jueves, 29 de mayo de 2014

LA SATISFACCIÓN



LA SATISFACCIÓN

El cielo estaba cubierto de gruesas nubes y el día era caluroso, aunque la brisa jugaba con las hojas. Se oían truenos distantes y una ligera lluvia había aplacado el polvo sobre el camino. Los papagayos volaban caprichosamente chillando a voz en cuello, y una gran águila se había asentado en la rama más alta de un árbol, componiéndose las plumas y escudriñando todos los movimientos que se producían abajo en el suelo. Un monito se hallaba ubicado en otra rama, y los dos se observaban recíprocamente a prudente distancia. Luego se les unió un cuervo. Al terminar su arreglo matutino el águila permaneció muy quieta por un rato, y luego emprendió el vuelo. Excepto para los seres humanos, un nuevo día comenzaba; nada era igual que ayer. Los árboles y los papagayos no eran los mismos; el pasto y los arbustos eran de una calidad completamente diferente. El recuerdo del ayer sólo oscurece el hoy, y la comparación impide la percepción. ¡Qué graciosas eran esas flores rojas y amarillas! La gracia no es del tiempo. Llevamos nuestras cargas día tras día, y jamás hay un día sin la sombra de muchos oyeres. Nuestros días son un continuo movimiento, el ayer fundiéndose en el hoy y el mañana; jamás hay un final. Nos espanta el terminar; pero sin un terminar, ¿cómo puede existir lo nuevo? Sin la muerte, ¿cómo puede haber vida? ¡Y qué poco sabemos de las dos! Tenemos todas las palabras, las explicaciones, y nos satisfacemos con ellas. Las palabras falsean el terminar, y sólo hay terminar cuando la palabra ya no está. Conocemos el terminar que es de las palabras; pero el terminar sin palabras, el silencio que no es de las palabras, jamás lo conocemos. Conocer es memoria; la memoria siempre es continua, y el deseo es el hilo que ata un día con otro. El terminar del deseo es lo nuevo. La muerte es lo nuevo, y la vida como continuidad sólo es memoria, una cosa vacía. Con lo nuevo, la vida y la muerte son uno.
Un muchacho pasaba dando largos pasos, cantando mientras caminaba. Sonreía a todos los que él pasaba y parecía tener muchos amigos. Estaba mal vestido, y llevaba una sucia faja alrededor de la cabeza, pero tenía radiante el rostro y brillantes los ojos. Con sus largos pasos se adelantó a un hombre gordo que tenia puesta una gorra. No oyó la canción del muchacho, ni siquiera echó una ojeada al cantor. El muchacho atravesó los portones; después de cruzar los hermosos jardines y el puente sobre el río, hizo un rodeo hacia el mar, donde se le unieron varios compañeros, y cuando caía la noche todos empezaron a cantar juntos. Las luces de un coche alumbraban sus rostros, y en sus ojos profundos había un deleite desconocido. Se puso a llover fuerte, y todo chorreaba agua.
El era doctor no sólo en medicina sino también en psicología. Delgado, tranquilo y reservado, había llegado de allende los mares, y había estado bastante tiempo en este país como para acostumbrarse al sol y a las lluvias torrenciales. Dijo que había trabajado como médico y como psicólogo durante la guerra, y ayudado tanto como su capacidad se lo permitió, pero no estaba satisfecho con lo que había dado. Quería dar mucho más, ayudar mucho más profundamente: lo que había dado era tan poco, y tanto lo que faltaba hacer en todas partes.
Estuvimos sentados sin pronunciar palabra durante un largo rato, mientras él condensaba la tensión que lo embargaba. El silencio es una cosa extraña. El pensamiento no contribuye al silencio, ni lo crea. No es posible unirse al silencio, ni viene él por acción de la voluntad. El recuerdo del silencio no es silencio. El silencio estaba en la habitación con palpitante quietud, y la conversación no lo perturbaba. La conversación adquiría significación en ese silencio, y el silencio era el trasfondo de la palabra. El silencio daba expresión, pero el pensamiento no era silencio. El pensar no era, pero el silencio era; y el silencio penetró, unió y dio expresión. El pensar jamás puede penetrar, y en el silencio hay comunión.
El doctor decía que estaba disconforme con todo: con su trabajo, con sus capacidades, con todas las ideas tan cuidadosamente cultivadas. Había probado las diversas escuelas del pensamiento, y ninguna le satisfacía. Durante muchos meses desde su llegada, había estado con varios instructores, pero los tuvo que dejar con aun mayor insatisfacción. Había experimentado muchos ismos, incluso el cinismo, pero su insatisfacción continuaba.
