ESFUERZO
Empezaba a llover con
bastante suavidad, pero de repente fue como si se hubieran abierto los cielos y
se produjo un diluvio. En la calle el agua llegaba casi a la rodilla y subía
por encima de la acera. No había vibración alguna entre las hojas, y ellas
también estaban silenciosas en su sorpresa. Pasó un coche y luego se quedó
parado, porque el agua le había llegado a las partes esenciales. La gente iba
vadeando a través de las calles, calada hasta los huesos, pero disfrutaba con
aquel aguacero. Los macizos de los jardines se lavaban y el césped estaba
cubierto de varias pulgadas de agua parda. Un pájaro azul oscuro, con alas
color leonado, quería refugiarse entre las espesas hojas, pero se iba mojando
cada vez más y se sacudía muy a menudo. El chaparrón duró algún tiempo, y
entonces cesó súbitamente como había empezado. Todas las cosas quedaban lavadas
y limpias.
¡Cuán sencillo es ser inocente! Sin inocencia es imposible ser
feliz. El placer de las sensaciones no es la felicidad de la inocencia. Ser
inocente es estar libre de la carga de la experiencia. El recuerdo de la
experiencia es lo que corrompe, y no el experimentar mismo. El conocimiento, la
carga del pasado, es corrupción. El poder para acumular, el esfuerzo para
llegar a ser, destruye la inocencia; y sin inocencia, ¿cómo puede haber
sabiduría? Los que se limitan a ser curiosos nunca podrán conocer la sabiduría;
encontrarán, pero lo que encuentren no será la verdad. Los desconfiados nunca
pueden conocer la dicha, porque la sospecha es la ansiedad de su propio ser, y
el miedo engendra corrupción. Impavidez no es valor, sino estar libre de
acumulación.
“No he perdonado esfuerzo para llegar a algo en el mundo, y he
tenido mucho éxito monetario; mis esfuerzos en esa dirección han producido los
resultados que yo quería. También he tratado con ahínco de conseguir que mi
vida familiar sea feliz, pero ya sabéis cómo es esto. La vida familiar no es lo
mismo que hacer dinero o regir una industria. Se trata con seres humanos en los
negocios, pero es en un nivel diferente. En casa hay muchos roces, con muy poco
resultado, y los esfuerzos que hace uno en este terreno parecen servir sólo
para aumentar el desorden. No me quejo, porque no está en mí el hacerlo, pero
el sistema matrimonial está mal todo él. Nos casamos para satisfacer nuestros
apetitos sexuales, sin conocer realmente nada uno del otro y aunque vivimos en
la misma casa y ocasional y deliberadamente producimos un niño, somos como
desconocidos el uno para el otro, y siempre está ahí esa tensión que sólo
conocen las personas casadas. He hecho lo que creo es mi deber, pero no ha
producido los mejores resultados, para decirlo con moderación. Los dos somos
personas dominantes y agresivas, y la cosa no es fácil. Nuestros esfuerzos para
cooperar no han dado por resultado un hondo compañerismo entre nosotros. Aunque
estoy muy interesado en cuestiones psicológicas, ello no ha sido de mucha
ayuda, y quiero ahondar mucho más en este problema”.
El sol había salido, los pájaros llamaban y el cielo estaba claro y
azul después de la tormenta.
¿Qué queréis decir con la palabra esfuerzo?
“Empeñarse tras de algo. Me he empeñado por conseguir dinero y
posición, y he ganado ambas cosas. También me he esforzado en tener una feliz
vida familiar, pero en esto no he tenido mucho éxito; lucho ahora, pues, para
lograr algo más profundo”.
Luchamos con un fin en vista; nos esforzamos tras el logro; hacemos
un esfuerzo constante para llegar a ser algo, positiva o negativamente. La
lucha es siempre para estar seguros de alguna manera. Es siempre hacia algo o
para alejarse de algo. El esfuerzo es siempre una incesante batalla para
adquirir, ¿no es cierto?
“¿Es malo adquirir?”
A eso vamos ahora; pero lo que llamamos esfuerzo es constante
proceso de marchar y llegar, de adquirir en diversas direcciones. Nos cansamos
de una clase de adquisición y nos volvemos hacia otra; y cuando la hemos
obtenido, de nuevo acudimos a otra cosa. El esfuerzo es un proceso de acumular
conocimiento; experiencia, eficiencia, virtud, posesiones, poder, etc.; es un
incesante devenir, expandir, crecer. El esfuerzo hacia un fin, sea digno ó
indigno, tiene siempre que traer conflicto; el conflicto es antagonismo,
oposición, resistencia. ¿Es eso necesario?
