LA POLÍTICA
Había llovido
todo el día en lo alto de la montaña. No o era una lluvia suave, tranquila,
sino uno de esos torrenciales aguaceros que inundan los caminos y desarraigan
árboles en las laderas de las colinas, originando hundimientos y estrepitosas
corrientes que se apaciguan en pocas horas. Un niño, empapado hasta la piel,
estaba jugando en un charco de agua y no prestaba la menor atención a la
estridente y encolerizada voz de su madre. Una vaca bajaba por el fangoso
camino cuando nosotros subíamos. Las nubes parecían abrirse y cubrir la tierra
con agua. Estábamos calados y nos quitamos gran parte de la ropa, y la lluvia
resultaba agradable sobre la piel. La casa estaba arriba en la falda de la
montaña, y la ciudad reposaba abajo. Un fuerte viento soplaba del oeste,
acumulando oscuros y furiosos nubarrones.
En la habitación ardía una lumbre, y varias personas estaban
esperando para conversar de las cosas. La lluvia, batiendo contra las ventanas,
había formado sobre el piso un gran lodazal, y hasta por la chimenea chorreaba
el agua, haciendo chisporrotear el fuego.
El era un político muy famoso, realista, intensamente sincero y
apasionadamente patriota. Ni apocado ni egoísta, su ambición no era para sí,
sino para una idea y para el pueblo. No era un simple charlatán elocuente o un
cazador de votos; había sufrido por su causa y, cosa extraña, no estaba
amargado. Parecía más un erudito que un político. Pero la política era el
anhelo de su vida, y su partido le obedecía, aunque más bien nerviosamente. Era
un soñador, pero había renunciado a todo eso por la politiza. Su amigo, el
dirigente economista, estaba también allí; éste tenía complicadas teorías y
datos referentes a la distribución de enormes recursos. Parecía estar
familiarizado con los economistas tanto de izquierda como de derecha, y tenía
sus propias teorías para la salvación económica de la humanidad. Hablaba con
fiabilidad, y no había ninguna vacilación en las palabras. Ambos habían
pronunciado discursos ante grandes muchedumbres.
¿Habéis notado, en los diarios y revistas, el espacio considerable
que se dedica a la política, a lo que dicen los políticos y a sus actividades?
Por supuesto, se publican otras noticias, pero son informaciones políticas las
que predominan; la vida económica y política ha llegado a ser de suprema
importancia. Las circunstancias exteriores —confort, dinero, posición y poder—
parecen dominar y modelar nuestra existencia. La apariencia exterior —el título,
el vestido, el saludo, la bandera—, se ha vuelto crecientemente significativa,
y el proceso total de la vida ha sido olvidado o deliberadamente postergado. Es
mucho más fácil entregarse a actividades políticas y sociales que comprender la
vida como un todo, estar asociado con algún pensamiento organizado, con
actividades políticas o religiosas, brinda una respetable evasión de las
pequeñeces y afanes de la vida cotidiana. Con un corazón pequeño podéis hablar
de grandes cosas y de dirigentes populares: podéis ocultar vuestra
superficialidad con fáciles frases sobre asuntos mundiales; vuestra agitada
mente puede con satisfacción y con popular estímulo dedicarse a propagar la
ideología de una nueva o de una vieja religión:
La política es la reconciliación de los efectos; y como la mayoría
de nosotros está interesada en los efectos, lo extremo ha adquirido una
importancia predominante. Mediante el manipuleo de los efectos esperamos crear
orden y paz; pero, desgraciadamente, no es cosa tan simple como parece. La vida
es un proceso total, interno tanto como externo; lo exterior afecta
definidamente lo interior, pero lo interior invariablemente vence lo exterior.
Lo que sois, lo exteriorizáis. Lo externo y lo interno no pueden separarse y
guardarse en compartimentos estancos, porque constantemente están reaccionando
entre sí; pero el ansia interior, los móviles y motivos ocultos, son siempre
más poderosos. La vida no depende de la actividad política o económica; la vida
no es una mera apariencia externa, así como un árbol no es sólo la hoja o la
rama. La vida es un proceso total cuya belleza ha de descubrirse únicamente en
su integración. Esta integración no tiene lugar en el nivel superficial de las
reconciliaciones políticas y económicas; ella se encuentra más allá de las
causas y de los efectos.
Nuestras vidas son vacías, sin mayor significación, porque jugamos
con las causas y efectos y nunca vamos más allá, excepto verbalmente. Es por
esta razón que nos hemos vuelto esclavos de las incitaciones políticas y de los
sentimentalismos religiosos. Unicamente hay esperanzas en la integración de los
varios procesos de los cuales estamos constituidos. Esta integración no adviene
por medio de ninguna ideología, o por el seguimiento de alguna autoridad
particular, religiosa o política; adviene sólo mediante una amplia y profunda
vigilancia. Esta alerta percepción debe penetrar en las capas más profundas de
la conciencia y no conformarse con las respuestas superficiales.



