viernes, 30 de mayo de 2014

LA BELLEZA



LA BELLEZA

La aldea estaba sucia, pero había asco en derredor de la choza. La entrada se lavaba y adornaba diariamente, y en el interior la choza estaba limpia aunque un poco ennegrecida por el humo de la cocina. Toda la familia estaba allí, padre, madre e hijos, y una anciana que debía ser la abuela. Todos parecían muy alegres y extraordinariamente contentos. La comunicación verbal era imposible, ya que ignorábamos su idioma. Tomamos asiento, y no hubo ningún embarazo. Ellos siguieron con su trabajo, pero los chicos se acercaron, un niño y una niña, y se sentaron, sonriendo. La cena, nada abundante, estaba casi lista. Cuando nos fuimos, todos salieron para despedirnos; el sol estaba sobre el río, detrás de una roja nube enorme y solitaria, que inflamaba las aguas dando la sensación de un incendio de bosques.
Las largas hileras de chozas estaban divididas por una ancha senda, en cuyos costados se habían abierto inmundas zanjas donde se criaban horribles insectos. Podían verse blancos gusanos deslizándose en el lodo negruzco. Los chicos jugaban en la senda, completamente absortos en sus juegos, riendo y gritando, indiferentes a los transeúntes. A lo largo de la presa del río, las palmeras se levantaban contra el cielo ardiente. Cerdos, cabras y vacunos merodeaban en derredor de las chozas, y los muchachos espantaban una cabra o una enjuta vaca para alejarlas del camino. La aldea se preparaba para entrar en la oscuridad del anochecer, y los chicos también se aquietaban a medida que sus madres los llamaban.
La gran casa tenía un hermoso jardín rodeado de altos y blancos muros. El jardín estaba pleno de flores y colores, y su mantenimiento debió costar mucho dinero y cuidado. Había en él una extraordinaria tranquilidad; todo estaba florecido, y la belleza del gran árbol parecía amparar el crecimiento de todas las plantas. La fuente debía ser el deleite de las diversas aves, pero ahora estaba cantando tranquilamente para sí misma, imperturbable y solitaria. Todas las cosas se encerraban en sí mismas a la proximidad de la noche.
Ella era bailarina, no de profesión sino por vocación. Algunos la consideraban una bailarina bastante buena. Debía sentirse orgullosa de su arte, pues se notaba en ella arrogancia, no sólo la arrogancia de la realización sino también la del reconocimiento interior de su propio valor espiritual. Como otro se sentiría satisfecho con el éxito exterior, ella se sentía halagada por su progreso espiritual. El adelanto espiritual es un engaño autoimpuesto, pero es muy satisfactorio. Llevaba sus joyas puestas, y ostentaba uñas rojas y labios pintados de un color apropiado. No sólo bailaba, sino que también daba charlas sobre arte, sobre belleza, y sobre la realización espiritual. Su rostro revelaba vanidad y ambición; quería que se la conociera tanto espiritualmente como en su calidad de artista, y ahora el espíritu tenía primacía.
Dijo que no tenía problemas personales, pero deseaba conversar sobre la belleza y el espíritu. No se cuidaba de los problemas personales, que de cualquier modo eran estúpidos, pero se interesaba en asuntos más amplios. ¿Qué era la belleza? ¿Era interna o externa? ¿Era subjetiva u objetiva, o una combinación de ambas? Estaba muy segura en su especialidad, y la seguridad es la negación de lo bello. Estar seguro es ser autoencerrado e invulnerable. Sin ser abierto, ¿cómo puede haber sensibilidad?
“¿Qué es la belleza?”
¿Espera Ud. una definición, una fórmula, o desea inquirir?
“Pero ¿no es necesario tener el instrumento para indagar? Sin conocimientos, sin explicaciones, ¿cómo se puede inquirir? Debemos saber dónde queremos ir antes de que podamos ir”.
¿El conocimiento no impide la indagación? Si Ud. sabe, ¿cómo puede haber indagación? La misma palabra “conocimiento” ¿no indica un estado en el que la indagación ha cesado? Saber es no inquirir por lo tanto lo que Ud. pide es simplemente una conclusión, una definición. ¿Hay una medida para la belleza? ¿Es la belleza la aproximación a un patrón conocido o imaginado? ¿Es la belleza una abstracción sin una forma? ¿Es la belleza exclusiva, y puede lo exclusivo ser lo integrado? ¿Puede lo externo ser hermoso sin la libertad interna? ¿Es la belleza decoración, adorno? ¿Es la apariencia exterior de la belleza un indicio de sensibilidad? ¿Qué es lo que Ud. está buscando? ¿Una combinación de lo externo y de lo interno? ¿Cómo puede haber belleza externa sin belleza interna? ¿A cuál le asigna Ud. mayor importancia?
“Para mí las dos son importantes; sin la forma perfecta ¿cómo puede haber vida perfecta? La belleza es la combinación de lo externo y de lo interno”.
Por lo tanto tiene Ud. una fórmula para llegar a ser hermosa. La fórmula no es la belleza, sino sólo una serie de palabras. Ser hermoso no es el proceso de llegar a ser hermoso. ¿Qué es lo que Ud. está buscando?
“La belleza de la forma y del espíritu. Debe haber un vaso hermoso para la flor perfecta”.
¿Puede haber armonía interna, y por lo mismo armonía externa, sin sensibilidad? ¿No es la sensibilidad esencial para la percepción tanto de lo feo como de lo hermoso? ¿Es la belleza la eliminación de lo feo?
 “Por supuesto que si”.
¿Es la virtud eliminación, resistencia? Si hay resistencia, ¿puede haber sensibilidad? ¿No debe haber libertad para que haya sensibilidad? ¿Puede lo autoencerrado ser sensible? Puede el ambicioso ser sensible, percibir la belleza? La sensibilidad, la vulnerabilidad a lo que es, es esencial, ¿no es así? Queremos identificarnos con lo que llamamos hermoso y evitar lo que llamamos feo. Queremos identificarnos con el hermoso jardín y cerrar los ojos ante la maloliente aldea. Queremos resistir y sin embargo recibir. ¿No es toda identificación resistencia? Percibir la aldea y el jardín sin resistencia, sin comparación, es ser sensible. Usted desea ser sensible sólo a la belleza, a la virtud, y resistir lo malo, lo feo. La sensibilidad, la vulnerabilidad es un proceso total, que no se puede interrumpir en un particular nivel satisfactorio.
“Pero yo estoy buscando belleza sensibilidad”.
¿Es así realmente? Si lo es, entonces todo interés por la belleza debe cesar. Esta consideración, este culto de la belleza es una evasión de lo que es, de sí misma, ¿no es así? ¿Cómo puede Ud. ser sensible si ignora lo que Ud. es, lo que es? Los ambiciosos, los astutos, los buscadores de belleza, sólo son cultores de sus propias proyecciones. Ellos son completamente autoencerrados, han levantado un muro en derredor de ellos; y como nada puede vivir en el aislamiento, hay sufrimiento. Esta búsqueda de belleza y este incesante hablar del arte son muy consideradas y respetables evasiones de la vida, que es uno mismo.
“Pero la música no es una evasión”.
Lo es cuando sustituye la comprensión de uno mismo. Sin la comprensión de sí mismo, toda actividad conduce a la confusión y al dolor. Hay sensibilidad sólo cuando existe la libertad que viene de la comprensión —la comprensión de las modalidades del “yo”, del pensamiento.