LA AUTOESTIMACIÓN
Ella había venido con
tres de sus amigos; todos eran muy formales y tenían la dignidad de la
inteligencia. Uno era rápido para entender, otro era impaciente en su
vivacidad, y el tercero era vehemente, aunque no de una manera sostenida.
Formaban un buen grupo, pues todos compartían el problema de su amiga, y
ninguno ofrecía consejos u opiniones definitivas. Todos querían ayudarle a
hacer lo que ella estimaba correcto y no a conducirse conforme a la mera tradición,
a la opinión pública o a la inclinación personal. La dificultad consistía en
esto: ¿qué era lo correcto? Ella misma no estaba segura, se sentía turbada y
confundida. Pero había gran urgencia de una acción inmediata; ella debía tomar
una decisión y no podía posponerla por más tiempo. El asunto consistía en
liberarse de una íntima relación. Ella quería estar libre, según repitió con
insistencia.
Había tranquilidad en el grupo; la agitación nerviosa había cedido,
y todos estaban deseosos de abordar el problema sin esperar una decisión o una
definición de lo que debía hacer. La recta acción aparecería natural, y
plenamente, a medida que el problema fuese expuesto. Lo importante no era el
resultado final, sino el descubrimiento del contenido del problema, pues
cualquier respuesta sólo sería otra conclusión, otra opinión, otro consejo, que
en ningún caso resolvería el problema. Lo que se debía comprender era el
problema mismo, y no cómo responder al problema o qué hacer con él. Lo
importante era el adecuado enfoque del problema, porque el problema en sí
contenía la recta acción.
Las aguas del río danzaban, pues el sol había hecho sobre ellas una
senda de luz. Un blanco velero cruzó la senda, sin perturbar la danza del agua.
Esa danza era un puro deleite Los árboles estaban llenos de pájaros, que
reñían, componían sus plumas y emprendían vuelo sólo para regresar enseguida de
nuevo. Varios monos arrancaban hojas tiernas y se llenaban la boca con ellas;
su peso encorvaba las delicadas ramas en largas curvas, y sin embargo se
mantenían asidos ágilmente sin miedo. Con qué facilidad pasaban de rama en rama
aunque saltaban, el salto era como un flotar, en el que la partida y la llegada
hacían un solo movimiento. Estaban sentados con las colas colgando y se estiraban
para coger las hojas. Se hallaban en lo alto, y no se preocupaban en lo más
mínimo de la gente que pasaba debajo. A medida que se acercaba la oscuridad,
llegaban los papagayos por centenares para pasar la noche entre el espeso
follaje. Se los veía llegar y desaparecer en el follaje. La luna nueva apenas
era visible. A lo lejos se oyó el silbato de un tren al cruzar el largo puente
emplazado en la curva del río. Este río era sagrado, y la gente venía desde
grandes distancias para bañarse en él, para purificarse de sus pecados. Todo
río es agradable y sagrado, y la belleza de éste era su ancha y extensa curva y
las islas de arena entre grandes espacios de agua y aquellas silenciosas velas
blancas que subían y bajaban el río cada día.
“Deseo estar libre de un vínculo íntimo”, dijo ella.
¿Qué quiere Ud. significar al decir que desea estar libre? Cuando
Ud. dice “deseo estar libre”, implícitamente afirma que no está libre. ¿En qué
forma no es Ud. libre?
“Soy libre físicamente; tengo libertad para ir y venir, porque
físicamente ya no soy más la esposa. Pero quiero ser completamente libre; no
quiero tener nada más que ver con esa particular persona”.
¿De qué modo está Ud. ligada a esa persona, si ya es físicamente
libre? ¿Está Ud. vinculada a él de algún otro modo?
“No lo sé, pero tengo un gran resentimiento contra él. Deseo no
tener más nada que ver con él”.
¿Usted quiere ser libre, y sin embargo tiene resentimiento contra
él? Si es así no está libre de él. ¿Por qué tiene Ud. este resentimiento contra
él?
“Recién he descubierto lo que él es: su bajeza, su verdadera falta
de amor, su completo egoísmo. No puedo referirle el horror que he descubierto
en él. ¡Y pensar que estaba celosa de él, que lo idolatraba, que me había
sometido a él! Descubrir que él era estúpido y artificioso cuando yo lo creía
un esposo ideal, amante y bondadoso, es lo que me ha producido este
resentimiento. Me siento manchada con sólo pensar que he tenido algo que ver
con él. Quiero estar completamente libre de él”.
