domingo, 1 de junio de 2014

EL SUEÑO



EL SUEÑO

Era un invierno frío y los árboles estaban sin hojas, sus ramas desnudas expuestas a la intemperie. Había muy pocos siempre verdes, y aun estos sufrían los fríos vientos y las noches heladas. En la lejanía las altas montañas estaban cubiertas de espesa nieve; y sobre ellas se desplegaban blancas e hinchadas nubes. El pasto estaba amarillento, porque no había llovido por muchos meses, y las lluvias de primavera todavía estaban distantes. La tierra estaba adormecida y en reposo. Faltaban el alegre movimiento de los pájaros que anidan en los verdes setos, y los senderos se hallaban endurecidos y polvorientos. En el lago había unos pocos patos, haciendo una pausa en su vuelo al sur. Las montañas contenían la promesa de una nueva primavera, y la tierra soñaba con ello.
¿Qué sucedería si el sueño nos fuese suprimido? ¿Tendríamos más tiempo para combatir, para intrigar, para hacer daño? ¿Seríamos más crueles e insensibles? ¿Habría más tiempo para la humildad, para la compasión y la frugalidad? ¿Seríamos más creativos? El sueño es una cosa extraña, pero de extraordinaria importancia. Para la mayoría de la gente, las actividades del día continúan durante el reposo nocturno; su sueño es la continuación de su vida monótona o excitada; una extensión en diferente nivel de la misma insipidez o de la misma lucha sin sentido. El cuerpo es vivificado por el sueño; el organismo teniendo vida propia, se renueva a sí mismo. Durante el sueño los deseos se apaciguan, y así no interfieren con el organismo; y con el cuerpo vivificado, las actividades del deseo tienen nuevas oportunidades de estimulo y expansión. Obviamente, cuanto menos uno interfiere con el organismo, tanto mejor; cuanto menos la mente se cuida del organismo, tanto más sana y natural es su función. Pero la enfermedad del organismo es otro asunto, producida por la mente o por su propia debilidad.
El sueno es de gran significación. Cuanto más se fortalecen los deseos, menor significación tiene el sueño. Los deseos, positivos o negativos, son fundamentalmente siempre positivos, y el sueño es la temporaria suspensión de esta condición positiva. El sueño no es lo opuesto del deseo, no es negación, sino un estado en que el deseo no puede penetrar. Durante el sueño las capas superficiales de la conciencia se aquietan, y así son capaces de recibir las intimaciones de las capas más profundas; pero esto es solo una comprensión parcial del problema total. Es obvio que todas las capas de la conciencia están en comunicación entre si durante las horas de vigilia, y también durante el sueño; y por supuesto esto es esencial. Esta comunicación libera la mente de su autoimportancia, y así la mente no se convierte en el factor dominante. De este modo ella abandona en forma libre y natural, los esfuerzos y actividades que la encierran en sí misma. En este proceso el impulso de devenir se disuelve completamente, no existe más el momento acumulativo.
Pero hay algo más que tiene lugar durante el sueño. En él encontramos la respuesta a nuestros problemas. Cuando la mente consciente está quieta, es capaz de recibir una respuesta, lo cual es cosa sencilla. Pero mucho más significativo e importante que todo esto es la renovación, que no es un cultivo. Uno puede deliberadamente cultivar un don, una capacidad, o desarrollar una técnica una norma de acción y conducta; pero esto no es renovaron. El cultivo no es creación. Esta renovación creadora no tiene lugar si existe cualquier clase de esfuerzo de parte de aquel que deviene. La mente debe abandonar voluntariamente todo impulso acumulativo el almacenamiento de experiencia como medio para ulterior experiencia y realización. Es la autoprotectora ansia acumulativa que engendra la curva del tiempo e impide la renovación creadora.
La conciencia que conocemos es del tiempo, es un proceso de registro y almacenamiento de la experiencia en sus diferentes niveles. Todo lo que se produce dentro de esta conciencia es su propia proyección; tiene su propia calidad, y es mensurable Durante el sueño, o bien esta conciencia se fortalece, o se produce algo enteramente diferente. Para la mayoría de nosotros, el sueño vigoriza la experiencia, es un proceso de registrar y almacenar en el cual hay expansión pero no-renovación. La expansibilidad da una sensación de orgullo, de realización inclusiva, de haber comprendido, etc.; pero nada de esto es renovación creadora. Este proceso de devenir debe finalizar por completo, no como medio para ulterior experiencia, sino como fin en sí mismo.
Durante el sueño, y a menudo durante las horas de vigilia, cuando el devenir ha cesado completamente, cuando el efecto de una causa ha llegado a su fin, entonces surge aquello que está más allá del tiempo, más allá de la medida de causa y efecto.