viernes, 30 de mayo de 2014

¿EL ERUDITO O EL SABIO?



¿EL ERUDITO O EL SABIO?

Las lluvias habían barrido el polvo y el calor de muchos meses; las hojas estaban limpias y relucientes, y nuevas hojas comenzaban a aparecer. Durante toda la noche las ranas llenaron el aire con su profundo croar, apenas tomaban un descanso, y arrancaban de nuevo. El río era correntoso, y había suavidad en el aire. Las lluvias no habían terminado. Negros nubarrones se acumulaban y ocultaban el sol. La tierra; los árboles y toda la Naturaleza parecían estar esperando otra purificación. En el camino, de color pardusco, los chicos jugaban en el lodo; hacían tortas de barro, o construían castillos y casas con muros circundantes. Había alegría en el aire después de meses de calor, y la tierra empezaba a cubrirse de verde pasto. Todo estaba renovándose.
Esta renovación es inocencia.
El hombre se consideraba sumamente instruido, y para él el conocimiento era la esencia misma de la vida. La vida sin conocimiento era peor que la muerte. Sus conocimientos no se reducían a uno o dos asuntos, sino que cubrían muchas fases de la vida; podía hablar con seguridad sobre el átomo o el Comunismo, sobre astronomía o sobre las crecientes anuales del río, sobre la dieta o la superpoblación. Estaba extraordinariamente orgulloso de su conocimiento, y como un hábil actor, lo exponía para impresionar; imponía a los demás silencio y respeto. ¡Cómo nos impresiona el conocimiento, qué temeroso respeto nos infunde el que sabe! Su inglés era a veces bastante difícil de comprender. Nunca había estado fuera de su país, pero tenia libros de otros países. Era dado al conocimiento, como otro podía serlo a la bebida o a algún otro apetito.
“¿Qué es la sabiduría, si no es conocimiento? ¿Por qué dice Ud. que se debe suprimir todo conocimiento? ¿No es el conocimiento esencial? Sin conocimiento, ¿dónde estaríamos? Seríamos todavía como los primitivos, ignorantes del mundo extraordinario en que vivimos. Sin conocimientos, la existencia en cualquier nivel sería imposible. ¿Por qué insiste Ud. tanto en la afirmación de que el conocimiento es un impedimento para la comprensión?”
El conocimiento es condicionante. El conocimiento no nos da libertad. Uno puede saber cómo construir un aeroplano y volar al otro extremo del mundo en pocas horas, pero esto no es libertad. El conocimiento no es el factor creador, porque es continuo, y lo que tiene continuidad jamás puede conducirnos a lo implícito, a lo imponderable, a lo desconocido. El conocimiento es un obstáculo para lo abierto, para lo desconocido. Lo desconocido nunca puede ser encubierto en lo conocido; lo conocido está siempre moviéndose hacia el pasado; el pasado siempre hace sombra al presente, a lo desconocido. Sin libertad, sin una mente abierta, no puede haber comprensión. La comprensión no viene con el conocimiento. En el intervalo entre las palabras entre los pensamientos, llega la comprensión; este intervalo es silencio no interrumpido por el conocimiento, es lo libre, lo imponderable, lo implícito.
“¿No es el conocimiento útil, esencial? Sin conocimiento, ¿cómo puede haber descubrimiento?”
El descubrimiento se produce, no cuando la mente está abarrotada de conocimientos, sino cuando el conocimiento está ausente; sólo entonces hay quietud y amplitud, y en este estado surge la comprensión o el descubrimiento. El conocimiento indudablemente es útil en cierto nivel, pero en otros es positivamente dañoso. Cuando el conocimiento se utiliza como medio de autoengrandecimiento, para envanecernos, entonces es perverso, engendra separación y enemistad. La autoexpansión es desintegración, ya sea en nombre de Dios, del Estado, o de una ideología. El conocimiento en cierto nivel, aunque condicionante, es necesario: idioma, técnica, etc. Este condicionamiento es una protección, un elemento esencial para la vida exterior; pero cuando este condicionamiento es utilizado psicológicamente, cuando el conocimiento se convierte en un medio de confortación psicológica, de satisfacción, entonces inevitablemente engendra conflicto y confusión. Además, ¿qué es lo que queremos decir con “conocer”? ¿Qué es en realidad lo que conocemos?
“Yo conozco una infinidad de cosas”.
Usted quiere decir que posee cierta información, datos referentes a muchas cosas. Ha recopilado ciertos hechos; ¿y con esto qué? ¿Acaso la información relativa al desastre de la guerra impide las guerras? Usted tiene, estoy seguro, abundancia de datos sobre los efectos de la ira y de la violencia en uno mismo y en la sociedad; pero ¿ha concluido esta información con el odio y el antagonismo?
“El conocimiento sobre los efectos de la guerra quizá no termine inmediatamente con las guerras, pero podrá eventualmente crear paz. Es necesario educar a la gente, se les debe hacer ver los efectos de la guerra, del conflicto”.