Usted puede estar físicamente libre de él, pero mientras tenga
resentimiento contra él, no está libre. Si lo aborrece, está atada a él; si se
avergüenza de él, todavía está cautiva. ¿Está enojada con él, o con Ud. misma?
Él es lo que es, y ¿por qué enojarse con él? ¿Su resentimiento es realmente
contra él? O, habiendo visto lo que es, ¿está Ud. avergonzada de sí misma por
haber estado unida a él? Ciertamente Ud. está resentida, no a causa de él, sino
de su propio juicio, de sus propias acciones. Usted está avergonzada de sí
misma. No estando dispuesta a ver esto, Ud. lo vitupera a él por lo que es.
Cuando Ud. admita que su resentimiento contra él es una evasión de su propia
romántica idolatría, entonces él quedará descartado. Usted no está avergonzada
de él, sino de sí misma por haber estado asociada con él. Usted está disgustada
con Ud. misma, y no con él.
“Sí, eso es así”.
Si Ud. realmente ve esto, si lo vive como un hecho, entonces está
libre de él. Él ya no es más el objeto de su enemistad. El odio ata tanto como
el amor.
“Pero ¿cómo puedo hacer para estar libre de mi propia vergüenza, de
mi propia estupidez? Veo muy claramente que él es lo que es, y que no hay razón
para vituperarlo; pero ¿cómo puedo librarme de esta ignominia, de este
resentimiento que ha venido creciendo lentamente y que se ha colmado en esta
crisis? ¿Cómo puedo borrar el pasado?”
Es más importante saber por qué desea Ud. borrar el pasado que
saber cómo borrarlo. La intención con que enfoca el problema es más importante
que saber lo que debe hacer. ¿Por qué quiere Ud. borrar de la memoria esa
asociación?
“Detesto el recuerdo de todos esos años. Me ha dejado un amargo
sabor. ¿No es esa una razón suficiente?”
No, por cierto. ¿Por qué quiere borrar esos recuerdos? Lo es,
seguramente, porque le hayan dejado un mal sabor. Aun cuando por algún medio
fuera Ud. capaz de borrar el pasado, podría verse de nuevo atrapada en acciones
que podrían avergonzarla. Borrar simplemente los recuerdos desagradables no
resuelve el problema, ¿no es cierto?
“Creía que sí; pero ¿cuál es entonces el problema? ¿No lo está
haciendo Ud. innecesariamente complejo? Él es ya bastante complejo en sí mismo,
o al menos lo es mi vida. ¿Por qué sobrecargarlo más aún?”
¿Estamos complicando, o estarnos tratando de comprender lo que es,
y de liberarnos de ello? Por favor, tenga un poco de paciencia. ¿Qué es el
apremio que la impulsa a borrar el pasado? Puede el pasado ser desagradable,
pero ¿por qué quiere hacerlo desaparecer? Usted se ha formado de sí misma
cierta imagen que estos recuerdos contradicen, y por eso quiere deshacerse de
ellos. Usted tiene cierta estimación de sí misma, ¿no es cierto?
“Por supuesto, de otro modo…”
Todos nos colocarnos en diferentes niveles, y constantemente
estamos cayendo de esas alturas. Nos avergonzamos entonces de esas caídas. La
autoestima es la causa de nuestra vergüenza, de nuestra caída. Es esa
autoestimación lo que debe ser comprendido y no la caída. Si no hay un pedestal
sobre el cual Ud. se ha colocado, ¿cómo puede producirse caída alguna? ¿Por qué
se ha colocado Ud. sobre un pedestal llamado autoestima, dignidad humana el
ideal, etc.? Si Ud. puede comprender esto, entonces no habrá ninguna vergüenza
del pasado; ésta desaparecerá completamente. Usted será lo que es, sin el
pedestal. Si no está allí el pedestal, la altura que la hace mirar abajo o
arriba, entonces Ud. es aquello que
siempre ha rehuido. Es esta evasión de lo que es, de lo que Ud. es, que trae confusión y antagonismo, vergüenza y
resentimiento. No tiene por qué decirme a mí o a cualquier otro lo que Ud. es,
sino estar atenta a ello, sea lo que fuere, agradable o desagradable: viva con
ello sin justificarlo o resistirlo. Viva con ello sin ponerle un nombre; porque
el nombre mismo es una condenación o una identificación. Viva con ello sin
miedo, pues el miedo impide la comunión, y sin comunión no puede vivir con
ello. Estar en comunión es amar. Sin amar, Ud. no puede enjugar el pasado; con
amor, no hay pasado. Cuando hay amor, el tiempo no existe.