domingo, 1 de junio de 2014

LA RADIO Y LA MÚSICA



LA RADIO Y LA MÚSICA

Es obvio que la música radiada es una maravillosa evasión. En la casa vecina, mantenían el aparato en marcha todo el día y hasta muy entrada la noche. El padre iba muy temprano a la oficina. La madre y la hija trabajaban en la casa o en el jardín, y cuando trabajaban en el jardín la radio sonaba estrepitosamente Aparentemente el hijo también gustaba de la música y de los avisos comerciales, porque cuando estaba en la casa la radio continuaba exactamente en la misma forma. Mediante la radio se puede escuchar incesantemente toda clase de música, desde lo clásico a lo más moderno; se pueden oír misteriosas comedias, noticias y todas las cosas que se radian constantemente. No se necesita ninguna conversación, ningún intercambio de pensamiento, porque la radio lo hace casi todo por vosotros. Dicen que la radio ayuda a los estudiantes a estudiar; y que las vacas dan más leche cuando se hace música al ordeñarlas.
Lo más notable en todo esto es que la radio parece alterar muy poco el curso de la vida. Puede ser que nos proporcione algunas pequeñas comodidades más; podemos tener más rápidamente las noticias mundiales y escuchar una descripción más vívida de los crímenes; pero la información no nos hará inteligentes. La pormenorizada exposición de informaciones sobre los horrores de la bomba atómica, sobre las alianzas internacionales, las investigaciones sobre la clorofila, etc., no parecen producir ninguna diferencia fundamental en nuestra vida. Somos tan belicosos como siempre, odiamos a algún otro grupo de gente, despreciamos a este líder político y apoyamos aquel otro, seguimos siendo engañados por las religiones organizadas, somos nacionalistas, y nuestras miserias continúan; estamos absortos en las evasiones, y tanto más cuanto más respetables parecen y mejor organizadas están. La evasión colectiva es la más alta forma de seguridad. Enfrentando lo que es, algo podemos hacer a su respecto; pero el escapar de lo que es, inevitablemente nos hace estúpidos y embotados, esclavos de la sensación y de la confusión.
¿No nos ofrece la música, en forma muy sutil, un feliz alivio de lo que es? La buena música nos transporta lejos de nosotros mismos, de nuestras tristezas, pequeñeces y ansiedades cotidianas, nos hace olvidar; o nos infunde valor para enfrentar la vida, nos inspira, nos vigoriza y nos tranquiliza. En todo caso, ya sea como medio de olvido o como fuente de inspiración, la música se convierte en una necesidad. Depender de la belleza y evitar lo feo es una evasión que se convierte en una tortura si algo la interrumpe. Cuando la belleza se torna necesaria para nuestro bienestar, entonces cesa la vivencia y empieza la sensación. El instante de vivencia es totalmente diferente de la búsqueda de sensación. En la vivencia no hay percepción del experimentador y de sus sensaciones. Cuando la vivencia concluye, entonces comienzan las sensaciones del experimentador; y son estas sensaciones que el experimentador requiere y persigue. Cuando las sensaciones se convierten en una necesidad, entonces la música, el río, la pintura sólo son un medio para obtener nuevas sensaciones. Las sensaciones se convierten en el elemento predominante, y no la vivencia. El vehemente deseo de repetir una experiencia proviene de esa demanda de sensación; y mientras las sensaciones pueden ser repetidas, la vivencia en cambio no puede repetirse.
Es el deseo de sensación lo que crea nuestro apego a la música, a la belleza. La dependencia de las cosas y las formas exteriores sólo demuestra la vacuidad de nuestro propio ser, que llenamos con música, con arte, con deliberado silencio. Es porque invariablemente llenamos o encubrimos este vacío con sensaciones que existe el perpetuo miedo de lo que es, de lo que somos. Las sensaciones tienen un principio y un fin, pueden ser repetidas y prolongadas; pero la vivencia no está dentro de los límites del tiempo. Lo esencial es la vivencia, que está ausente en la persecución de sensación. Las sensaciones son limitadas, personales, son causa de conflicto y sufrimiento; pero la vivencia, que es totalmente diferente de la repetición de una experiencia, no tiene continuidad. Unicamente en la vivencia hay renovación, transformación.