La gente es usted mismo y los demás. Usted tiene esta vasta información, ¿y es Ud. algo menos ambicioso, menos violento, menos egocéntrico? Por el hecho de haber estudiado las revoluciones, la historia de la desigualdad, ¿está Ud. libre del sentimiento de superioridad, de autoimportancia? Por el hecho de poseer un amplio conocimiento de las miserias y los desastres del mundo, ¿ama Ud.? Fuera de esto, ¿qué es lo que conocemos, de qué tenemos conocimiento?
“EI conocimiento es experiencia acumulada a través de las edades. En ciertas formas es tradición, y en otras es instinto, tanto consciente como inconsciente. Los recuerdos ocultos y las experiencias, ya sea transmitidas o adquiridas, actúan como guías y determinan nuestra acción; estos recuerdos, tanto raciales como individuales, son esenciales, porque ayudan y protegen al hombre. ¿Podría Ud. prescindir de tal conocimiento?”
La acción determinada y guiada por el temor no es acción en absoluto. La acción que es el resultado de los prejuicios raciales, de los temores, esperanzas, ilusiones, es condicionada; y todo condicionamiento, como hemos dicho, sólo engendra más conflicto y sufrimiento. Usted está condicionado como brahmín a una tradición que se viene siguiendo a través de siglos; y Ud. responde a los estímulos, a los conflictos y cambios sociales, como brahmín. Responde de acuerdo con su condicionamiento, de acuerdo con sus pasadas experiencias, sus conocimientos, de manera que la nueva experiencia solamente lo condiciona aun más. La experiencia que se acomoda a una creencia, a una ideología, es meramente la continuación de esa creencia, la perpetuación de una idea. Tal experiencia sólo fortalece la creencia. La idea separa, y su experiencia conforme a una idea, a una norma, lo hace aun más separativo. La experiencia como conocimiento, como acumulación psicológica, sólo condiciona, y entonces la experiencia es otra forma de autoengrandecimiento. El conocimiento como experiencia en el nivel psicológico es un estorbo para la comprensión.
“¿Experimentamos de acuerdo con nuestra creencia?”
Eso es obvio, ¿no es así? Usted está condicionado por una determinada sociedad —que es Ud. mismo en un nivel diferente— para creer en Dios, en las divisiones sociales; y otro está condicionado para creer que no hay Dios, para seguir una ideología completamente diferente. Ambos desean experimentar de acuerdo con sus creencias, pero tal experiencia es un impedimento para lo desconocido. La experiencia, el conocimiento, que es memoria, es útil en ciertos niveles; pero la experiencia como medio para fortalecer el “yo” psicológico, el ego, sólo conduce a la ilusión y al sufrimiento. ¿Y qué es lo que podemos conocer si la mente está colmada con experiencias, recuerdos, conocimiento? ¿Puede haber vivencia si sabemos? ¿No impide la vivencia lo conocido? Usted puede conocer el nombre de esa flor, pero ¿vivencia por eso la flor? La vivencia viene primero, y el nombrar sólo da fuerza a la experiencia. El nombrar impide la ulterior vivencia. Para que haya estado de vivencia, ¿no es necesario estar libre del nombrar, de la asociación, del proceso de la memoria?
El conocimiento es superficial, y ¿puede lo superficial conducirnos a lo profundo? ¿Puede la mente, que es el resultado de lo conocido, del pasado, trascender jamás sus propias proyecciones. Para descubrir, las proyecciones deben cesar. Sin sus proyecciones, la mente no existe. El conocimiento, el pasado, sólo puede proyectar aquello que es lo conocido. El instrumento de lo conocido jamás puede ser el descubridor. Lo conocido debe cesar para que haya descubrimiento; la experiencia debe cesar para que haya vivencia. El conocimiento es un estorbo para la comprensión.
“¿Qué queda de nosotros sin el conocimiento, sin la experiencia, sin la memoria? Sin eso no somos nada”.
¿Es Ud. algo más que eso ahora? Cuando dice, “Sin conocimiento no somos nada”, Ud. simplemente hace una aserción verbal sin vivencias ese estado, ¿verdad? Cuando hace esa proposición hay una sensación de temor, el temor de quedar desnudo. Sin estos agregados Ud. es nada —lo cual es la verdad. Y ¿por qué no ser eso? ¿Por qué todas estas pretensiones y presunciones? Hemos vestido esta nada con fantasías, con esperanzas, con diversas ideas reconfortantes; pero debajo de esa cubierta no somos nada, no como una abstracción filosófica, sino realmente nada. La vivencia de esa nada es el comienzo de la sabiduría.
¡Cómo nos avergüenza decir que no sabemos! Disimulamos nuestra falta de conocimiento con palabras e información. Usted no conoce realmente a su esposa, a su vecino; ¿cómo podría conocerlos si no se conoce a sí mismo? Usted tiene una porción de informaciones, conclusiones, explicaciones de sí mismo, pero no está atento a aquello que es, a lo implícito. Las explicaciones, las conclusiones, que llamamos conocimiento, impiden la vivencia de lo que es. Sin ser inocente, ¿cómo puede haber sabiduría? Sin morir para el pasado, ¿cómo puede haber renovación de la inocencia? El morir es de instante en instante; morir es no acumular; el experimentador debe morir para la experiencia. Sin experiencia, sin conocimiento, el experimentador no existe. Conocer es ser ignorante; no conocer es el comienzo de la sabiduría.