da cuenta de que él ronda en este momento? ¿El temor es consciente u oculto?
“Puedo sentirlo, pero no sé si es consciente o inconsciente”.
¿Lo siente como algo lejano o próximo? —no en espacio o distancia, sino como sensación.
“Cuando lo percibo, parece estar muy cerca. ¿Pero qué tiene eso que ver con el temor?”
El temor sólo puede surgir en relación con algo. Ese algo puede ser su familia, su trabajo, su preocupación por el futuro, por la muerte. ¿Teme Ud. la muerte?
“No en forma particular, aunque me gustaría morir repentinamente y no de manera lenta e indecisa. No creo que sea por mi familia que tengo esta ansiedad, ni por mi trabajo”.
Entonces debe ser algo más hondo que las meras relaciones aparentes y superficiales lo que causa este temor. Podríamos señalar en qué consiste ello, pero si Ud. puede descubrirlo por sí mismo tendrá mucha más significación.
¿Por qué motivo no está atemorizado en relación con las cosas superficiales?
“Mi esposa y yo nos amamos mutuamente; ella no se fijaría en ningún otro hombre, y a mí no me atraen otras mujeres. Nos complementamos recíprocamente. Los niños crean una ansiedad, y todo lo que podemos hacer por ellos, lo hacemos; pero con todo este desorden económico en el mundo, no se les puede dar seguridad económica, y ellos tendrán que arreglarse lo mejor que puedan. Mi trabajo es bastante seguro, pero existe el natural temor por lo que podría suceder a mi esposa”.
Por consiguiente Ud. está seguro de sus vínculos íntimos. ¿Por qué tiene tanta certeza?
“No sé por qué, pero lo estoy. Algo tiene uno que dar por admitido, ¿no es cierto?”
No se trata de eso. ¿Iremos a la cuestión? ¿Qué le hace sentirse seguro de sus relaciones íntimas? Cuando dice que Ud. y su señora se complementan recíprocamente, ¿qué quiere significar?
“Que cada uno encuentra felicidad en el otro: compañerismo comprensión, etc. En el fondo, dependemos el uno del otro. Sería un golpe tremendo si algo sucediese a cualquiera de los dos. En ese sentido somos dependientes”.
¿Qué quiere significar con “dependientes”? Quiere decir que sin ella Ud. estaría perdido, que se sentiría completamente solo, ¿es eso? Ella sentiría lo mismo de manera que Uds. serían mutuamente dependientes.
“Pero ¿qué hay de malo en eso?”
No estamos condenando o juzgando, sino sólo inquiriendo. ¿Está Ud. seguro de que quiere profundizar todo esto? ¿Está enteramente seguro? Muy bien, entonces sigamos.
Sin su esposa, Ud. se sentina solo, se hallaría perdido en el sentido más profundo; por consiguiente ella es esencial para Ud., ¿no es así? Usted depende de ella para su felicidad, y a esta dependencia llaman Uds. amor. Usted teme estar solo. Ella está siempre allí para encubrir el hecho de su soledad, como Ud. encubre la de ella; pero el hecho está sin embargo allí, ¿verdad? Nosotros nos utilizamos mutuamente para tapar esta soledad; huimos de ella de muchas maneras, en muchísimas y diferentes formas de relaciones, y cada una de estas relaciones se convierte en una dependencia. Escucho la radio porque la música me hace feliz, me transporta lejos de mí; los libros y los conocimientos son también un muy conveniente escape de mí mismo. Y de todas estas cosas dependemos.
“¿Por qué no había de escapar de mí mismo? No tengo nada de que enorgullecerme, y estando identificado con mi esposa, que es mucho mejor que yo, consigo alejarme de mí mismo”.
Por supuesto, la gran mayoría huyen de sí mismos. Pero al huir de sí mismo, Ud. cae en la dependencia. La dependencia se fortalece, las evasiones se hacen más esenciales en proporción al temor de lo que es. La esposa, el libro, la radio, se toman extremadamente importantes; las evasiones llegan a ser muy importantes, del mayor valor. Yo utilizo a mi esposa como un medio para alejarme de mí mismo, por lo tanto estoy apegado a ella. Debo poseerla, no debo perderla; y ella desea ser poseída, porque ella también me utiliza a mí. Hay una común necesidad de evasión, y nos utilizamos en forma recíproca. A esta utilización le llamamos amor. A Ud. no le gusta lo que es, y por eso huye de sí mismo, de lo que es.
“Eso es bastante claro. Veo algo en eso, me parece sensato. Pero ¿por qué huye uno de sí mismo? ¿De qué escapa uno?”
De su propia soledad, de su propia vacuidad, de lo que Ud. es. Si Ud. huye sin ver lo que es, obviamente no puede comprenderlo; de manera que primero tiene que dejar de huir, de escapar, y sólo entonces podrá observarse a sí mismo tal como es. Pero no puede observar lo que es si está siempre criticándolo, considerando si le gusta o no le gusta. Usted lo llama soledad y lo rehuye; y el mismo escapar de lo que es, es miedo. Usted le tiene miedo a esta soledad, a este vacío, y la dependencia encubre todo esto. Por lo tanto el temor es constante y continuará mientras Ud. huya de lo que es. Estar completamente identificado con algo, con una persona o una idea, no garantiza una evasión final, porque este miedo está siempre en el trasfondo. Aparece en los sueños, cuando hay alguna brecha en la identificación; y hay siempre una brecha en la identificación, a menos que uno sea un desequilibrado.
“Entonces mi miedo proviene de mi propia vacuidad, de mi insuficiencia. Veo eso muy bien, y es cierto; pero ¿qué debo hacer al respecto?”
No puede hacer nada. Todo lo que haga será una actividad de fuga. Esa es la cosa más esencial que debe comprender. Entonces verá que Ud. no es diferente ni está separado de esa vacuidad. Usted es esa insuficiencia. El observador es la vacuidad observaba. Si entonces Ud. avanza más allá, no existirá ya el llamar a eso soledad; el nombrarla habrá cesado. Si avanza aun más, cosa que es bastante ardua, lo que conoció como soledad deja de ser; hay una completa cesación de la soledad, de la vacuidad, del pensador tanto como del pensamiento. Únicamente esto pone fin al miedo.
“¿Entonces qué es el amor?”
El amor no es identificación; no es el pensamiento sobre lo amado. Usted no piensa en el amor cuando él está allí; piensa en él sólo cuando está ausente, cuando hay distancia entre Ud. y el objeto de su amor. Cuando hay comunión directa, no hay pensamiento, no hay imagen, no hay reactivación del recuerdo; es cuando la comunión se interrumpe, en cualquier nivel, que comienza el proceso del pensamiento, de la imaginación. El amor no es de la mente. La mente hace el humo de la envidia, de la posesión, de la ausencia, del recuerdo del pasado, de la inquietud por el mañana, del sufrimiento y del fastidio; y esto efectivamente aboga la llama. Cuando no hay humo, la llama está. Los dos no pueden coexistir; el pensamiento de que ellos existen juntos no es más que un deseo. Un deseo es una proyección del pensamiento, y el pensamiento no es amor.