“¿Necesario para qué?”
Vamos a verlo. Puede ser necesario el esfuerzo en el nivel
material; el esfuerzo para construir un puente, para producir petróleo, carbón,
etc., es o puede ser beneficioso; pero otra cosa muy diferente es la cuestión
de cómo se hace el trabajo, cómo se producen y distribuyen las cosas, cómo se
reparten los beneficios. Si en el nivel material es utilizado el hombre para un
fin, para un ideal, ya sea por intereses privados o por el Estallo, el esfuerzo
sólo producirá más confusión y desdicha. Tiene que engendrar oposición el
esfuerzo para adquirir, para el individuo, para el Estado o para una
organización religiosa. Sin comprender esta pugna por la adquisición, tendrá
inevitablemente un efecto desastroso sobre la sociedad el esfuerzo en el nivel
físico o material.
¿Es necesario o beneficioso el esfuerzo en el nivel psicológico: el
esfuerzo para ser, para conseguir, para triunfar?
“Si no hacemos tal esfuerzo, ¿no nos limitaremos a descomponernos o
corrompernos, a desintegrarnos?”
¿Pasaría eso? ¿Qué hemos producido hasta ahora por medio del
esfuerzo en el nivel psicológico?
“No mucho; lo reconozco. El esfuerzo ha sido en una dirección
equivocada. La dirección importa, y el esfuerzo bien dirigido es de la mayor
importancia. Es por la falta de acertado esfuerzo por lo que estamos en tal
confusión”.
Decís entonces que hay esfuerzo acertado y desacertado, ¿no? No
sutilicemos sobre palabras. Pero, ¿cómo distinguís entre buen y mal esfuerzo?
¿Con arreglo a qué criterio juzgáis? ¿Cuál es vuestro patrón? ¿Es la tradición,
o es el ideal futuro, el “debería ser”?
“Mi criterio está determinado por lo que trae resultados. Es el
resultado lo importante, y sin el atractivo de una meta, no haríamos esfuerzo
alguno”.
Si el resultado es vuestra medida, entonces no os interesáis por
los medios; ¿o es que os interesáis?
“Utilizaré los medios con arreglo al fin. Si el fin es la
felicidad, entonces hay que encontrar un medio feliz”.
¿No es el medio feliz, el fin feliz? El fin está en los medios, ¿no
es así? Por consiguiente, sólo existen los medios. El medio mismo es el fin, el
resultado.
“Nunca lo he considerado hasta ahora en esta forma, pero veo que es
así”.
Estamos investigando sobre lo que es el medio feliz. Si el esfuerzo
produce conflicto, oposición, dentro y fuera, ¿puede conducir jamás este
esfuerzo a la felicidad? Si el fin está en los medios, ¿cómo puede haber
felicidad a través del conflicto y del antagonismo? Si el esfuerzo produce más
problemas, más conflicto, evidentemente es destructivo y desintegrador. Y ¿por
qué realizamos esfuerzo? ¿No nos esforzamos con el fin de ser más, avanzar,
ganar? El esfuerzo es para más en una dirección, y para menos en otra; implica
adquisición para sí mismo o para un grupo, ¿no es así?
“Sí; así es. El adquirir para sí mismo es, en otro nivel, la
adquisividad del Estado o de la Iglesia”.
El esfuerzo es adquisición, negativa o positiva. ¿Qué es, pues, lo
que estamos adquiriendo? En un nivel adquirimos las necesidades materiales y en
otro utilizamos éstas como medio de autoengrandecimiento; o bien, estando
satisfechos con unas pocas cosas materiales necesarias, adquirimos poder,
posición, fama. Los gobernantes, los representantes del Estado, pueden llevar
exteriormente vidas sencillas y no poseer más que unas pocas cosas, pero han
adquirido poder, y así resisten y dominan.
“¿Creéis que es perniciosa toda adquisición?”
Veamos: la seguridad, que es tener las esenciales cosas físicas
necesarias, es una cosa y la cualidad adquisitiva, otra. Es la adquisividad en
nombre de la raza o el país, en nombre de Dios o en el del individuo, lo que
está destruyendo el sensato y eficiente modo de organizar y proveer a las
necesidades materiales para el bienestar del hombre. Todos tenemos que disponer
de adecuado alimento, vestido y albergue. Esto es sencillo y claro. Ahora bien,
¿qué es lo que tratamos de adquirir, además de esas cosas?
