viernes, 30 de mayo de 2014

LA INTEGRACIÓN



LA INTEGRACIÓN

Los perrillos, rollizos y limpios, jugaban en la cálida arena. Eran seis, todos blancos con manchas oscuras. Un poco más lejos la madre reposaba a la sombra. Estaba flaca y tan sarnosa que apenas le quedaban pelos. Tenía varias heridas en el cuerpo, pero meneaba la cola demostrando así que se sentía feliz con sus rechonchos cachorros. Probablemente no tenía más de un mes de vida. Era uno de esos perros vagabundos que recogen lo que pueden en las calles sucias o en los alrededores de alguna pobre aldea, siempre hambrientos y siempre andando. La gente le tiraba piedras, la ahuyentaba de sus puertas, y ella la debía esquivar. Pero aquí en la sombra los recuerdos del ayer estaban distantes, y además se hallaba exhausta; por otra parte, los cachorritos eran mimados y entretenidos por la gente. La tarde declinaba; a través del ancho río llegaba una brisa suave y refrescante, y por el momento había contento. Dónde conseguiría su próxima comida era otro asunto, pero ¿para qué luchar ahora?
Pasando la aldea, a lo largo de la presa, más allá de los verdes campos y al final de un ruidoso y polvoriento camino, se llegaba a la casa en que la gente estaba esperando para conversar. Eran de todo tipo: el contemplativo y el impaciente, el perezoso y el razonador, el perspicaz y el que vive de acuerdo con definiciones y conclusiones. Los contemplativos eran pacientes con los menos vivaces, pero los perspicaces se mostraban incisivos; no obstante, el que es lento tiene que ponerse a la par del rápido. La comprensión viene en relámpagos, y debe haber intervalos de silencio para que los relámpagos se produzcan; pero el ágil es demasiado impaciente para dejar lugar a estos relámpagos. La comprensión no es verbal, y no existe comprensión intelectual. La comprensión intelectual sólo ocurre en el nivel verbal, y por consiguiente no es comprensión en absoluto. La comprensión no llega como un resultado del pensamiento, pues el pensamiento después de todo es verbal. No hay pensamiento sin memoria, y la memoria es la palabra, el símbolo, el proceso de hacer imágenes. En este nivel no hay comprensión. La comprensión viene en el espacio entre dos palabras, en este intervalo que existe antes que la palabra moldee el pensamiento. La comprensión no es para el perspicaz ni para el lerdo, sino para los que se dan cuenta de este inmensurable espacio.
“¿Qué es la desintegración? Vemos la rápida desintegración de las relaciones humanas en el mundo, pero más aún en nosotros mismos. ¿Cómo puede detenerse esta decadencia? ¿Cómo podemos integrarnos?”
Hay integración si podemos estar atentos a las modalidades de la desintegración. La integración no es en uno o dos niveles de nuestra existencia, es el advenimiento en conjunto de la totalidad. Antes que eso pueda ser, debemos averiguar lo que significa la desintegración, ¿no es cierto? ¿Es el conflicto un indicio de desintegración? No estamos buscando una definición, sino el significado que encierra esa palabra.
“¿No es la lucha inevitable? Toda existencia es lucha; sin la lucha habría decadencia. Si no tuviésemos que luchar por un objetivo, degeneraríamos. Luchar es tan esencial como respirar”.
Una enunciación categórica detiene toda pesquisa. Estamos tratando de averiguar cuáles son los factores de la desintegración, y tal vez el conflicto, sea uno de ellos. ¿Qué entendemos por conflicto, lucha?
“Competencia, rivalidad, hacer un esfuerzo, la voluntad de realizar, descontento, etc.”
La lucha no existe sólo en un nivel de la existencia, sino en todos los niveles. El proceso del devenir es lucha, conflicto, ¿no es así? El empleado que llega a ser gerente, el vicario que llega a ser obispo, el discípulo que se convierte en Maestro —este devenir psicológico es esfuerzo, conflicto.
“¿Podemos obrar sin este proceso del devenir? ¿No es una necesidad? ¿Cómo puede uno estar libre de conflicto? ¿No hay temor detrás de este esfuerzo?”
