¿EL ERUDITO O EL SABIO?
Las lluvias habían
barrido el polvo y el calor de muchos meses; las hojas estaban limpias y
relucientes, y nuevas hojas comenzaban a aparecer. Durante toda la noche las
ranas llenaron el aire con su profundo croar, apenas tomaban un descanso, y
arrancaban de nuevo. El río era correntoso, y había suavidad en el aire. Las
lluvias no habían terminado. Negros nubarrones se acumulaban y ocultaban el
sol. La tierra; los árboles y toda la Naturaleza parecían estar esperando otra
purificación. En el camino, de color pardusco, los chicos jugaban en el lodo;
hacían tortas de barro, o construían castillos y casas con muros circundantes.
Había alegría en el aire después de meses de calor, y la tierra empezaba a
cubrirse de verde pasto. Todo estaba renovándose.
Esta renovación es inocencia.
El hombre se consideraba sumamente instruido, y para él el
conocimiento era la esencia misma de la vida. La vida sin conocimiento era peor
que la muerte. Sus conocimientos no se reducían a uno o dos asuntos, sino que
cubrían muchas fases de la vida; podía hablar con seguridad sobre el átomo o el
Comunismo, sobre astronomía o sobre las crecientes anuales del río, sobre la
dieta o la superpoblación. Estaba extraordinariamente orgulloso de su
conocimiento, y como un hábil actor, lo exponía para impresionar; imponía a los
demás silencio y respeto. ¡Cómo nos impresiona el conocimiento, qué temeroso
respeto nos infunde el que sabe! Su inglés era a veces bastante difícil de
comprender. Nunca había estado fuera de su país, pero tenia libros de otros
países. Era dado al conocimiento, como otro podía serlo a la bebida o a algún
otro apetito.
“¿Qué es la sabiduría, si no es conocimiento? ¿Por qué dice Ud. que
se debe suprimir todo conocimiento? ¿No es el conocimiento esencial? Sin
conocimiento, ¿dónde estaríamos? Seríamos todavía como los primitivos,
ignorantes del mundo extraordinario en que vivimos. Sin conocimientos, la
existencia en cualquier nivel sería imposible. ¿Por qué insiste Ud. tanto en la
afirmación de que el conocimiento es un impedimento para la comprensión?”
El conocimiento es condicionante. El conocimiento no nos da
libertad. Uno puede saber cómo construir un aeroplano y volar al otro extremo
del mundo en pocas horas, pero esto no es libertad. El conocimiento no es el
factor creador, porque es continuo, y lo que tiene continuidad jamás puede
conducirnos a lo implícito, a lo imponderable, a lo desconocido. El
conocimiento es un obstáculo para lo abierto, para lo desconocido. Lo
desconocido nunca puede ser encubierto en lo conocido; lo conocido está siempre
moviéndose hacia el pasado; el pasado siempre hace sombra al presente, a lo
desconocido. Sin libertad, sin una mente abierta, no puede haber comprensión.
La comprensión no viene con el conocimiento. En el intervalo entre las palabras
entre los pensamientos, llega la comprensión; este intervalo es silencio no
interrumpido por el conocimiento, es lo libre, lo imponderable, lo implícito.
“¿No es el conocimiento útil, esencial? Sin conocimiento, ¿cómo
puede haber descubrimiento?”
El descubrimiento se produce, no cuando la mente está abarrotada de
conocimientos, sino cuando el conocimiento está ausente; sólo entonces hay
quietud y amplitud, y en este estado surge la comprensión o el descubrimiento.
El conocimiento indudablemente es útil en cierto nivel, pero en otros es
positivamente dañoso. Cuando el conocimiento se utiliza como medio de autoengrandecimiento,
para envanecernos, entonces es perverso, engendra separación y enemistad. La
autoexpansión es desintegración, ya sea en nombre de Dios, del Estado, o de una
ideología. El conocimiento en cierto nivel, aunque condicionante, es necesario:
idioma, técnica, etc. Este condicionamiento es una protección, un elemento
esencial para la vida exterior; pero cuando este condicionamiento es utilizado
psicológicamente, cuando el conocimiento se convierte en un medio de
confortación psicológica, de satisfacción, entonces inevitablemente engendra
conflicto y confusión. Además, ¿qué es lo que queremos decir con “conocer”?
¿Qué es en realidad lo que conocemos?
“Yo conozco una infinidad de cosas”.
Usted quiere decir que posee cierta información, datos referentes a
muchas cosas. Ha recopilado ciertos hechos; ¿y con esto qué? ¿Acaso la
información relativa al desastre de la guerra impide las guerras? Usted tiene,
estoy seguro, abundancia de datos sobre los efectos de la ira y de la violencia
en uno mismo y en la sociedad; pero ¿ha concluido esta información con el odio
y el antagonismo?
“El conocimiento sobre los efectos de la guerra quizá no termine
inmediatamente con las guerras, pero podrá eventualmente crear paz. Es
necesario educar a la gente, se les debe hacer ver los efectos de la guerra,
del conflicto”.
La gente es usted mismo y los demás. Usted tiene esta vasta
información, ¿y es Ud. algo menos ambicioso, menos violento, menos egocéntrico?