Uno adquiere dinero como medio para el poder, para ciertas
satisfacciones sociales y psicológicas, como medio para ser libre de hacer lo
que uno quiera hacer. Lucha por alcanzar riqueza y posición, con el fin de ser
poderoso de varias maneras; y, habiendo triunfado en cosas externas, quiere ahora
tener éxito, como decís, con respecto a cosas internas.
¿Qué queremos significar con la palabra poder? Ser poderoso es
dominar, subyugar, reprimir, sentirse superior, ser eficiente, etc. Consciente
o inconscientemente, el asceta tanto como la persona mundana, sienten y luchan
por este poder. El poder es una de las expresiones más completas del ego, tanto
si es el poder del conocimiento como el poder sobre sí mismo, el poder mundano
como el poder de la abstinencia. El sentimiento del poder, del dominio, es
extraordinariamente satisfactorio. Vos podéis buscar satisfacción por medio del
poder, otro por la bebida, otro por la adoración, otro, por el conocimiento, y
otro más, esforzándose en ser virtuoso. Cada uno puede obtener su propio efecto
particular, sociológico o psicológico, pero toda adquisición es satisfacción.
La satisfacción, en cualquier nivel, es sensación, ¿no? Nos esforzamos en
obtener mayores y más sutiles variedades de sensación, que una vez llamamos
experiencia, otra, conocimiento, o amor, o la búsqueda de Dios o de la verdad;
y hay la sensación de ser recto, o de ser el eficaz agente de una ideología. El
esfuerzo es para obtener satisfacción, que es sensación. Habéis encontrado
placer en un nivel, y ahora lo buscáis en otro; y cuando lo habéis encontrado
allí, os trasladáis a otro nivel, y así seguís la marcha. A este constante
deseo de satisfacción, de cada vez más sutiles formas de sensación, se lo llama
progreso, pero es incesante conflicto. La búsqueda de satisfacción cada vez más
amplia no tiene fin, por lo cual no termina el conflicto, el antagonismo, y,
por lo tanto, no hay felicidad.
“Veo lo que queréis decir. Decís que el buscar satisfacción en
cualquier forma que sea es realmente buscar la desdicha. El esfuerzo hacia la
satisfacción es dolor perpetuo. Pero ¿qué va uno a hacer? ¿Renunciar a la
satisfacción y limitarse al estancamiento?”
¿Es inevitable el estancamiento si uno no busca satisfacción? ¿Es
necesariamente un estado sin vida el estado sin ansiedad? Seguramente que la
satisfacción, en cualquier nivel que sea, es sensación. El refinamiento de la
sensación es sólo el refinamiento de la palabra. La palabra, el término, el
símbolo, la imagen, desempeña en nuestras vidas un papel extraordinariamente
importante, ¿no es así? Puede ser que ya no busquemos la conmoción, la
sensación del contacto físico, pero la palabra, la imagen, se vuelven muy
importantes. En un nivel acumulamos satisfacción por medios crudos o brutales,
y en otro, por medios que son más sutiles y refinados; pero la acumulación de
palabras es para el mismo propósito que la acumulación de cosas, ¿no es cierto?
¿Por qué acumulamos?
“¡Oh!, supongo que es porque estamos tan descontentos, tan
enteramente aburridos de nosotros mismos, que estamos dispuestos a hacer
cualquier cosa para escapar de nuestra propia superficialidad. Realmente es
así, y me choca estar yo exactamente en esa situación. ¡Es bastante
extraordinario!”
Nuestras adquisiciones son un medio de tapar nuestro propio vacío;
tenemos las mentes como tambores huecos, aporreados por toda mano que pasa y
haciendo mucho ruido. Esta es nuestra vida, el conflicto de los escapes que
nunca satisfacen, y de la desgracia creciente. Es extraño que nunca estemos
solos, nunca rigurosamente solos. Siempre estamos con algo, con un problema,
con un libro, con una persona, y cuando estamos solos, nuestros pensamientos
están con nosotros. Es esencial estar solo, desnudo. Todas las evasiones, todas
las acumulaciones, todo esfuerzo para ser o para no ser, deben cesar; y
únicamente entonces existe la soledad que puede recibir a lo que es único, a lo
inconmensurable.
“¿Cómo va uno a dejar de evadirse?”
Viendo la verdad de que todas las evasiones conducen únicamente a
la ilusión y a la desventura. La verdad libera; no podéis hacer nada sobre
ello; vuestra misma acción de dejar de evadiros es otra evasión. El más elevado
estado de la acción es la verdad.