¿Es que busca Ud. insatisfacción y no la ha obtenido hasta ahora? ¿Es el deseo de satisfacción la causa del descontento? Buscar implica conocer. Dice Ud. que no está satisfecho, y sin embargo está buscando; busca satisfacción, y aún no la ha obtenido, Usted desea satisfacción, lo que significa que no está insatisfecho. Si estuviera realmente insatisfecho con todo, no estaría buscando un modo de evitarlo. La insatisfacción que busca satisfacerse pronto encuentra lo que quiere en alguna clase de relación con las posesiones, con una persona, o con algún ismo.
“He pasado por todo eso, y sin embargo sigo completamente insatisfecho”.
Puede estar insatisfecho en cuanto a las relaciones exteriores, pero tal vez busque algún vínculo psicológico que le brinde plena satisfacción.
“También he pasado por eso, pero sigo estando insatisfecho”. Me pregunto si Ud. lo está realmente. Si estuviera enteramente descontento, no habría movimiento en ninguna dirección particular, ¿no es así? Si estuviera completamente insatisfecho con el hecho de estar en una habitación, Ud. no buscaría una habitación más amplia y con muebles más finos; sin embargo, este deseo de hallar una habitación mejor es lo que Ud. llama insatisfacción. Ud. no está insatisfecho con todas las habitaciones, sino solamente con esta habitación en particular, de la cual desea escapar. Su insatisfacción proviene del hecho de no haber hallado completa satisfacción. Lo que en realidad busca Ud. es gratificación, por eso se mueve constantemente juzgando, comparando, pensando, negando y naturalmente esta insatisfecho. ¿No es eso?
 “Parece que fuera así, en efecto”.
Así pues Ud. está realmente no insatisfecho; simplemente no ha podido encontrar hasta ahora completa y permanente satisfacción en nada. Eso es lo que Ud. desea: completa satisfacción, algún profundo y perdurable contenido interior.
“Pero yo deseo ayudar, y este descontento impide que me entregue a ello completamente”.
Su propósito es ayudar y hallar en eso completa satisfacción. En realidad no desea ayudar, sino obtener satisfacción en la ayuda. Usted procura satisfacción ayudando, otro la busca en algún ismo, y otro aun en alguna clase de afición. Lo que Ud. busca es una droga completamente satisfactoria a la que por el momento llama ayuda. Al tratar de pertrecharse para ayudar, lo hace para lograr una completa satisfacción. Lo que en verdad Ud. quiere es una duradera autosatisfacción.
En la mayoría de nosotros, el descontento con facilidad halla contento. Pronto adormecemos nuestro descontento; pronto lo dopamos, lo aquietamos y lo hacemos respetable. Exteriormente Ud. puede haber terminado con todos los ismos, pero psicológicamente, en lo más profundo, está buscando algo a que aferrarse. Usted dice que ha terminado con toda relación personal con otros. Puede ser que en la relación personal no haya encontrado una satisfacción duradera, y que por eso busque relacionarse con una idea, que siempre es autoproyectada. En la búsqueda de una relación que sea completamente satisfactoria, de un seguro refugio que resista todas las tormentas, ¿no pierde Ud. la única cosa que trae contento? Contento, quizá sea una fea palabra, pero el verdadero contento no implica estancamiento, reconciliación, apaciguamiento, insensibilidad. El contento es la comprensión de lo que es, y lo que es jamás es estático. Una mente que interpreta, que traduce lo que es, está atrapada en su propio prejuicio de satisfacción. Interpretación no es comprensión.
Con la comprensión de lo que es llega el inagotable amor, la ternura, la humildad. Quizá sea esto el motivo de su búsqueda; pero eso no puede ser buscado ni hallado. Haga lo que hiciere, jamás lo hallará. Estará allí cuando toda búsqueda haya terminado. Usted puede buscar solamente aquello que ya conoce, vale decir más satisfacción. Buscar y vigilar son dos procesos diferentes: el uno ata, y el otro trae comprensión. La búsqueda, teniendo un fin en vista, siempre ata; la pasiva vigilancia trae comprensión de lo que es de instante en instante. En lo que es de instante en instante hay siempre un terminar; en la búsqueda hay continuidad. La búsqueda jamás puede encontrar lo nuevo; Únicamente en el terminar está lo nuevo. Lo nuevo es lo inagotable. Sólo en el amor hay eterna renovación.