Lo que estamos tratando de averiguar, de vivenciar, no meramente en el nivel verbal sino profundamente, es qué produce la desintegración, y no cómo estar libre del conflicto o lo que hay detrás de él. Vivir y devenir son dos estados diferentes, ¿no es así? La existencia puede implicar esfuerzo, pero estamos considerando el proceso de llegar a ser, el ansia psicológica de ser mejores, de ser algo, la lucha para cambiar lo que es en su opuesto. Este devenir psicológico puede ser el factor que hace el diario vivir penoso, competitivo, un vasto conflicto. ¿Qué entendemos por devenir? El devenir psicológico del sacerdote que quiere ser obispo, del discípulo que desea ser Maestro, y así por el estilo. En este proceso de llegar a ser hay esfuerzo, positivo o negativo; es la lucha para cambiar lo que es en algo distinto, ¿no es así? Soy esto y quiero llegar a ser aquello, y este llegar a ser es una serie de conflictos. Cuando he llegado a ser aquello, todavía hay otro aquello, y así sucesivamente en un proceso interminable. El esto que llega a ser aquello no tiene fin, y así el conflicto nunca concluye. Ahora bien; ¿por qué quiero yo llegar a ser algo distinto de lo que soy?
“A causa de nuestro condicionamiento, de las influencias sociales, por nuestros ideales. No podemos evitarlo, es nuestra naturaleza”.
Al decir que no podemos evitarlo ponemos punto final a la discusión. Es una mente perezosa la que hace esta afirmación al mismo tiempo que soporta el sufrimiento, lo cual es estupidez. ¿Por qué estamos tan condicionados? ¿Quién nos condiciona? Desde que permitimos que se nos condicione, nosotros mismos creamos esas condiciones. ¿Es el ideal que nos hace luchar para llegar a ser aquello cuando somos esto? ¿Es la meta, la utopía, que engendra el conflicto? ¿Degeneraríamos si no lucháramos por un objetivo?
“Por supuesto. Nos estancaríamos, iríamos de mal en peor. Es fácil caer al infierno pero difícil trepar al cielo”.
De nuevo tenemos ideas, opiniones sobre lo que sucedería, pero no vivenciamos directamente lo que sucede. Las ideas impiden la comprensión, lo mismo que las conclusiones y las explicaciones. ¿Son las ideas y los ideales el motivo que nos lleva a luchar para realizar, para devenir? Soy esto, ¿y es el ideal que me hace luchar para llegar a ser aquello? ¿Es el ideal la causa del conflicto? ¿Es el ideal totalmente distinto de lo que es? Si es completamente diferente, si no tiene relación con lo que es, entonces lo que es no puede llegar a ser el ideal. Para llegar a serlo, debe haber relación entre los que es y el ideal, la meta. Usted dice que el ideal nos da el impulso para la lucha; averigüemos, pues, cómo surge el ideal. ¿No es el ideal una proyección de la mente?
“Yo deseo ser como Ud. ¿Es eso una proyección?”
Por cierto que lo es. La mente tiene una idea, tal vez agradable, y quisiera ser como esa idea, lo cual es una proyección de su deseo. Usted es esto, que no le gusta, y quiere llegar a ser aquello, que le gusta. El ideal es una autoproyección; lo opuesto es una prolongación de lo que es; no es en absoluto lo opuesto, sino una continuidad de lo que es, quizás algo modificada. La proyección es deseada por uno mismo, y el conflicto es la lucha en procura de la proyección. Lo que es se proyecta en forma de ideal y lucha para acercarse a él y a esta lucha se la llama devenir. El conflicto entre los opuestos es considerado necesario, esencial. Este conflicto consiste en que lo que es, trata de llegar a ser lo que no es, y lo que no es, es el ideal, la autoproyección. Usted lucha para llegar a ser algo, y ese algo es parte de Ud. mismo. El ideal es su propia proyección. Observe cómo la mente se ha jugado una treta a sí misma. Usted lucha por palabras, persiguiendo su propia proyección, su propia sombra. Usted es violento y lucha para llegar a ser no—violento, el ideal; pero el ideal es una proyección de lo que es, aunque con un nombre diferente. Esta lucha se considera necesaria, espiritual, evolutiva, etc.; pero está totalmente dentro de la jaula de la mente y sólo conduce a la ilusión.
Cuando Ud. se dé cuenta de este engaño que Ud. mismo se ha preparado, entonces verá lo falso como tal. La lucha en procura de una ilusión es el factor desintegrante. Todo conflicto, todo devenir es desintegración. Cuando hay alerta percepción de este engaño que la mente se ha preparado a sí misma, entonces sólo existe lo que es. Cuando la mente está libre de todo devenir, de todos los ideales, de toda comparación y condenación, cuando se ha derrumbado toda su estructura, entonces lo que es ha sufrido una completa transformación. Mientras exista el nombrar de lo que es, habrá una inmediata relación entre la mente y lo que es; pero cuando este proceso de nombrar —que es memoria, la estructura misma de la mente— ya no existe, entonces lo que es deja de ser. Únicamente en esta transformación hay integración.
La integración no es la acción de la voluntad, no es el proceso de llegar a ser integrado. Cuando no hay desintegración, cuando no hay conflicto, cuando no hay lucha para llegar a ser, sólo entonces está allí el ser de la totalidad, lo completo.