LA SABIDURÍA NO ES ACUMULACIÓN DE CONOCIMIENTO
La cabaña estaba en
lo alto de la montaña, y para llegar allá había que cruzar en coche el ancho
desierto, pasando por varias ciudades, exuberantes huertos y ricas granjas, que
habían sido ganados al desierto gracias al riego y a una dura labor. Una de las
ciudades era especialmente agradable, con sus verdes prados y grandes y
umbrosos árboles, pues muy cerca pasaba un río que bajaba de las distantes
montañas y se internaba hasta el mismo corazón del desierto. Más allá de esta
ciudad, siguiendo el torrentoso río, el camino conducía hasta los picos
nevados. La tierra era ahora rocosa, desnuda y quemada por el sol, pero había
muchos árboles a lo largo de las orillas del río. El camino serpenteaba,
elevándose siempre más y pasando a través de bosques de antiguos pinos, que
perfumaban el aire bajo el sol. El aire se había vuelto fresco y vivificante, y
pronto llegamos a la cabaña.
Después de un par de días, cuando se hubo acostumbrado a nosotros,
una ardilla colorada y negra solía venir a ubicarse sobre el antepecho de la
ventana y nos regañaba un poco. Quería nueces. Cada visitante debía darle de
comer; pero ahora los visitantes eran escasos, y ella ansiaba hacer provisión
para el cercano invierno. Era una ardilla muy activa y vivaz, y estaba siempre
dispuesta para juntar lo que podía para los muchos meses de frío y nieve que se
aproximaban. Su cueva estaba en el hueco de un árbol que debió haber muerto
hacía muchos años. Recogía una nuez, corría hacia el enorme tronco, trepaba
ruidosamente rezongando y amenazando, desaparecía en la cueva, y luego volvía a
bajar con tal rapidez que uno creía que iba a caer; pero nunca cayó. Nos
pasamos una mañana dándole toda una bolsista de nueces; se hizo muy amiga y
entraba directamente en la habitación, con su pelambre lustroso y sus grandes
ojos chispeantes. Sus garras eran afiladas, y su cola muy espesa. Era un
animalito alegre e inteligente, y parecía dueño de todo el paraje, porque
mantenía alejadas a las otras ardillas.
El era un hombre agradable, ansioso de sabiduría. Quería acopiarla,
del mismo modo que esa ardilla juntaba nueces. Aunque no era pudiente, debió
haber viajado bastante, pues parecía haber tratado mucha gente en diversos
países. Aparentemente había leído mucho también, ya que solía citar frases de
algunos filósofos y santos. Dijo que leía el griego y que tenía nociones de
sánscrito. Se estaba poniendo viejo y anhelaba reunir sabiduría.
¿Puede uno acopiar sabiduría?
“¿Por qué no? Es la experiencia que hace sabio al hombre, y el
conocimiento es esencial para la sabiduría”.
¿Puede un hombre que ha acumulado ser sabio?
«La vida es un proceso de acumulación, una gradual formación del
carácter, un lento desarrollo. La experiencia, después de todo, es la
acumulación de conocimientos. El conocimiento es esencial para toda
comprensión”.
“¿Llega la comprensión con el conocimiento, con la experiencia? El
conocimiento es el residuo de la experiencia, la acumulación del pasado. El
conocimiento, la conciencia, es siempre el pasado; y ¿puede el pasado
comprender? ¿No surge la comprensión en los intervalos en que el pensamiento
está silencioso? ¿Y puede traer comprensión el esfuerzo para prolongar o
acumular esos espacios de silencio?
“Sin acumulación, no existiríamos; no habría continuidad de
pensamiento, de acción. La acumulación es carácter, es virtud. No podemos
existir sin acumular. Si no conociese la estructura de ese motor, no sería
capaz de comprenderlo; si no conociera la composición de la música, no estaría
en condiciones de apreciarla profundamente. Sólo los superficiales saborean la
música. Para apreciar la música, es necesario saber cómo está hecha, cómo está
compuesta. Conocer es acumular. No hay apreciación si no se conocen los hechos.
Cierta clase de acumulación es necesaria para la comprensión, y esto es
sabiduría”.
Para descubrir, debe haber libertad, ¿no es así? Si Ud. está
confinado, sobrecargado, no puede ir lejos. ¿Cómo puede haber libertad si hay
acumulación de cualquier clase? El hombre que acumula, ya sea dinero o
conocimiento, jamás puede estar libre. Usted podrá estar libre de la
adquisitividad de las cosas, pero la codicia de conocimientos también es un
cautiverio, también aprisiona. ¿Es, una mente ligada a cualquier forma de
adquisición, capaz de aventurarse lejos y descubrir? ¿Es la virtud acumulación?