Por el hecho de haber estudiado las revoluciones, la historia de la desigualdad,
¿está Ud. libre del sentimiento de superioridad, de autoimportancia? Por el
hecho de poseer un amplio conocimiento de las miserias y los desastres del
mundo, ¿ama Ud.? Fuera de esto, ¿qué es lo que conocemos, de qué tenemos
conocimiento?
“EI conocimiento es experiencia acumulada a través de las edades.
En ciertas formas es tradición, y en otras es instinto, tanto consciente como
inconsciente. Los recuerdos ocultos y las experiencias, ya sea transmitidas o
adquiridas, actúan como guías y determinan nuestra acción; estos recuerdos,
tanto raciales como individuales, son esenciales, porque ayudan y protegen al
hombre. ¿Podría Ud. prescindir de tal conocimiento?”
La acción determinada y guiada por el temor no es acción en
absoluto. La acción que es el resultado de los prejuicios raciales, de los
temores, esperanzas, ilusiones, es condicionada; y todo condicionamiento, como
hemos dicho, sólo engendra más conflicto y sufrimiento. Usted está condicionado
como brahmín a una tradición que se viene siguiendo a través de siglos; y Ud.
responde a los estímulos, a los conflictos y cambios sociales, como brahmín.
Responde de acuerdo con su condicionamiento, de acuerdo con sus pasadas
experiencias, sus conocimientos, de manera que la nueva experiencia solamente
lo condiciona aun más. La experiencia que se acomoda a una creencia, a una
ideología, es meramente la continuación de esa creencia, la perpetuación de una
idea. Tal experiencia sólo fortalece la creencia. La idea separa, y su
experiencia conforme a una idea, a una norma, lo hace aun más separativo. La
experiencia como conocimiento, como acumulación psicológica, sólo condiciona, y
entonces la experiencia es otra forma de autoengrandecimiento. El conocimiento
como experiencia en el nivel psicológico es un estorbo para la comprensión.
“¿Experimentamos de acuerdo con nuestra creencia?”
Eso es obvio, ¿no es así? Usted está condicionado por una
determinada sociedad —que es Ud. mismo en un nivel diferente— para creer en
Dios, en las divisiones sociales; y otro está condicionado para creer que no
hay Dios, para seguir una ideología completamente diferente. Ambos desean
experimentar de acuerdo con sus creencias, pero tal experiencia es un
impedimento para lo desconocido. La experiencia, el conocimiento, que es
memoria, es útil en ciertos niveles; pero la experiencia como medio para
fortalecer el “yo” psicológico, el ego, sólo conduce a la ilusión y al
sufrimiento. ¿Y qué es lo que podemos conocer si la mente está colmada con
experiencias, recuerdos, conocimiento? ¿Puede haber vivencia si sabemos? ¿No
impide la vivencia lo conocido? Usted puede conocer el nombre de esa flor, pero
¿vivencia por eso la flor? La vivencia viene primero, y el nombrar sólo da
fuerza a la experiencia. El nombrar impide la ulterior vivencia. Para que haya
estado de vivencia, ¿no es necesario estar libre del nombrar, de la asociación,
del proceso de la memoria?
El conocimiento es superficial, y ¿puede lo superficial conducirnos
a lo profundo? ¿Puede la mente, que es el resultado de lo conocido, del pasado,
trascender jamás sus propias proyecciones. Para descubrir, las proyecciones
deben cesar. Sin sus proyecciones, la mente no existe. El conocimiento, el
pasado, sólo puede proyectar aquello que es lo conocido. El instrumento de lo
conocido jamás puede ser el descubridor. Lo conocido debe cesar para que haya
descubrimiento; la experiencia debe cesar para que haya vivencia. El
conocimiento es un estorbo para la comprensión.
“¿Qué queda de nosotros sin el conocimiento, sin la experiencia,
sin la memoria? Sin eso no somos nada”.
¿Es Ud. algo más que eso ahora? Cuando dice, “Sin conocimiento no
somos nada”, Ud. simplemente hace una aserción verbal sin vivencias ese estado,
¿verdad? Cuando hace esa proposición hay una sensación de temor, el temor de
quedar desnudo. Sin estos agregados Ud. es nada —lo cual es la verdad. Y ¿por
qué no ser eso? ¿Por qué todas estas pretensiones y presunciones? Hemos vestido
esta nada con fantasías, con esperanzas, con diversas ideas reconfortantes;
pero debajo de esa cubierta no somos nada, no como una abstracción filosófica,
sino realmente nada. La vivencia de esa nada es el comienzo de la sabiduría.
¡Cómo nos avergüenza decir que no sabemos! Disimulamos nuestra
falta de conocimiento con palabras e información. Usted no conoce realmente a
su esposa, a su vecino; ¿cómo podría conocerlos si no se conoce a sí mismo?
Usted tiene una porción de informaciones, conclusiones, explicaciones de sí
mismo, pero no está atento a aquello que es,
a lo implícito. Las explicaciones, las conclusiones, que llamamos conocimiento,
impiden la vivencia de lo que es.
Sin ser inocente, ¿cómo puede haber sabiduría? Sin morir para el pasado, ¿cómo
puede haber renovación de la inocencia? El morir es de instante en instante;
morir es no acumular; el experimentador debe morir para la experiencia. Sin
experiencia, sin conocimiento, el experimentador no existe. Conocer es ser
ignorante; no conocer es el comienzo de la sabiduría.



