CAUSA Y EFECTO
“Yo sé que Ud. ha
curado”, dijo él, “¿no quisiera curar a mi hijo? Está casi ciego. He visto
varios médicos, y nada pueden hacer. Me aconsejan llevarlo a Europa o América,
pero no soy una persona rica y no está a mi alcance. Por favor, ¿no podría Ud.
hacer algo? Es nuestro único hijo, y mi esposa tiene el corazón destrozado”.
El era un empleado subalterno, pobre pero instruido, y como todos
los demás de su grupo conocía el sánscrito y su literatura. Siguió diciendo que
este sufrimiento provenía del karma del muchacho, y también del de ellos. ¿Qué
habrían hecho para merecer este castigo? ¿Qué mal habían cometido, en una vida
anterior o en la parte más temprana de esta vida, para tener que sobrellevar
semejante dolor? Debía existir alguna causa de esta calamidad, oculta en alguna
acción pasada.
Puede haber una causa inmediata de esta ceguera, que los médicos no
han descubierto todavía; puede haberla provocado alguna enfermedad hereditaria.
Si los médicos no pueden descubrir la causa física, ¿por qué busca Ud. una
causa metafísica en el lejano pasado?
“Averiguando la causa puedo estar en mejores condiciones para
comprender el efecto”.
¿Comprende Ud. algo conociendo su causa? Si uno sabe por qué tiene
miedo, ¿está por eso libre de miedo? Uno puede conocer la causa, pero ¿trae eso
por sí mismo la comprensión? Cuando Ud. dice que comprenderá el efecto conociendo
la causa, quiere decir que se sentina consolado sabiendo cómo se han producido
las cosas, ¿verdad?
“Por supuesto, por eso quiero saber qué acción del pasado ha
producido esta ceguera. Ciertamente sería muy consolador”.
Entonces Ud. quiere consuelo y no comprensión.
“Pero ¿no son ambos la misma cosa? Comprender es hallar consuelo.
¿Para qué sirve la comprensión, si no nos trae ninguna alegría?”
Comprender un hecho puede causar perturbación, no tiene por qué
traer necesariamente alegría. Usted quiere consuelo, y eso es lo que está
buscando. Está perturbado por la dolencia de su hijo y quiere que lo
tranquilicen. A esta tranquilización la llama comprensión. Usted emprende la
búsqueda, no para comprender, sino para ser consolado; su intención es hallar una
manera de apaciguar su perturbación, y a esto llama Ud. buscar la causa. Lo que
principalmente le interesa es que lo adormezcan, tener tranquilidad, y busca un
modo de lograrlo. Nos adormecemos de varias maneras: Dios, los ritos, los
ideales, la bebida, etc. Queremos huir de la perturbación, y una de las
evasiones es la búsqueda de la causa.
“¿Por qué no habríamos de procurar librarnos de la inquietud? ¿Por
qué no habríamos de evitar el sufrimiento?”
¿Acaso la evasión puede librarnos del sufrimiento? Usted puede
cerrar la puerta ante alguna cosa fea, ante algún temor; pero él sigue estando
allí detrás de la puerta, ¿no es cierto? Lo que es suprimido, resistido, no es
comprendido, ¿no es así? Usted puede reprimir o disciplinar a su hijo, pero
seguramente eso no le ayuda a comprenderlo. Está buscando la causa con el fin
de evitar el dolor de la perturbación; con esa intención busca, y naturalmente
hallará lo que busca. Hay una posibilidad de estar libre de sufrimiento sólo
cuando uno observa su proceso, cuando uno se da cuenta de cada una de sus
fases, percibiendo toda su estructura. Eludir el sufrimiento sólo es
fortalecerlo. La explicación de la causa no es la comprensión de la causa.
Mediante la explicación no se libera uno del sufrimiento; el sufrimiento sigue
estando allí, sólo que se lo ha encubierto con palabras, con conclusiones, ya
sean de Ud. mismo o de otro. El estudio de las explicaciones no es el estudio
de la sabiduría; sólo es posible la sabiduría cuando las explicaciones cesan.
Usted está buscando ansiosamente explicaciones que lo adormezcan, y las hallará
pero la explicación no es la verdad. La verdad llega cuando hay observación sin
conclusiones, sin explicaciones, sin palabras. El observador está hecho de
palabras, el “yo” está hecho de explicaciones, conclusiones, condenaciones,
justificaciones, etc. Sólo hay comunión con lo observado cuando el observador
no está; y sólo entonces hay comprensión, liberación del problema.
“Creo que veo esto; pero ¿no existe algo como lo que se llama el
karma?”
¿Qué quiere Ud. decir con esa palabra?
“Las presentes circunstancias son el resultado de acciones
precedentes, del inmediato o del remoto pasado. Este proceso de causa y efecto,
con todas sus ramificaciones, es más o menos lo que se quiere significar con la
palabra karma”.
Eso no es más que una explicación, pero vayamos más allá de las
palabras. ¿Hay una causa fija que produzca un efecto fijo? Cuando la causa y el
efecto son fijos, ¿no hay muerte? Todo lo que sea estático, rígido,
especializado, debe morir. Los animales especializados pronto se extinguen, ¿no
es cierto? El hombre es no—especializado, y por eso hay una posibilidad de que
continúe su existencia. Aquello que es flexible perdura lo que no es flexible
se quiebra. La bellota no puede convertirse más que en una encina la causa y el
efecto están en la bellota. Pero el hombre no está tan completamente encerrado,
especializado; de ahí que si él no se destruye a sí mismo de diversas maneras,
puede sobrevivir. ¿Son la causa y el efecto fijos, estacionarios? Cuando Ud.
emplea la conjunción “y” entre causa y efecto, ¿no quiere decir con eso que
ambos son estacionarios? Pero ¿es acaso estacionaria la causa? ¿Es el efecto
siempre variable? Por cierto, causa—efecto es un proceso continuo, ¿no es
cierto? El hoy es el resultado del ayer, y el mañana resulta del hoy; lo que
era causa se vuelve efecto, y lo que era efecto se convierte en causa. Es un
proceso en cadena, ¿no es así? Una cosa fluye hacia otra, y en ningún punto hay
un alto. Es un constante movimiento, sin nada fijo. Hay muchos factores que
determinan este movimiento causa—efecto—causa.
Las explicaciones, las conclusiones, son estacionarias, tanto si
son de la derecha como de la izquierda, o de la creencia organizada llamada
religión. Cuando se trata de encubrir la vida con explicaciones, hay muerte
para la vida, y eso es lo que la mayoría de nosotros desea; queremos que se nos
adormezca con palabras, con ideas, con pensamientos. La racionalización es
meramente otra forma de calmar el estado perturbador pero el mismo deseo de que
se nos adormezca, de encontrar la causa, de buscar conclusiones, trae
perturbación, y así el pensamiento se ve atrapado en una red que él mismo
fabrica. El pensamiento no puede ser libre, ni puede nunca hacerse libre a sí
mismo. El pensamiento es el resultado de la experiencia, y la experiencia es
siempre condicionante. La experiencia no es la medida de la verdad. La
percepción de lo falso como falso es la liberación de la verdad.