¿Puede acaso una mente que acumula virtud ser virtuosa? ¿No es la virtud
liberación del devenir? El carácter también puede ser un confinamiento. La
virtud jamás puede ser un confinamiento, pero toda acumulación lo es.
“¿Cómo puede haber sabiduría sin experiencia?”
La sabiduría es una cosa, y el conocimiento es otra. El
conocimiento es acumulación de experiencia; es la continuación de la
experiencia, lo cual es memoria. La memoria puede ser cultivada, fortalecida,
formada, condicionada; ¿pero es sabiduría la extensión de la memoria? ¿Es
sabiduría lo que tiene continuación? Tenemos conocimientos, la acumulación de
las generaciones; y ¿por qué no somos sabios, felices, creativos? ¿Traerá el conocimiento
la bienaventuranza? Conocer, que es acumulación de experiencia, no es
vivenciar. Conocer impide vivenciar. La acumulación de experiencia es un
proceso continuo, y cada experiencia fortalece este proceso; cada experiencia
fortifica la memoria, le da vida. Sin esta constante reacción de la memoria,
ella pronto se debilitaría. El pensamiento es la memoria, la palabra, la
acumulación de experiencia. La memoria es el pasado, como lo es la conciencia.
Toda esta cargazón del pasado es la mente, es pensamiento. El pensamiento es lo
acumulado; ¿y cómo puede el pensamiento estar libre para descubrir lo nuevo?
Debe terminar para que lo nuevo sea.
“Yo puedo comprender esto hasta cierto punto; pero sin pensamiento,
¿cómo puede haber comprensión?”
¿Es la comprensión un proceso del pasado, o está siempre en el
presente? La comprensión significa acción en el presente. ¿No ha notado Ud. que
la comprensión es en el instante, que no es del tiempo? ¿Comprende Ud.
gradualmente? La comprensión es siempre inmediata, ahora, ¿verdad? El
pensamiento es el resultado del pasado; está basado en el pasado, es una
respuesta del pasado. El pasado es lo acumulado, y el pensamiento es la
respuesta de la acumulación. ¿Cómo, entonces, puede el pensamiento comprender?
¿Es la comprensión un proceso consciente? ¿Se propone Ud. deliberadamente
comprender? ¿Decide Ud. gozar la belleza de un atardecer?
“Pero ¿no es la comprensión un esfuerzo consciente?”
¿Qué entendemos por ser consciente? ¿Cuándo es Ud. consciente? ¿No
es, ser consciente, la respuesta al desafío, al estímulo, agradable o
desagradable? Esta respuesta al desafío es experiencia. La experiencia es
nombrar, determinar, asociar. Sin nombrar, no habría experiencia, ¿verdad? Todo
este proceso de desafío, respuesta, nombrar, experiencia, es ser consciente,
¿no es así? Ser consciente es siempre un proceso del pasado. El esfuerzo
consciente, la voluntad de comprender, de acumular, la voluntad de ser, es la
continuación del pasado, tal vez modificado, pero siempre del pasado. Cuando hacemos
un esfuerzo para ser o devenir algo, ese algo es la proyección de nosotros
mismos. Cuando hacemos un esfuerzo consciente para comprender, estamos oyendo
el ruido de nuestras propias acumulaciones. Es este ruido que impide la
comprensión.
“Entonces ¿qué es la sabiduría?”
La sabiduría existe cuando el pensamiento termina. El conocimiento
tiene continuidad sin continuidad no hay conocimiento. Lo que tiene continuidad
jamás puede ser libre, lo nuevo. Sólo hay liberación para lo que termina. El
conocimiento jamás puede ser nuevo, siempre está envejeciendo. Lo viejo siempre
está absorbiendo lo nuevo y fortaleciéndose de ese modo. Lo viejo debe cesar
para que lo nuevo sea.
“Usted quiere decir, en otras palabras, que el pensamiento debe
terminar para que la sabiduría sea. Pero ¿cómo puede terminar el pensamientos”
El pensamiento no puede terminar mediante ningún género de
disciplina, de práctica, de compulsión. El pensador es el pensamiento, y él no
puede actuar sobre sí mismo; cuando lo hace, solo es eso un autoengaño. El es
pensamiento, no esta separado del pensamiento; puede presumir que es diferente,
pretender que es distinto, separado, pero eso no es más que una artimaña del
pensamiento para darse permanencia. Cuando el pensamiento intenta poner fin al
pensamiento sólo se fortalece a sí mismo. Haga lo que quiera, el pensamiento no
puede terminar consigo mismo. Es sólo cuajado vemos la verdad de esto que el
pensamiento llega a su fin. Sólo hay liberación cuando vemos la verdad de lo
que es, y la sabiduría es la percepción de esa verdad. Lo que es jamás es
estático, y para estar pasivamente atento a ello debe haber liberación de toda
acumulación.



