LA BÚSQUEDA DE LA VERDAD
Había venido
desde muy lejos, recorriendo varios miles de kilómetros por vapor y avión.
Hablaba sólo su propio idioma, y con la mayor dificultad se estaba adaptando a
este nuevo y perturbador ambiente. No estaba en absoluto acostumbrado a este
genero de alimento ni a este clima; habiendo nacido y crecido en una zona muy
alta, sufría las consecuencias del calor húmedo. Era un hombre muy instruido,
un cientista destacado, y había escrito algunas obras. Parecía estar muy
familiar con ambas filosofías, la oriental y la occidental y había sido un
católico militante. Dijo que había estado disconforme con todo esto durante
mucho tiempo, pero que continuaba con ello a causa de su familia. Su matrimonio
podía considerarse feliz, amaba a sus dos hijos. Ellos estaban ahora en el
colegio de ese lejano país, y tenían un brillante porvenir. Pero esta
disconformidad con respecto a su vida y acción había ido constantemente en
aumento en el transcurso de los años, y pocos meses antes hizo crisis. Había
dejado a su familia, previos los arreglos necesarios para el sostén de su
esposa e hijos, y ahora estaba aquí. Tenía apenas el dinero suficiente para
vivir, y había venido para hallar a Dios. Dijo que de ningún modo era un
desequilibrado, y que era claro en su propósito.
El equilibrio no es algo que pueda ser juzgado por los frustrados,
o por los que han triunfado. Los triunfadores pueden ser los desequilibrados; y
los frustrados llegan a ser amargados y cínicos, o encuentran un escape a
través de alguna ilusión autoproyectada. El equilibrio no está en manos de los
analistas; ajustarse a una norma no indica necesariamente equilibrio. La norma
misma puede ser el producto de una cultura desequilibrada. Una sociedad
adquisitiva, con sus patrones y normas, es desequilibrada, sea ella de
izquierda o de derecha, tanto si su adquisitividad beneficia al Estado o a sus
ciudadanos. El equilibrio es no-adquisitividad. La idea de equilibrio y
desequilibrio está todavía dentro del campo del pensamiento y por lo tanto no
puede ser el juez El pensamiento mismo, la respuesta condicionada con sus
criterios y juicios, no es verdadero. La verdad no es una idea, una conclusión.
¿Podéis encontrar a Dios si vais en su busca? ¿Podéis buscar lo
incognoscible? Para encontrar, debéis conocer lo que estáis buscando. Si
buscáis para encontrar, lo que encontréis será una autoproyección; será lo que
vosotros deseáis, y la creación del deseo no es la verdad. Buscar la verdad es
negarla. La verdad no tiene morada fija; no hay sendero, no hay guía para ella,
y la palabra no es la verdad. ¿Podrá hallarse la verdad en un particular sitio,
en un clima especial, entre determinadas personas? ¿Está aquí y no allí? ¿Es
ése el guía de la verdad, y no algún otro? ¿Puede siquiera haber un guía?
Cuando se busca la verdad, lo que se halla sólo puede provenir de la
ignorancia, puesto que la misma búsqueda nace de la ignorancia o podéis buscar
la realidad; debéis cesar de buscar para que la realidad sea.
“Pero ¿no puedo yo hallar lo innombrable? He llegado a este país
porque aquí hay mayor sensibilidad para esa búsqueda. Físicamente uno puede
sentirse aquí más libre, no necesita tener muchas cosas; las posesiones no lo
agobian a uno aquí tanto como en otras partes. Es por ese agobio que uno se
recluye a veces en un monasterio. Pero en esa reclusión hay escape psicológico,
y como yo no deseo encerrarme en un aislamiento regimentado, estoy aquí,
viviendo mi vida en procura de lo innombrable. ¿Seré capaz de hallarlo?”
¿Es éste un asunto de capacidad? ¿No implica la capacidad el
seguimiento de un particular curso de acción, de un sendero predeterminado, con
todos los necesarios ajustes? Cuando Ud. hace esta pregunta, ¿no está
preguntando si Ud., un individuo común, tiene los medios necesarios para lograr
lo que desea? Seguramente, su pregunta implica que sólo el que es excepcional
puede hallar la verdad, y no el hombre común. ¿Está la verdad reservada tan
sólo a los pocos, a los que son excepcionalmente inteligentes? ¿Por qué
preguntamos si somos capaces de hallarla? Tenemos el modelo, el ejemplo del
hombre que se supone ha descubierto la verdad; y estando el modelo muy por
encima de nosotros, nos crea incertidumbre. El modelo adquiere así gran
significación, y hay competición entre el modelo y nosotros; también deseamos
ser los vencedores. ¿Acaso esta pregunta, “¿Tengo yo la capacidad?” no surge de
nuestra consciente o inconsciente comparación de lo que uno es con lo que
supone que es el modelo?
¿Por qué nos comparamos con el ideal? ¿Y trae comprensión la
comparación? ¿Es el ideal diferente de nosotros? ¿No es una autoproyección, una
cosa de fabricación casera, y no impide eso por consiguiente que nos
comprendamos a nosotros mismos tal como somos? ¿No es la comparación una
evasión de la comprensión de nosotros mismos? Hay tantas maneras de escapar de
nosotros mismos, y la comparación es una de ellas. Sin comprenderse uno mismo,
la búsqueda de la llamada realidad es por cierto una evasión de sí mismo. Sin
conocimiento propio, el dios que buscáis es el dios de la ilusión; y la ilusión
inevitablemente trae conflicto y sufrimiento. Sin conocimiento propio, no puede
haber recto pensar; y entonces todo conocimiento es ignorancia que sólo conduce
a la confusión y a la destrucción. El conocimiento propio no es un fin último;
es lo único que conduce a lo inagotable.
“¿No es el conocimiento propio extremadamente difícil de alcanzar y
no tomará eso demasiado tiempo?”
La misma idea de que el conocimiento propio es difícil de alcanzar
es un obstáculo para el conocimiento propio. Si puedo sugerirlo, no suponga que
será difícil, o que tomará tiempo; no prejuzgue lo que es y lo que no es.
Empiece. El conocimiento propio debe ser descubierto en la acción de la
convivencia; y toda acción es convivencia. El conocimiento propio no se alcanza
aislándose retirándose; la negación de la convivencia es la muerte. La muerte
es la resistencia final. La resistencia, que es supresión, sustitución o
sublimación, en cualquier forma, es un obstáculo para la fluencia del
conocimiento propio; pero la resistencia debe ser descubierta en la
convivencia, en la acción La resistencia, tanto negativa como positiva, con sus
comparaciones y justificaciones, sus condenaciones e identificaciones, es la
negación de lo que es. Lo que es, es lo implícito; y la alerta percepción de lo
implícito, sin ninguna elección, es su revelación. Esta revelación es el
comienzo de la sabiduría. La sabiduría es esencial para que advenga lo
desconocido, lo inagotable.



