LA SATISFACCIÓN
El cielo estaba
cubierto de gruesas nubes y el día era caluroso, aunque la brisa jugaba con las
hojas. Se oían truenos distantes y una ligera lluvia había aplacado el polvo
sobre el camino. Los papagayos volaban caprichosamente chillando a voz en
cuello, y una gran águila se había asentado en la rama más alta de un árbol,
componiéndose las plumas y escudriñando todos los movimientos que se producían
abajo en el suelo. Un monito se hallaba ubicado en otra rama, y los dos se
observaban recíprocamente a prudente distancia. Luego se les unió un cuervo. Al
terminar su arreglo matutino el águila permaneció muy quieta por un rato, y
luego emprendió el vuelo. Excepto para los seres humanos, un nuevo día
comenzaba; nada era igual que ayer. Los árboles y los papagayos no eran los
mismos; el pasto y los arbustos eran de una calidad completamente diferente. El
recuerdo del ayer sólo oscurece el hoy, y la comparación impide la percepción.
¡Qué graciosas eran esas flores rojas y amarillas! La gracia no es del tiempo.
Llevamos nuestras cargas día tras día, y jamás hay un día sin la sombra de
muchos oyeres. Nuestros días son un continuo movimiento, el ayer fundiéndose en
el hoy y el mañana; jamás hay un final. Nos espanta el terminar; pero sin un
terminar, ¿cómo puede existir lo nuevo? Sin la muerte, ¿cómo puede haber vida?
¡Y qué poco sabemos de las dos! Tenemos todas las palabras, las explicaciones,
y nos satisfacemos con ellas. Las palabras falsean el terminar, y sólo hay
terminar cuando la palabra ya no está. Conocemos el terminar que es de las
palabras; pero el terminar sin palabras, el silencio que no es de las palabras,
jamás lo conocemos. Conocer es memoria; la memoria siempre es continua, y el
deseo es el hilo que ata un día con otro. El terminar del deseo es lo nuevo. La
muerte es lo nuevo, y la vida como continuidad sólo es memoria, una cosa vacía.
Con lo nuevo, la vida y la muerte son uno.
Un muchacho pasaba dando largos pasos, cantando mientras caminaba.
Sonreía a todos los que él pasaba y parecía tener muchos amigos. Estaba mal
vestido, y llevaba una sucia faja alrededor de la cabeza, pero tenía radiante
el rostro y brillantes los ojos. Con sus largos pasos se adelantó a un hombre
gordo que tenia puesta una gorra. No oyó la canción del muchacho, ni siquiera
echó una ojeada al cantor. El muchacho atravesó los portones; después de cruzar
los hermosos jardines y el puente sobre el río, hizo un rodeo hacia el mar,
donde se le unieron varios compañeros, y cuando caía la noche todos empezaron a
cantar juntos. Las luces de un coche alumbraban sus rostros, y en sus ojos
profundos había un deleite desconocido. Se puso a llover fuerte, y todo
chorreaba agua.
El era doctor no sólo en medicina sino también en psicología.
Delgado, tranquilo y reservado, había llegado de allende los mares, y había
estado bastante tiempo en este país como para acostumbrarse al sol y a las
lluvias torrenciales. Dijo que había trabajado como médico y como psicólogo
durante la guerra, y ayudado tanto como su capacidad se lo permitió, pero no
estaba satisfecho con lo que había dado. Quería dar mucho más, ayudar mucho más
profundamente: lo que había dado era tan poco, y tanto lo que faltaba hacer en
todas partes.
Estuvimos sentados sin pronunciar palabra durante un largo rato,
mientras él condensaba la tensión que lo embargaba. El silencio es una cosa
extraña. El pensamiento no contribuye al silencio, ni lo crea. No es posible
unirse al silencio, ni viene él por acción de la voluntad. El recuerdo del
silencio no es silencio. El silencio estaba en la habitación con palpitante
quietud, y la conversación no lo perturbaba. La conversación adquiría
significación en ese silencio, y el silencio era el trasfondo de la palabra. El
silencio daba expresión, pero el pensamiento no era silencio. El pensar no era,
pero el silencio era; y el silencio penetró, unió y dio expresión. El pensar
jamás puede penetrar, y en el silencio hay comunión.
El doctor decía que estaba disconforme con todo: con su trabajo,
con sus capacidades, con todas las ideas tan cuidadosamente cultivadas. Había
probado las diversas escuelas del pensamiento, y ninguna le satisfacía. Durante
muchos meses desde su llegada, había estado con varios instructores, pero los
tuvo que dejar con aun mayor insatisfacción. Había experimentado muchos ismos,
incluso el cinismo, pero su insatisfacción continuaba.
