EL SUEÑO
Era un invierno
frío y los árboles estaban sin hojas, sus ramas desnudas expuestas a la
intemperie. Había muy pocos siempre verdes, y aun estos sufrían los fríos
vientos y las noches heladas. En la lejanía las altas montañas estaban
cubiertas de espesa nieve; y sobre ellas se desplegaban blancas e hinchadas
nubes. El pasto estaba amarillento, porque no había llovido por muchos meses, y
las lluvias de primavera todavía estaban distantes. La tierra estaba adormecida
y en reposo. Faltaban el alegre movimiento de los pájaros que anidan en los
verdes setos, y los senderos se hallaban endurecidos y polvorientos. En el lago
había unos pocos patos, haciendo una pausa en su vuelo al sur. Las montañas contenían
la promesa de una nueva primavera, y la tierra soñaba con ello.
¿Qué sucedería si el sueño nos fuese suprimido? ¿Tendríamos más
tiempo para combatir, para intrigar, para hacer daño? ¿Seríamos más crueles e
insensibles? ¿Habría más tiempo para la humildad, para la compasión y la
frugalidad? ¿Seríamos más creativos? El sueño es una cosa extraña, pero de
extraordinaria importancia. Para la mayoría de la gente, las actividades del
día continúan durante el reposo nocturno; su sueño es la continuación de su
vida monótona o excitada; una extensión en diferente nivel de la misma
insipidez o de la misma lucha sin sentido. El cuerpo es vivificado por el
sueño; el organismo teniendo vida propia, se renueva a sí mismo. Durante el
sueño los deseos se apaciguan, y así no interfieren con el organismo; y con el
cuerpo vivificado, las actividades del deseo tienen nuevas oportunidades de
estimulo y expansión. Obviamente, cuanto menos uno interfiere con el organismo,
tanto mejor; cuanto menos la mente se cuida del organismo, tanto más sana y
natural es su función. Pero la enfermedad del organismo es otro asunto,
producida por la mente o por su propia debilidad.
El sueno es de gran significación. Cuanto más se fortalecen los
deseos, menor significación tiene el sueño. Los deseos, positivos o negativos,
son fundamentalmente siempre positivos, y el sueño es la temporaria suspensión
de esta condición positiva. El sueño no es lo opuesto del deseo, no es
negación, sino un estado en que el deseo no puede penetrar. Durante el sueño
las capas superficiales de la conciencia se aquietan, y así son capaces de
recibir las intimaciones de las capas más profundas; pero esto es solo una
comprensión parcial del problema total. Es obvio que todas las capas de la
conciencia están en comunicación entre si durante las horas de vigilia, y
también durante el sueño; y por supuesto esto es esencial. Esta comunicación
libera la mente de su autoimportancia, y así la mente no se convierte en el
factor dominante. De este modo ella abandona en forma libre y natural, los
esfuerzos y actividades que la encierran en sí misma. En este proceso el
impulso de devenir se disuelve completamente, no existe más el momento
acumulativo.
Pero hay algo más que tiene lugar durante el sueño. En él
encontramos la respuesta a nuestros problemas. Cuando la mente consciente está
quieta, es capaz de recibir una respuesta, lo cual es cosa sencilla. Pero mucho
más significativo e importante que todo esto es la renovación, que no es un
cultivo. Uno puede deliberadamente cultivar un don, una capacidad, o
desarrollar una técnica una norma de acción y conducta; pero esto no es
renovaron. El cultivo no es creación. Esta renovación creadora no tiene lugar
si existe cualquier clase de esfuerzo de parte de aquel que deviene. La mente
debe abandonar voluntariamente todo impulso acumulativo el almacenamiento de
experiencia como medio para ulterior experiencia y realización. Es la
autoprotectora ansia acumulativa que engendra la curva del tiempo e impide la
renovación creadora.
La conciencia que conocemos es del tiempo, es un proceso de
registro y almacenamiento de la experiencia en sus diferentes niveles. Todo lo
que se produce dentro de esta conciencia es su propia proyección; tiene su
propia calidad, y es mensurable Durante el sueño, o bien esta conciencia se
fortalece, o se produce algo enteramente diferente. Para la mayoría de
nosotros, el sueño vigoriza la experiencia, es un proceso de registrar y
almacenar en el cual hay expansión pero no-renovación. La expansibilidad da una
sensación de orgullo, de realización inclusiva, de haber comprendido, etc.;
pero nada de esto es renovación creadora. Este proceso de devenir debe
finalizar por completo, no como medio para ulterior experiencia, sino como fin
en sí mismo.

