viernes, 30 de mayo de 2014

CAUSA Y EFECTO



CAUSA Y EFECTO

“Yo sé que Ud. ha curado”, dijo él, “¿no quisiera curar a mi hijo? Está casi ciego. He visto varios médicos, y nada pueden hacer. Me aconsejan llevarlo a Europa o América, pero no soy una persona rica y no está a mi alcance. Por favor, ¿no podría Ud. hacer algo? Es nuestro único hijo, y mi esposa tiene el corazón destrozado”.
El era un empleado subalterno, pobre pero instruido, y como todos los demás de su grupo conocía el sánscrito y su literatura. Siguió diciendo que este sufrimiento provenía del karma del muchacho, y también del de ellos. ¿Qué habrían hecho para merecer este castigo? ¿Qué mal habían cometido, en una vida anterior o en la parte más temprana de esta vida, para tener que sobrellevar semejante dolor? Debía existir alguna causa de esta calamidad, oculta en alguna acción pasada.
Puede haber una causa inmediata de esta ceguera, que los médicos no han descubierto todavía; puede haberla provocado alguna enfermedad hereditaria. Si los médicos no pueden descubrir la causa física, ¿por qué busca Ud. una causa metafísica en el lejano pasado?
“Averiguando la causa puedo estar en mejores condiciones para comprender el efecto”.
¿Comprende Ud. algo conociendo su causa? Si uno sabe por qué tiene miedo, ¿está por eso libre de miedo? Uno puede conocer la causa, pero ¿trae eso por sí mismo la comprensión? Cuando Ud. dice que comprenderá el efecto conociendo la causa, quiere decir que se sentina consolado sabiendo cómo se han producido las cosas, ¿verdad?
“Por supuesto, por eso quiero saber qué acción del pasado ha producido esta ceguera. Ciertamente sería muy consolador”.
Entonces Ud. quiere consuelo y no comprensión.
“Pero ¿no son ambos la misma cosa? Comprender es hallar consuelo. ¿Para qué sirve la comprensión, si no nos trae ninguna alegría?”
Comprender un hecho puede causar perturbación, no tiene por qué traer necesariamente alegría. Usted quiere consuelo, y eso es lo que está buscando. Está perturbado por la dolencia de su hijo y quiere que lo tranquilicen. A esta tranquilización la llama comprensión. Usted emprende la búsqueda, no para comprender, sino para ser consolado; su intención es hallar una manera de apaciguar su perturbación, y a esto llama Ud. buscar la causa. Lo que principalmente le interesa es que lo adormezcan, tener tranquilidad, y busca un modo de lograrlo. Nos adormecemos de varias maneras: Dios, los ritos, los ideales, la bebida, etc. Queremos huir de la perturbación, y una de las evasiones es la búsqueda de la causa.
“¿Por qué no habríamos de procurar librarnos de la inquietud? ¿Por qué no habríamos de evitar el sufrimiento?”
¿Acaso la evasión puede librarnos del sufrimiento? Usted puede cerrar la puerta ante alguna cosa fea, ante algún temor; pero él sigue estando allí detrás de la puerta, ¿no es cierto? Lo que es suprimido, resistido, no es comprendido, ¿no es así? Usted puede reprimir o disciplinar a su hijo, pero seguramente eso no le ayuda a comprenderlo. Está buscando la causa con el fin de evitar el dolor de la perturbación; con esa intención busca, y naturalmente hallará lo que busca. Hay una posibilidad de estar libre de sufrimiento sólo cuando uno observa su proceso, cuando uno se da cuenta de cada una de sus fases, percibiendo toda su estructura. Eludir el sufrimiento sólo es fortalecerlo. La explicación de la causa no es la comprensión de la causa. Mediante la explicación no se libera uno del sufrimiento; el sufrimiento sigue estando allí, sólo que se lo ha encubierto con palabras, con conclusiones, ya sean de Ud. mismo o de otro. El estudio de las explicaciones no es el estudio de la sabiduría; sólo es posible la sabiduría cuando las explicaciones cesan. Usted está buscando ansiosamente explicaciones que lo adormezcan, y las hallará pero la explicación no es la verdad. La verdad llega cuando hay observación sin conclusiones, sin explicaciones, sin palabras. El observador está hecho de palabras, el “yo” está hecho de explicaciones, conclusiones, condenaciones, justificaciones, etc. Sólo hay comunión con lo observado cuando el observador no está; y sólo entonces hay comprensión, liberación del problema.
“Creo que veo esto; pero ¿no existe algo como lo que se llama el karma?”
¿Qué quiere Ud. decir con esa palabra?
“Las presentes circunstancias son el resultado de acciones precedentes, del inmediato o del remoto pasado. Este proceso de causa y efecto, con todas sus ramificaciones, es más o menos lo que se quiere significar con la palabra karma”.
Eso no es más que una explicación, pero vayamos más allá de las palabras. ¿Hay una causa fija que produzca un efecto fijo? Cuando la causa y el efecto son fijos, ¿no hay muerte? Todo lo que sea estático, rígido, especializado, debe morir. Los animales especializados pronto se extinguen, ¿no es cierto? El hombre es no—especializado, y por eso hay una posibilidad de que continúe su existencia. Aquello que es flexible perdura lo que no es flexible se quiebra. La bellota no puede convertirse más que en una encina la causa y el efecto están en la bellota. Pero el hombre no está tan completamente encerrado, especializado; de ahí que si él no se destruye a sí mismo de diversas maneras, puede sobrevivir. ¿Son la causa y el efecto fijos, estacionarios? Cuando Ud. emplea la conjunción “y” entre causa y efecto, ¿no quiere decir con eso que ambos son estacionarios? Pero ¿es acaso estacionaria la causa? ¿Es el efecto siempre variable? Por cierto, causa—efecto es un proceso continuo, ¿no es cierto? El hoy es el resultado del ayer, y el mañana resulta del hoy; lo que era causa se vuelve efecto, y lo que era efecto se convierte en causa. Es un proceso en cadena, ¿no es así? Una cosa fluye hacia otra, y en ningún punto hay un alto. Es un constante movimiento, sin nada fijo. Hay muchos factores que determinan este movimiento causa—efecto—causa.
Las explicaciones, las conclusiones, son estacionarias, tanto si son de la derecha como de la izquierda, o de la creencia organizada llamada religión. Cuando se trata de encubrir la vida con explicaciones, hay muerte para la vida, y eso es lo que la mayoría de nosotros desea; queremos que se nos adormezca con palabras, con ideas, con pensamientos. La racionalización es meramente otra forma de calmar el estado perturbador pero el mismo deseo de que se nos adormezca, de encontrar la causa, de buscar conclusiones, trae perturbación, y así el pensamiento se ve atrapado en una red que él mismo fabrica. El pensamiento no puede ser libre, ni puede nunca hacerse libre a sí mismo. El pensamiento es el resultado de la experiencia, y la experiencia es siempre condicionante. La experiencia no es la medida de la verdad. La percepción de lo falso como falso es la liberación de la verdad.