¿Es que busca Ud. insatisfacción y no la ha obtenido hasta ahora?
¿Es el deseo de satisfacción la causa del descontento? Buscar implica conocer.
Dice Ud. que no está satisfecho, y sin embargo está buscando; busca
satisfacción, y aún no la ha obtenido, Usted desea satisfacción, lo que
significa que no está insatisfecho. Si estuviera realmente insatisfecho con
todo, no estaría buscando un modo de evitarlo. La insatisfacción que busca
satisfacerse pronto encuentra lo que quiere en alguna clase de relación con las
posesiones, con una persona, o con algún ismo.
“He pasado por todo eso, y sin embargo sigo completamente
insatisfecho”.
Puede estar insatisfecho en cuanto a las relaciones exteriores,
pero tal vez busque algún vínculo psicológico que le brinde plena satisfacción.
“También he pasado por eso, pero sigo estando insatisfecho”. Me
pregunto si Ud. lo está realmente. Si estuviera enteramente descontento, no
habría movimiento en ninguna dirección particular, ¿no es así? Si estuviera
completamente insatisfecho con el hecho de estar en una habitación, Ud. no
buscaría una habitación más amplia y con muebles más finos; sin embargo, este
deseo de hallar una habitación mejor es lo que Ud. llama insatisfacción. Ud. no
está insatisfecho con todas las habitaciones, sino solamente con esta
habitación en particular, de la cual desea escapar. Su insatisfacción proviene
del hecho de no haber hallado completa satisfacción. Lo que en realidad busca
Ud. es gratificación, por eso se mueve constantemente juzgando, comparando,
pensando, negando y naturalmente esta insatisfecho. ¿No es eso?
“Parece que fuera así, en
efecto”.
Así pues Ud. está realmente no insatisfecho; simplemente no ha
podido encontrar hasta ahora completa y permanente satisfacción en nada. Eso es
lo que Ud. desea: completa satisfacción, algún profundo y perdurable contenido
interior.
“Pero yo deseo ayudar, y este descontento impide que me entregue a
ello completamente”.
Su propósito es ayudar y hallar en eso completa satisfacción. En
realidad no desea ayudar, sino obtener satisfacción en la ayuda. Usted procura
satisfacción ayudando, otro la busca en algún ismo, y otro aun en alguna clase
de afición. Lo que Ud. busca es una droga completamente satisfactoria a la que
por el momento llama ayuda. Al tratar de pertrecharse para ayudar, lo hace para
lograr una completa satisfacción. Lo que en verdad Ud. quiere es una duradera
autosatisfacción.
En la mayoría de nosotros, el descontento con facilidad halla
contento. Pronto adormecemos nuestro descontento; pronto lo dopamos, lo
aquietamos y lo hacemos respetable. Exteriormente Ud. puede haber terminado con
todos los ismos, pero psicológicamente, en lo más profundo, está buscando algo
a que aferrarse. Usted dice que ha terminado con toda relación personal con
otros. Puede ser que en la relación personal no haya encontrado una
satisfacción duradera, y que por eso busque relacionarse con una idea, que
siempre es autoproyectada. En la búsqueda de una relación que sea completamente
satisfactoria, de un seguro refugio que resista todas las tormentas, ¿no pierde
Ud. la única cosa que trae contento? Contento, quizá sea una fea palabra, pero
el verdadero contento no implica estancamiento, reconciliación, apaciguamiento,
insensibilidad. El contento es la comprensión de lo que es, y lo que es jamás es
estático. Una mente que interpreta, que traduce lo que es, está atrapada en su propio prejuicio de satisfacción.
Interpretación no es comprensión.
Con la comprensión de lo que es
llega el inagotable amor, la ternura, la humildad. Quizá sea esto el motivo de
su búsqueda; pero eso no puede ser buscado ni hallado. Haga lo que hiciere,
jamás lo hallará. Estará allí cuando toda búsqueda haya terminado. Usted puede
buscar solamente aquello que ya conoce, vale decir más satisfacción. Buscar y
vigilar son dos procesos diferentes: el uno ata, y el otro trae comprensión. La
búsqueda, teniendo un fin en vista, siempre ata; la pasiva vigilancia trae
comprensión de lo que es de instante
en instante. En lo que es de
instante en instante hay siempre un terminar; en la búsqueda hay continuidad.
La búsqueda jamás puede encontrar lo nuevo; Únicamente en el terminar está lo
nuevo. Lo nuevo es lo inagotable. Sólo en el amor hay eterna renovación.