LA BELLEZA
La aldea estaba
sucia, pero había asco en derredor de la choza. La entrada se lavaba y adornaba
diariamente, y en el interior la choza estaba limpia aunque un poco ennegrecida
por el humo de la cocina. Toda la familia estaba allí, padre, madre e hijos, y
una anciana que debía ser la abuela. Todos parecían muy alegres y
extraordinariamente contentos. La comunicación verbal era imposible, ya que
ignorábamos su idioma. Tomamos asiento, y no hubo ningún embarazo. Ellos
siguieron con su trabajo, pero los chicos se acercaron, un niño y una niña, y
se sentaron, sonriendo. La cena, nada abundante, estaba casi lista. Cuando nos
fuimos, todos salieron para despedirnos; el sol estaba sobre el río, detrás de
una roja nube enorme y solitaria, que inflamaba las aguas dando la sensación de
un incendio de bosques.
Las largas hileras de chozas estaban divididas por una ancha senda,
en cuyos costados se habían abierto inmundas zanjas donde se criaban horribles
insectos. Podían verse blancos gusanos deslizándose en el lodo negruzco. Los
chicos jugaban en la senda, completamente absortos en sus juegos, riendo y
gritando, indiferentes a los transeúntes. A lo largo de la presa del río, las
palmeras se levantaban contra el cielo ardiente. Cerdos, cabras y vacunos
merodeaban en derredor de las chozas, y los muchachos espantaban una cabra o
una enjuta vaca para alejarlas del camino. La aldea se preparaba para entrar en
la oscuridad del anochecer, y los chicos también se aquietaban a medida que sus
madres los llamaban.
La gran casa tenía un hermoso jardín rodeado de altos y blancos
muros. El jardín estaba pleno de flores y colores, y su mantenimiento debió
costar mucho dinero y cuidado. Había en él una extraordinaria tranquilidad;
todo estaba florecido, y la belleza del gran árbol parecía amparar el
crecimiento de todas las plantas. La fuente debía ser el deleite de las
diversas aves, pero ahora estaba cantando tranquilamente para sí misma,
imperturbable y solitaria. Todas las cosas se encerraban en sí mismas a la
proximidad de la noche.
Ella era bailarina, no de profesión sino por vocación. Algunos la
consideraban una bailarina bastante buena. Debía sentirse orgullosa de su arte,
pues se notaba en ella arrogancia, no sólo la arrogancia de la realización sino
también la del reconocimiento interior de su propio valor espiritual. Como otro
se sentiría satisfecho con el éxito exterior, ella se sentía halagada por su
progreso espiritual. El adelanto espiritual es un engaño autoimpuesto, pero es
muy satisfactorio. Llevaba sus joyas puestas, y ostentaba uñas rojas y labios
pintados de un color apropiado. No sólo bailaba, sino que también daba charlas
sobre arte, sobre belleza, y sobre la realización espiritual. Su rostro
revelaba vanidad y ambición; quería que se la conociera tanto espiritualmente
como en su calidad de artista, y ahora el espíritu tenía primacía.
Dijo que no tenía problemas personales, pero deseaba conversar
sobre la belleza y el espíritu. No se cuidaba de los problemas personales, que
de cualquier modo eran estúpidos, pero se interesaba en asuntos más amplios.
¿Qué era la belleza? ¿Era interna o externa? ¿Era subjetiva u objetiva, o una
combinación de ambas? Estaba muy segura en su especialidad, y la seguridad es
la negación de lo bello. Estar seguro es ser autoencerrado e invulnerable. Sin
ser abierto, ¿cómo puede haber sensibilidad?
“¿Qué es la belleza?”
¿Espera Ud. una definición, una fórmula, o desea inquirir?
“Pero ¿no es necesario tener el instrumento para indagar? Sin
conocimientos, sin explicaciones, ¿cómo se puede inquirir? Debemos saber dónde
queremos ir antes de que podamos ir”.
¿El conocimiento no impide la indagación? Si Ud. sabe, ¿cómo puede
haber indagación? La misma palabra “conocimiento” ¿no indica un estado en el
que la indagación ha cesado? Saber es no inquirir por lo tanto lo que Ud. pide
es simplemente una conclusión, una definición. ¿Hay una medida para la belleza?
¿Es la belleza la aproximación a un patrón conocido o imaginado? ¿Es la belleza
una abstracción sin una forma? ¿Es la belleza exclusiva, y puede lo exclusivo
ser lo integrado? ¿Puede lo externo ser hermoso sin la libertad interna? ¿Es la
belleza decoración, adorno? ¿Es la apariencia exterior de la belleza un indicio
de sensibilidad? ¿Qué es lo que Ud. está buscando? ¿Una combinación de lo
externo y de lo interno? ¿Cómo puede haber belleza externa sin belleza interna?
¿A cuál le asigna Ud. mayor importancia?
“Para mí las dos son importantes; sin la forma perfecta ¿cómo puede
haber vida perfecta? La belleza es la combinación de lo externo y de lo
interno”.
Por lo tanto tiene Ud. una fórmula para llegar a ser hermosa. La
fórmula no es la belleza, sino sólo una serie de palabras. Ser hermoso no es el
proceso de llegar a ser hermoso. ¿Qué es lo que Ud. está buscando?
“La belleza de la forma y del espíritu. Debe haber un vaso hermoso
para la flor perfecta”.
¿Puede haber armonía interna, y por lo mismo armonía externa, sin
sensibilidad? ¿No es la sensibilidad esencial para la percepción tanto de lo
feo como de lo hermoso? ¿Es la belleza la eliminación de lo feo?
“Por supuesto que si”.
¿Es la virtud eliminación, resistencia? Si hay resistencia, ¿puede
haber sensibilidad? ¿No debe haber libertad para que haya sensibilidad? ¿Puede
lo autoencerrado ser sensible? Puede el ambicioso ser sensible, percibir la
belleza? La sensibilidad, la vulnerabilidad a lo que es, es esencial, ¿no es así? Queremos identificarnos con lo que
llamamos hermoso y evitar lo que llamamos feo. Queremos identificarnos con el
hermoso jardín y cerrar los ojos ante la maloliente aldea. Queremos resistir y
sin embargo recibir. ¿No es toda identificación resistencia? Percibir la aldea
y el jardín sin resistencia, sin comparación, es ser sensible. Usted desea ser
sensible sólo a la belleza, a la virtud, y resistir lo malo, lo feo. La
sensibilidad, la vulnerabilidad es un proceso total, que no se puede
interrumpir en un particular nivel satisfactorio.
“Pero yo estoy buscando belleza sensibilidad”.
¿Es así realmente? Si lo es, entonces todo interés por la belleza
debe cesar. Esta consideración, este culto de la belleza es una evasión de lo
que es, de sí misma, ¿no es así?
¿Cómo puede Ud. ser sensible si ignora lo que Ud. es, lo que es? Los ambiciosos, los astutos, los
buscadores de belleza, sólo son cultores de sus propias proyecciones. Ellos son
completamente autoencerrados, han levantado un muro en derredor de ellos; y
como nada puede vivir en el aislamiento, hay sufrimiento. Esta búsqueda de
belleza y este incesante hablar del arte son muy consideradas y respetables
evasiones de la vida, que es uno mismo.
“Pero la música no es una evasión”.

