LA RADIO Y LA MÚSICA
Es obvio que la
música radiada es una maravillosa evasión. En la casa vecina, mantenían el
aparato en marcha todo el día y hasta muy entrada la noche. El padre iba muy
temprano a la oficina. La madre y la hija trabajaban en la casa o en el jardín,
y cuando trabajaban en el jardín la radio sonaba estrepitosamente Aparentemente
el hijo también gustaba de la música y de los avisos comerciales, porque cuando
estaba en la casa la radio continuaba exactamente en la misma forma. Mediante
la radio se puede escuchar incesantemente toda clase de música, desde lo
clásico a lo más moderno; se pueden oír misteriosas comedias, noticias y todas
las cosas que se radian constantemente. No se necesita ninguna conversación,
ningún intercambio de pensamiento, porque la radio lo hace casi todo por
vosotros. Dicen que la radio ayuda a los estudiantes a estudiar; y que las
vacas dan más leche cuando se hace música al ordeñarlas.
Lo más notable en todo esto es que la radio parece alterar muy poco
el curso de la vida. Puede ser que nos proporcione algunas pequeñas comodidades
más; podemos tener más rápidamente las noticias mundiales y escuchar una
descripción más vívida de los crímenes; pero la información no nos hará inteligentes.
La pormenorizada exposición de informaciones sobre los horrores de la bomba
atómica, sobre las alianzas internacionales, las investigaciones sobre la
clorofila, etc., no parecen producir ninguna diferencia fundamental en nuestra
vida. Somos tan belicosos como siempre, odiamos a algún otro grupo de gente,
despreciamos a este líder político y apoyamos aquel otro, seguimos siendo
engañados por las religiones organizadas, somos nacionalistas, y nuestras
miserias continúan; estamos absortos en las evasiones, y tanto más cuanto más
respetables parecen y mejor organizadas están. La evasión colectiva es la más
alta forma de seguridad. Enfrentando lo que es, algo podemos hacer a su respecto; pero el escapar de lo que es,
inevitablemente nos hace estúpidos y embotados, esclavos de la sensación y de
la confusión.
¿No nos ofrece la música, en forma muy sutil, un feliz alivio de lo
que es? La buena música nos transporta lejos de nosotros mismos, de nuestras
tristezas, pequeñeces y ansiedades cotidianas, nos hace olvidar; o nos infunde
valor para enfrentar la vida, nos inspira, nos vigoriza y nos tranquiliza. En
todo caso, ya sea como medio de olvido o como fuente de inspiración, la música
se convierte en una necesidad. Depender de la belleza y evitar lo feo es una evasión
que se convierte en una tortura si algo la interrumpe. Cuando la belleza se
torna necesaria para nuestro bienestar, entonces cesa la vivencia y empieza la
sensación. El instante de vivencia es totalmente diferente de la búsqueda de
sensación. En la vivencia no hay percepción del experimentador y de sus
sensaciones. Cuando la vivencia concluye, entonces comienzan las sensaciones
del experimentador; y son estas sensaciones que el experimentador requiere y
persigue. Cuando las sensaciones se convierten en una necesidad, entonces la
música, el río, la pintura sólo son un medio para obtener nuevas sensaciones.
Las sensaciones se convierten en el elemento predominante, y no la vivencia. El
vehemente deseo de repetir una experiencia proviene de esa demanda de
sensación; y mientras las sensaciones pueden ser repetidas, la vivencia en
cambio no puede repetirse.
Es el deseo de sensación lo que crea nuestro apego a la música, a
la belleza. La dependencia de las cosas y las formas exteriores sólo demuestra
la vacuidad de nuestro propio ser, que llenamos con música, con arte, con
deliberado silencio. Es porque invariablemente llenamos o encubrimos este vacío
con sensaciones que existe el perpetuo miedo de lo que es, de lo que somos. Las sensaciones tienen un principio y un fin,
pueden ser repetidas y prolongadas; pero la vivencia no está dentro de los límites
del tiempo. Lo esencial es la vivencia, que está ausente en la persecución de
sensación. Las sensaciones son limitadas, personales, son causa de conflicto y
sufrimiento; pero la vivencia, que es totalmente diferente de la repetición de
una experiencia, no tiene continuidad. Unicamente en la vivencia hay
renovación, transformación.